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Desarrollo del SFT día por día

Sábado 10
Celebración de cierre

El Seminario culminó con dos momentos significativos para casi el millar de participantes. El sábado tuvo lugar la puesta en común final del trabajo de la semana en cada espacio temático y la celebración final.

Puesta en común del trabajo del Seminario
La mañana del sábado 10 comenzó con la fuerza y la alegría que la Marcha había dejado instalada en cada uno y cada una. Luego de un tiempo de cantos compartidos se fue organizando el lugar para compartir las reflexiones y el trabajo que cada uno de los espacios fue desarrollando durante todo el Seminario.
El primero en compartir su reflexión fue el de Corporeidad. Una representación corporal simple pero llena de contenido fue mostrando qué situaciones, organismos e instituciones representan muros dentro de la realidad. Muros que paralizan, que excluyen, que ponen freno a la creatividad y a la esperanza. Algunos de ellos: policías corruptos, multinacionales, Estado S.A., sindicatos vendidos… Luego se hizo presente otro grupo, que ayudado por cintas de diferentes colores quería representar las fronteras. Fronteras como espacio de intercambio, posibilidad de construcción de ciudadanía, de búsqueda de vida plena. Allí surgían palabras tales como: igualdad, derechos, justicia, dignidad, responsabilidad, encuentro… Para finalizar ingresó otro grupo que representaba a aquellos que son marginados en nuestra sociedad: los jubilados, los enfermos, las prostitutas, los cartoneros, los adictos, los jóvenes, los desocupados, los chicos de la calle, por mencionar algunos. Excepto la muralla que permanecía inamovible y rígida frente a lo que la rodeaba, el resto comenzó un proceso de encuentro, de descubrimiento, de traspasar los muros y unir las fronteras. El muro se fue desarmando en parte, algunos excluidos pudieron cruzarlo, pero aún quedaba mucho por hacer. La reflexión final remarcó que la resistencia organizada ayuda a atravesar muros que parecieran infranqueables y a descubrir que las fronteras son espacios para el encuentro con la diversidad que complementa. Nada está terminado, la lucha continúa…
El segundo espacio que compartió su trabajo fue el de Culturas Juveniles. Con una música que invitaba a la escucha fueron ingresando al salón muchísimos jóvenes con carteles en sus manos que hacían presente un grito, un reclamo profundo que surgía del corazón de cada uno y cada una… ”ayudame, aceptame, decime la verdad, acompañame, entendeme, no me abandones, abrazame, dejame participar, valorame, no te vayas, soñemos juntos…”  Una pregunta fuerte rompió el silencio con el que todo el Seminario miraba: “¿Quieren escucharnos?”. Los jóvenes comenzaron a acercarse a cada participante y a decirle, mirándolo a los ojos, uno de los gritos que antes habían mostrado en las pancartas. Un intercambio profundo, cargado de gestos y palabras susurradas se generó entre unos y otros. Para finalizar, los jóvenes invitaron especialmente a los adultos a superar barreras y a animarse al abrazo.
A continuación se presentó el espacio Persona, Proyecto Político y Estado. La forma elegida para comunicar lo trabajado fue la de una dramatización que presentaba la problemática del agua y de la tierra. Se expusieron actos de corrupción múltiples, negociados ocultos entre diferentes actores sociales, manipulación de la opinión pública y de los medios de comunicación, ocultamiento de información, luchas desiguales entre los poderosos de siempre y el pueblo empobrecido y oprimido.  La representación sugería al finalizar un cambio de actitud en los dirigentes políticos, que escuchando los clamores del pueblo intentaban revertir la situación. La reflexión final afirmaba que una nueva democracia es posible, y que era necesario afirmarse en los valores y el mensaje del evangelio. Con fuerza se recordó una cita evangélica que llama a la esperanza en esta lucha en la que Jesús dice: “Pidan y se les dará”.
El último espacio en presentar sus conclusiones fue el de Ética del Cuidado. Recordaron una antigua tradición de los pueblos originarios de América Latina, los “atrapa sueños”, que eran elementos que buscaban mantener aquellas cosas buenas que ayudaban a la comunidad y dejar pasar aquello que lastimaba o empobrecía. El grupo que trabajó en este espacio fue ingresando al salón levantando un atrapa sueños gigante del que colgaban pequeñas tarjetas con sueños de vida y esperanza: nuevas imágenes de Dios, compromisos, encuentros, vida plena, servicio, ternura, respeto, protección… Frente a estos sueños tan llenos de esperanza reconocieron que a veces era difícil sostener en alto el atrapa sueños. Había situaciones complejas que dificultaban la tarea y exigían un esfuerzo de cuidarse de la violencia, los miedos profundos, la intolerancia, el trabajo mal pago, la inseguridad, la represión, la contaminación, la hegemonía, la demagogia, la corrupción… El atrapa sueños estaba casi caído cuando una nueva fuerza animó la vida de la comunidad, de la gente. La reflexión de síntesis afirmó que la esperanza del pueblo logra vencer los temores y levantar los sueños, construir ciudadanía y despertar la vida. Con una canción que recordaba la unidad de todos y todas con la creación se finalizó el momento.

Celebración final
Luego de la presentación del trabajo de los diferentes espacios dio comienzo la Eucaristía de cierre. Se armó un gran altar que se rodeó de participantes, coordinadores, animadores y servidores. Los cantos llenos de energía y alegría animaban a celebrar y dar gracias por tanta vida abundante compartida durante una semana de reflexión, encuentro y trabajo. El texto del evangelio que guió la reflexión fue el de las Bienaventuranzas. Algunas ideas de las reflexiones compartidas fueron las siguientes:
“Siento alegría al descubrir el testimonio de muchos felices, que a pesar de vivir situaciones de dolor y miseria, al caminar junto a otros recuperan la esperanza. Que la esperanza y la felicidad que hoy tenemos vuelva con nosotros a casa y pueda ser luz que ilumine a otros”, afirmó Peter Rochon, pastor de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata.
“Este texto siempre me genera temor. Temor de ubicarnos en el lugar de los buenos, de los bienaventurados y de que ubiquemos enfrente, en el lugar de los malos, a los otros. Tenemos que descubrir que habitamos los dos espacios, somos pobres y ricos, benditos y en riesgo. Tenemos que estar atentos e incómodos para poder descubrir y compartir aún desde los dolores y la tristeza la bendición de Dios. Nunca olvidemos que las bienaventuranzas nos impulsan a la lucha y sostienen en la esperanza”, compartió Néstor Míguez, pastor de la Iglesia Metodista.
Para finalizar Esteban Laxague, Obispo de Viedma, dijo: “En estos días hemos descubierto que creemos en un Dios que es más de la tierra que del cielo. Un Dios que se nos manifiesta en Cristo Jesús, que sube a la montaña y nos muestra la infinita bondad del Padre, pero que baja al llano para estar en medio nuestro. Él nos marca el camino, se hace pobre, se abaja, se hace el último, no para legitimar la pobreza, sino para clamar desde los pobres por la justicia. Jesús cree en la misericordia infinita del Padre y nos invita a ser comunidad, para que en la unidad en la diversidad repitamos el milagro de Dios. La unidad de los pueblos, las familias y la iglesia surgen de poner nuestra mirada en Cristo.”
Junto con otros signos y saludos de despedida, se agradeció a todos los que hicieron posible el Seminario, especialmente al equipo local y los servidores.

 

 

 

 

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