Aportes del 25 SFT - Febrero 2010

Adhesion del obispo Joaquín Piña

Los 25 Años de los Seminarios de Formación Teológica

Los matrimonios, si les fue bien, celebran sus 25 años de casados. Los curas celebran sus 25 años de sacerdocio. (Yo ya estoy próximo a cumplir mis 25 años de obispo) A todo esto lo llaman las Bodas de Plata.
Nuestros “Seminarios de Formación Teológica” están también por celebrar sus 25 años de vida, que por lo tanto serían sus Bodas de Plata. Que no es poca cosa. ¡Cuantas revistas, instituciones, etc. se quedan o desaparecen después de unos pocos números! Algunas no pasan del número uno. Buenas intenciones y nada más.
No es poco que hayamos llegado hasta el numero 25, con todo lo que esto significa de esfuerzo de mucha gente. No los voy a enumerar porque me olvidaría de alguno al que conocí menos. Pero sí que quiero, por lo menos, hacer memoria de uno de los primeros animadores de este proyecto que ya se nos fue a la Casa del Padre. Me refiero a un amigo de muchos años, Orlando Yorio. Asimismo a aquella terna de obispos, que nos apoyaron desde el primer momento: Don Jaime de Nevares, el Padre Obispo Jorge Novak y el único sobreviviente de tantas luchas, nuestro amigo Miguel Esteban Hesayne.
Pero lo que quiero señalar, porque para mí es el gran merito y la característica de estos SFT, es que esta fue una iniciativa laica. Una de las únicas, sino la única de esta importancia a nivel nacional, y con alcances también en nuestros países hermanos de América Latina. Porque, hasta ahora, y a pesar de lo que dice el Concilio, pareciera que ninguna iniciativa era válida si no partía de la jerarquía. (De aquí algunos prejuicios y desconfianzas contra los que personalmente me toco luchar).
Era hora, me parece importante, que a los 20 años de la finalización del Concilio, comenzáremos a poner en práctica lo que este nos había enseñado cuando nos hablaba de la mayoría de edad de nuestros laicos y de su papel activo y protagónico en la Iglesia. Excelentes laicas y laicos, aquí en nuestro país, que de un comienzo movilizaron esta iniciativa de los Seminarios.
Tuve la suerte de participar en un buen número de ellos. Los de Iguazú tuvimos el privilegio de recibirlos dos veces en la diócesis. En 1992, en la ciudad de Eldorado, con motivo de celebrarse los famosos 500 años, -no se saben bien de qué, digamos del encuentro de dos mundos, que quizás fue la expresión más feliz- tuvimos la oportunidad de reflexionar y aportar algo que esclareciera un poco lo que estábamos celebrando. Algunos recuerdan que seguramente lo más importante de ese Seminario fue aquel panel que tuvimos con los representantes de los Pueblos Originarios.
Y el vigésimo, que fue el año 2005 en Pto. Iguazú. Un desafió para nosotros, porque a pesar de ser un lugar turístico, no teníamos infraestructura para albergar a tantos participantes como vinieron. Sin embargo creo que resulto algo inolvidable. Bueno, todos son inolvidables. Lo lindo de este camino es que hayamos podido hacer juntos esta construcción. Mucho es lo que hemos aprendido, entre otras cosas, que nadie es el dueño de la verdad. Resulto muy fecundo, -y es otro signo de los tiempos-, el espíritu ecuménico que ha presidido todos los Seminarios. La conjunción entre las iluminaciones de los expertos, teólogos, sociólogos, etc., como los saberes populares, ya que los Seminarios se caracterizaron siempre por la participación de gente sencilla pero muy comprometida, de la que tanto tenemos que aprender.
En esta oportunidad del Seminario de Iguazú, además de la cordial visita que nos hico el Imán (musulmán) de Foz do Iguazú, que nos habló del dialogo interreligioso, tuvimos el acompañamiento de un grupo de teólogos, yo diría que galácticos (mucho mas que los del Real Madrid (¡?). Entre ellos, Gustavo Gutiérrez, el fundador de la Teología de la Liberación, que se vinos del Perú. ¿Se acuerdan lo que nos dijo sobre la novena Bienaventuranza que se olvido Jesús? “Bienaventurados los tercos”. Si, señor. No podemos sino insistir en esta causa de los pobres de América Latina. Y con el, Ronaldo Muñoz, el chileno que ha acompañado casi todos los Seminarios. En una hermosa exposición nos llevó de la mano a recorrer el camino de la liberación a lo largo de toda la Biblia. Desde Brasil vino Don Marcelo Barros, un monje benedictino muy conocido por su compromiso, que fue quien me profetizó lo que iba a pasar con mi querida Diócesis de Iguazú.
No ha faltado la reflexión sobre temas que preocupan mucho en la actualidad. El medio ambiente, como ejemplo, el feminismo y otras discriminaciones, la problemática juvenil. (Fue importante la participación de los jóvenes). Pero, sobre todo, el eje conductor que nos acompañó a lo largo de todos los Seminarios fue la opción preferencial por los pobres. Algo que la iglesia nunca puede dejar de actualizar sin dejar de ser fiel a si misma. El Evangelio en la vida de nuestros pueblos. Compromiso que no puede quedar en la teoría y los discursos, sino que entre todos y con urgencia, hemos de tratar de llevar a la práctica.
Me parece que son muchos los motivos para dar gracias a Dios por todo lo que ha ido ocurriendo en estos años. Y también para agradecer a todos los que han asumido esta responsabilidad. Y para alentarnos mutuamente. Porque la vida continúa. Los desafíos son inmensos. El Papa acaba de decir que “la pobreza es un escándalo”. Y ¿Quién puede no estar de acuerdo? Los obispos argentinos nos hablaron ya hace rato de “la justicia largamente esperada”. Contra la pobreza, pero a favor de los pobres. Para que sea una realidad aquello que nos dijo Jesús y para lo que vino a este mundo: “para que todos tengan VIDA, y la tengan en abundancia” (Jn. 10,10) Para todos, un saludo.

Joaquín Piña Batllevell
Obispo Emérito de Iguazú 

 

 

 

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