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Desarrollo
del XXI SFT día por día
Miércoles
8 (feb/2006)
Memoria y Justicia
Discurso
del Padre Pocho Brizuela en el acto de cierre de la Marcha
La
verdad es que soy un poco caradura para hablar en publico, pero
no sé por qué tengo miedo tremendo. Hoy no comí
por el miedo de que me dé diarrea. Pero acá estamos
contentos. Néstor Miguez me decía "va linda la
cosa" y a mí me salió del alma, porque soy un
gordo bueno - no sé si bueno, pero gordo soy - y le dije
"si va lindo, pero tengo miedo que falte la comida" y
me respondió "vos solo podés pensar eso".
Estamos
realmente contentos y emocionados. De verdad lo digo, en serio,
tengo temblor de hablar porque hay tanta gente que podría
hablar de Angelelli y de este proyecto de vida, con su propia palabra,
con mucha más contundencia y con mucho mas testimonio que
yo. Hoy se me estremeció todo de ver entre nosotros a las
Madres, las madres que han tomado mas concretamente la bandera de
Angelelli en su lucha por la vida, Hebe, Marcela, Pocha, Nora. Mas
allá de las diferencias, cuando nadie hablaba, cuando nadie
salía a la calle, cuando todo era fervor, del gol, del campeonato
mundial, ellas estaban de pie a la vuelta de la Pirámide
de Mayo para defender la vida, para hablar de la vida, para denunciar
la injusticia. Por eso, la verdad de sólo verlas a ellas...
a las abuelas, a los hijos, a las madres del dolor que ya en democracia
también tuvieron que salir a la calle para reclamar por tantos
adolescentes y jóvenes criminalizados por este sistema neo-liberal
que le importa más la plata y la deuda que la gente. Y allí
estuvieron ellas defendiendo también la vida y siguen en
la calle. También los miles y miles de compañeros,
ex detenidos políticos. Ayer llorábamos con el testimonio
de Lucho Gómez. Hoy también, al iniciar esta marcha,
nos hacia recordar que cuando hacemos memoria no es nostalgia, no
es que seamos trasnochados, no es que miremos para atrás,
es que queremos ver el presente y el futuro y por eso traemos el
pasado al presente. Hacemos presente el pasado porque la memoria,
como dice León Greco, pincha hasta estallar, pincha para
despertar la conciencia, pincha para que nos pongamos de pie, para
que nos movamos, para que seamos capaces de seguir tomando esa posta
que nos dejaron tantas y tantos compañeros cristianos, creyentes
o ateos, gente de buena voluntad que enarboló la bandera
de la vida, de la justicia, de la revolución por un mundo
mejor, por un mundo donde no haya desigualdades, por un mundo sin
clases, un mundo donde todos podamos compartir y ser hermanos.
Yo
recordaba cuando estábamos en los aprestos de la marcha recordaba
las campanas, las baldosas y me acordaba de lo que significó
allá en el año 1968, yo era un niño pero me
acuerdo la ilusión en el corazón de mis padres cuando
llego Angelelli y en esta misma plaza en fiestas religiosas vibraba
su voz para abrir la conciencia de este pueblo sumiso, muchas veces
callado, aplastado, abatido por tanta opresión y postergación.
Y él, con la fuerza de la palabra de Dios, del Evangelio
del que estaba enamorado y tenia pasión, hacía vibrar
nuestros corazones, los corazones de mis viejos, de tanta gente
que había soñado una iglesia junto al pueblo, una
iglesia que siembre esperanza y vida. Y Angelelli trajo esto a La
Rioja; por eso, pisar estos lugares donde, como también se
acordaran muchos de ustedes, la palabra profética y valiente
de Angelelli conmovía, movía la estantería,
dejaba a muchos contentos, los que soñaban con un mundo nuevo
y a muchos tristes porque se apegaban al mundo viejo de la avaricia,
del egoísmo, de la rapiña, de la acumulación.
Con la fuerza de la palabra de Dios nos invitaba a hacer una tierra
nueva, sin males, una tierra donde la mesa sea para todos los hombres
y mujeres. Y entonces, esa placa, como lo decía Ramiro, no
es una placa mortuoria, o como nos decía Lucho, Miguel y
todos los ex presos "no es regodearnos en el horror sino descubrir
una lucecita
" Una luciérnaga, como decía
mi tío poeta Ariel Ferraro. Un fueguito, como decía
Galeano; ese fueguito del que podemos tomar con nuestro corazón
la llama para hacer muchos fueguitos y que todos esos fueguitos
vallan contagiando nuestra sociedad, nuestra patria, nuestra patria
grande de América Latina, nuestro mundo y renazca la esperanza
que proclamara con tanta vehemencia y con tanta pasión, Angelelli.
Me
acordaba, fíjense, de un hombre luchador de ese mundo nuevo,
Ernesto Che Guevara. Lo aplaudamos porque él también
alimenta nuestros sueños, alimenta nuestro compromiso. Ernesto
Che Guevara, cuando el verdugo llegó a matarlo ahí
a la escuelita de la higuera en Bolivia, estaba sentado. El mismo
verdugo cuenta que le tembló todo su cuerpo y vio que la
figura del Che era enorme, tan enorme que hizo un paso atrás
porque temía tomar el arma con la que lo iba a matar y el
Che levanto los ojos y le dijo: serénese amigo, apunte bien
que aquí hay un hombre. Y me acordaba de Jesús que
dijo: nadie me quita la vida, yo la doy. Yo me juego, yo soy fiel
a un proyecto y a un ideal. Y eso es también lo que fue capaz
de vivir Enrique Angelelli, nadie le quito la vida, él la
dio y por eso esta vivo como los 30000 desaparecidos, como todos
los muertos por el crimen del sistema capitalista que fabrica pobres,
muerte, desnutrición, hambre, que es el culpable de las inseguridades,
que hace que nuestros jóvenes y pobres seann acusados como
delincuentes... es un sistema de muerte.
Y
me acordaba de algunas frases de Angelelli: "Ayúdenme
para que no me ate a ningún interés mezquino, para
que sea el obispo de todos y especialmente de los pobres".
Y esta frase de una homilía, al llegar, cuando dijo: "yo
soy un hombre de tierra a dentro y me quiero identificar con este
pueblo y con sus luchas" y ahí dijo eso, de entrada
no más. Que distinto cuando vemos ahora jerarcas de las iglesias
que estás más cómodos con los poderosos económicos
o gubernamentales que con el pueblo que sufre y que lucha, que trabaja,
que busca la vida. Y lo digo sin ningún tipo de odio, con
mucho cariño y a veces con mucho dolor, sabiendo por otro
lado que uno con tan poca cosa se llena el alma de fuerza y alegría
y se reencuentra con esta iglesia que quiere vivir, cuando ve un
obispo como el monseñor Laxague, como los pastores Ulrich
o Néstor Miguez que están codo a codo con su pueblo,
que comen con su gente, que se ríen con su gente, que se
abrazan con su gente, como era el pelado Angelelli. Ese mismo pelado,
profeta de esta América, pastor de los pobres, es el que
supo decir con tanta claridad que la necesitamos hoy para saber
dónde pararnos en la vida, para no equivocarnos, para descubrir
donde tenemos que ir tejiendo el proyecto de vida y liberación.
Decía: "pueblo no es el que oprime, pueblo es el que
no oprime y lucha contra la opresión y lucha además
por cambiar las causas que producen la injusticia". Decía
Angelelli no para dejar las cosas como están sino para cambiarlas,
para que surja el mundo nuevo con un hombre nuevo. Esa claridad
es la que hoy sigue marcando un camino, por eso ellos están
vivos, como lo decía claramente, emotivamente y con mucha
mas autoridad que yo Lucho Gomes, que ha estado 8 años en
la cárcel. De eso se trata.
La
memoria es para tomar la posta, para terminar construyendo esa historia,
para salir a pesar de tantas derrotas, para seguir apostando por
este proyecto, por esta causa. Como decía Agustín
de Hipona: "No se es mártir por la pena que se sufre
sino por la causa que se defiende". Y expresamos en Angelelli
a la totalidad los muchos latinoamericanos indígenas, campesinos,
Monseñor Romero y tantos hombres y mujeres indígenas
de Guatemala, Chiapas, Brasil, Bolivia que hoy ven abrirse la esperanza
con Evo Morales o la esperanza allá mas al norte por Venezuela.
Nosotros tenemos hoy esa responsabilidad, tomar esa posta, no borrarnos,
ser capaces de continuar construyendo esta historia de vida y libertad,
construyendo esta materialidad como lo dice el lema del Seminario:
"Valoramos la materialidad de la vida para ser libres"
Valoramos al hombre concreto, ese es el hombre que nos duele diría
Armando Tejada Gómez, el hombre concreto que sufre, que necesita
comer, que necesita vestirse, reírse, abrazar, besar, compartir,
comunicarse... Ese es el hombre con el que queremos identificarnos
porque ese somos cada uno, cada uno de nosotros y ese creo yo que
es el proyecto que tenemos, mas allá de tantas diferencias
de historia, de posiciones ideológicas, de tiempos, de generaciones.
Sin embargo, que tengamos claro que defendemos la materialidad de
la vida para ser libres. La materialidad que significa aceptar la
realidad que tenemos para transformarla, para luchar, para conquistar
el pan que reclamamos, para luchar contra todos aquellos que entregan
la patria, que entregan los recursos naturales como el petróleo,
el agua, la tierra a empresas multinacionales que no tienen rostro
humano porque el capitalismo no tiene rostro humano, el capitalismo
solamente le interesa el dinero, el capital y no la vida, no los
hombres y mujeres.
Y
eso creo que es lo que nos debe congregar y aglutinar en un proyecto
común, que es el que soñaba Angelelli, es el proyecto
del Evangelio, "yo vine para que tengan vida y la tengan en
abundancia". Meterse en la materialidad es meterse en el barro,
como decía el pelado. "Hay que meterse en barro"
le decía a una monjita que venían a querer compartir
su pastoral. "Vayan, llénense los pies de tierra y que
la panza les quede verde de mate conversando con la gente, queriendo
a la gente y descubriendo en la gente, porque en la gente está
el poder, porque ése es el poder que vale, el poder que da
vida. Es el poder del pueblo que se pone de pie, que es capaz de
luchar por su libertad, porque hay otra materialidad que es la del
proyecto de la muerte, la materialidad que se valora para ser esclavo
y para hacer esclavos a los demás. Esa materialidad del sistema
neoliberal que idolatra la rapiña, el acumular y el acapar.
En cambio, la materialidad de la vida para ser libres, son los miles
que luchan por la dignidad de los niños, de la mujer, de
los jóvenes, que luchan por la tierra para los indígenas...
los miles que en toda Latinoamérica defienden al campesinado
para que no tengan que migrar y puedan quedarse en su tierra sacando
la riqueza que Dios nos ha dado y pudiéndola compartir...
los miles que luchan por defender los derechos de las minorías...
los miles que también nos abren los ojos a una ética
y a una moral humanista, centrada en la persona, que integre el
cuerpo y que no crea que es lo malo, donde no está Dios,
lo bajo, lo instintivo, sino que valore que ahí reside la
comunicación de la vida y del amor.
Esto
es lo que vemos en el Seminario. Por eso creo que esta memoria es
como reza el cartel que traíamos en la marcha, es "memoria
y justicia por la vida". Somos memoriosos, hurgamos el pasado
no para quedarnos en él sino para seguir luchando, para seguir
apostando por la vida, seguir sembrando como sembraron los mártires,
como siembra tanta gente que lucha por un mundo justo. Que seamos
siempre sembradores, el sembrador siempre vivirá, vivirá
en la tierra, vivirá en la semilla, vivirá en los
frutos. El acaparador, el que guarda la vida, el que esconde la
vida, el que no es sembrador, morirá para siempre. Los que
quedan en el corazón del pueblo son los que han sembrado,
los que han dado vida, los que han luchado. Por eso, con Angelelli
y con todos los que hoy siguen haciendo en La Rioja, como la cooperativa
de la ex Gatic, que es una de esas empresas que se han aprovechado
de la época de bonanza del Neo-liberalismo para pedir créditos
a los bancos del estado, sacar la plata, vaciar nuestro país
y vaciar a los trabajadores de su fuente de trabajo y después
ha cerrado. Y ellos, allá en Chamical, en el mismo lugar
de donde salió Angelelli antes de ser asesinado, el mismo
lugar donde fueron asesinados los curas Carlos y Gabriel, allí
están estos trabajadores levantando la bandera del cooperativismo,
de la comunitariedad, una sociedad del compartir, de la mesa para
todos. O la gente del ADOS que todavía reclama su fuente
de trabajo. O los maestros que históricamente en la Rioja
a través de sus gremios están luchando por la dignidad
del salario junto a tantos trabajadores del estado. Ese es el legado
de Angelelli, Angelelli no es una estampita, no esta en la tumba,
él esta en el fuego sagrado, ese fueguito que enciende otros
fuegos y que somos cada uno de nosotros y que tenemos que seguir
encendiendo muchos otros fuegos, porque "hay que seguir andando
nomás".
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