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Memoria del espacio “Persona, Proyecto Político y Estado” del XXII SEMINARIO DE FORMACIÓN TEOLÓGICA
Viedma, 4 al 10 de febrero de 2007 Desde los pobres, Ciudadanía Plena y Vida en Abundancia
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Piedras 575 PB (1070) Cap. Fed. (011) 4345-4774 (011) 4342-0869
sft@nuevatierra.org.ar - www.sft.org.ar
“Persona, Proyecto Político y Estado”
Contenido:
Imágenes: Persona, Proyecto Político y Estado
Para trabajar en comunidad: Conflictos y poder
Para leer y comentar: Las paradojas del servicio y del poder
Para leer y comentar: El Estado como instrumento
Para leer y comentar: Desdemonizar el poder
Producción creativa: Negociación Teatral
Equipo de Producción:
Gerardo Duré / Lucas Spigariol / Marta Manterola
El Estado
Persona, Proyecto político y Estado es un nombre de Espacio que sugiere una gran cantidad y variedad de cosas. Con aportes valiosos y al a vez provocativos de los animadores y una efusiva y poco silenciosa presencia de los participantes, el desarrollo del espacio dio lugar a charlas, debates, discusiones y mostró una gran variedad de puntos de vista. En otras palabras, fue muy “político”, como no podía ser de otra manera dado el título convocante.
En el presente cuadernillos se rescata una muestra de los aportes y producciones, a modo de recorrida general de lo abundante que fue el trabajo.
Como anticipo de los ejes y cuestiones que atravesaron la reflexión, a continuación una serie de afirmaciones e interrogantes, expresadas por animadores y participantes a modo de disparador para reproducir o continuar el debate en cada lugar.
v Poner los pobres en el centro.
v Se percibe un Estado desmantelado e incapacitado de dar respuestas, y a la vez, hay una valoración del rol ordenador social del Estado.
v Entender y asumir el poder como un verbo y no como un sustantivo.
v El criterio ético de evaluación de lo político es el de la responsabilidad, además de lo moral.
v Hay un tiempo nuevo que abre posibilidades de intervenir con osadía, para pensar, imaginar y construir.
v La ciudadanía plena ha sido vaciada por el neoliberalismo.
v Necesitamos más y mejor ideología.
v Es fundamental asumir el antagonismo y reconocer la centralidad de los conflictos, ya que no se resuelven los problemas sólo con la participación.
v El Estado ¿es el enemigo?
v Las asimetrías del poder existen en lo pequeño y en lo mayor. ¿Son democráticas nuestras conducciones y liderazgos?
v ¿Cuál es nuestra cantidad y calidad del poder que tenemos y pretendemos? ¿Con quiénes articulamos?
v ¿Qué significa la distribución de la riqueza?
v La teología consiste en ir pasando de la “tierra” al “cielo”, vamos y volvemos, es necesaria una eficacia con fe y viceversa.
v La teología liberadora es contextual ¿Cómo la repensamos? ¿Cómo cuestiona la centralidad del pobre como sujeto y protagonista del cambio? ¿Qué ambigüedades encierra?
La memoria
La memoria, para que se haga presente y futuro, no puede ser sólo reflejo de lo sucedido sino una invitación a seguir andando. Por eso, los cuadernillos que conforman la “Memoria del XXII SFT” recogen las principales ideas, producciones y momentos fuertes del Seminario, para que las revivan quienes participaron y las conozcan quienes no lo hicieron, y a la vez incluyen una serie de propuestas concretas, con preguntas, dinámicas, pistas de reflexión y acción para convertir estos textos en herramienta fructífera en las manos de las comunidades, grupos, organizaciones y toda persona que quiera construir un mundo mejor desde una convicción de fe.
La memoria completa se conforma por ocho cuadernillos de similares características:
v Preparación previa (dic 2006)
v Material del participante (feb 2007 - durante el SFT)
v Memoria del desarrollo general (abril 2007)
v Memoria de “La Juntada” (julio 2007)
v Cuadernillos de cada Espacio de Vida (2007)
Los textos completos y numerosas fotografías están publicados en www.sft.org.ar
Coordinación Nacional
Walter Aranda Cejas (Sgo. del Estero)
Nelly Borquez (La Matanza)
Gustavo Beltrán (Neuquén)
Gerardo Duré (Merlo-Moreno)
Darío Esteche (Misiones)
Susana Goyochea (La Rioja)
Jorge Huergo (La Plata)
Edith López (Alto Valle)
Lita Valenzuela (Yguazú)
Alberto Vanden (Córdoba)
Pocho Brizuela (La Rioja)
P. Rubén Oyarzo (Neuquén)
Pr. Néstor Míguez (Ramos Mejía, Ig. Metodista)
Marta Manterola (Secretaría Ejecutiva - Centro Nueva Tierra)
Referentes Locales
Daniel Cifuentes (Patagones)
Gladys Suárez (Viedma)
Adriana Viale (Viedma)
El Espacio
Animadores:
· Néstor Míguez: Teólogo. Biblista. Pastor de la Iglesia Metodista. Ramos Mejía (Bs. As.).
· Luis Baronetto: Abogado. Secretario de Derechos Humanos de la ciudad de Córdoba.
· Néstor Borri: Comunicador Social. Secretario Ejecutivo Centro Nueva Tierra. Buenos Aires.
Coordinador:
· Carlos Di Marco: Responsable de Pastoral Social y Cáritas de la Diócesis de Iguazú.
Metodología:
· Oscar Pacheco: Profesor. San Isidro.
El Equipo
De izquierda a derecha: Osvaldo Pellín, Rubén Oyarzo, Teresa Casalá, Raúl Rosales y Ana María Romero. Junto con Walter Aranda, del equipo de metodología, llevaron adelante la animación y coordinación del espacio e hicieron los aportes.
Trabajos en grupo
En pequeños grupos que se mantuvieron estables durante toda la semana, se realizaron las principales actividades de reflexión y trabajo a partir de preguntas y consignas varias. También hubo un momento donde cada uno participó de un taller a elección con cada animador.
Producciones
La creatividad se puso de manifiesto principalmente en la producción del atrapa sueños que se presentó en la puesta en común general, pero previamente se fueron realizado afiches con recortes de diarios y revistas, dinámicas con tarjetas y otras técnicas.
El Clima
Un ritmo especial tuvo el desarrollo del espacio con los diferentes momentos de “biodanza”, que sorprendió gratamente a los participantes con ejercicios de expresión corporal, intercambios de abrazos y saludos, y otros gestos fraternos de cuidado mutuo.
Conflictos y poder
1. Comentar los diferentes sentidos que disparan las siguientes palabras, a partir de las experiencias personales.
v Persona
v Proyecto
v Política
v Poder
v Estado
v Ciudadanía
v Vida
v Pobres
Un ciclo que se cierra ¿Un ciclo que se abre?
Tenemos la conciencia, o por lo menos la intuición, de que en Argentina estamos en un momento de oportunidades. Se podría decir, sin demasiada euforia, que hay un ciclo que se cierra y que -eventualmente- se está abriendo otro. Esa contingencia es lo que hace que sea un ciclo histórico: hay un ciclo que se cierra, pero para que se abra otro hay que intervenir: sólo no se abre, hay que transformar la inercia en fuerza.
Hay una oportunidad de bisagra sobre el conjunto de reglas que ordenan la sociedad, a partir de las grietas que fue posible hacerle a la hegemonía neoliberal. Sería excesivo decir que el neoliberalismo terminó, porque está en todas partes y porque también nosotros lo seguimos reproduciendo, pero se le han hecho fuertes estocadas y una parte de esas grietas se han podido ordenar, armar, dibujar en tanto una ventana de oportunidad para pensar otra cosa. Volvemos a hablar de política y dentro de ella, con mucha fuerza, de Estado, de Proyecto Político, y en esto hay que poner un acento.
Néstor Borri
2. Enriquecer la conversación con las siguientes inquietudes e interrogantes (extractados de las expectativas de los participantes).
Expectativas
v ¿Por dónde va la raíz?
v ¿Cómo se transforma el poder político partidario en un proyecto inclusivo?
v ¿Cómo construir un proyecto político?
v ¿Cómo hacer para incidir en políticas públicas?
v Saber más de política ¿Tenemos ambiciones de poder?
v Por la participación conciente de todos
v Generar y despertar la apropiación de la cosa pública
v Formación política con espíritu crítico
v La persona como eje de los proyectos políticos
v Involucrarse y ser protagonistas
v Pensar en un cambio
v Volver a hablar de Estado
v Poner a la persona como centro
v Buscar estrategias afrontar la realidad
v Descubrirnos como personas con proyectos
v Compromiso personal frente al proyecto político exigiendo al Estado que cumpla su rol
v Aprender a través del intercambio
v Buscamos formación, herramientas para la organización
3. Plantear claves para la construcción de un proyecto político eficaz. Pueden ayudar las siguientes ideas fuerza y cuestionamientos (Síntesis de la producción en talleres con cada animador).
Poder (con Néstor Míguez)
v Legitimidad y legalidad como ambigüedades.
v Estado y discenso, sus límites y posibilidades.
v Pluralidad de entender y vivir el poder.
v ¿Cuál y cómo es la representatividad política?
Coyuntura (con Néstor Borri)
v ¿Cómo pensar alternativas para que las políticas sociales se re politicen?
v Descubrimos un Estado limitado, cooptado por el Neo-liberalismo. El desafío es cómo el gobierno hace que el Estado actúe en los sectores populares.
v Pensar más en lo general, teniendo en cuenta las luchas parciales, para transformarse en generales abriendo la mirada. ¿Queremos escuchar, encontrarnos con otros? ¿Quiénes somos? ¿Queremos involucrarnos?
v ¿Si no vemos o nos cuesta ver lo positivo del Estado en la coyuntura actual, -tamizando lo que tenemos y lo que queremos en el medio- nos involucraremos?
Construcción (con Luis Baronetto)
v No perder el criterio ético en la conducta cotidiana
v Las prácticas pequeñas no alcanzan para transformar el país. Con las experiencias en pequeñas organizaciones, paralelamente tener una mirada amplia
v La verdad hace eficaz un proyecto político.
v Valor fundacional para un proyecto eficaz: la verdad, el testimonio y la coherencia de vida.
Proyecto político
Es importante el proyecto político, porque va a señalar un rumbo hacia dónde hay que caminar. Habría que debatir cómo se construye un proyecto político, es decir, esta necesidad de que en las ideas fundacionales y fundamentales del instrumento político, del partido, del movimiento, estén expresadas las aspiraciones, necesidades, urgencias, preocupaciones de las mayorías, con participación de todo el mundo. Que los pobres deban ser el centro de nuestras preocupaciones no quiere decir que los pobres hagan el cambio de nada. Nunca ninguna revolución triunfó con el protagonismo de los pobres; con la participación sí, pero los pobres solos, no
Por lo tanto, es importante la elaboración del proyecto en conjunto, con participación, con consenso, con las organizaciones, con el movimiento, con el Estado, articulando todo, pero es fundamental que el proyecto sea factible, que se pueda poner en práctica,
La práctica política concreta, inmediata, es muy importante -yo recién criticaba el lugar a donde nos ubicó el neoliberalismo, pero digo también esto- porque esa experiencia de gestionar en lo micro, de conducir un comedor, de administrar un microemprendimiento, de llevar las cuentas, de consensuar decisiones, es fundamental para la práctica política de la gestión del Estado.
Tenemos que ser capaces para ser eficaces. El tema de la eficacia es un concepto que yo también lo escuché sobre todo cuando nos entró más el discurso neoliberal, pero creo que es un concepto bueno que nos dejó el neoliberalismo, porque nosotros pensábamos que no debíamos ser eficaces.
Luis Baronetto
4. Leer el siguiente aporte que plantea la vinculación entre las concepciones políticas y las religiosas y, haciendo un ejercicio de imaginación, desde la propia experiencia de fe, reflexionar:
Se encuentran en un debate el Dios “auténtico” (en el que el grupo cree) y el Dios “Mamón” (el del mercado y el poder económico), frente a un público formado por toda la humanidad.
v ¿Qué le diría uno a otro?
v ¿Qué preguntas harían a cada uno como moderadores del debate?
v ¿Qué le diría el público, o algunos sectores del público en particular, a cada Dios? ¿Y las respuestas?
Religiosidad y política sacrificial
Hay cierta dinámica religiosa en donde a través del sacrificio me purifico, que la encontramos en que el dolor me purifica, hago un sacrificio, pago un voto para ser puro nuevamente delante de Dios, todo esto que está en nuestra religiosidad. Hay una concepción del estado que se entiende como administrador del poder de sacrificar (y por ello divinamente justificado), no ya en lo religioso, sino en las relaciones de poder. Entonces ahí se da una forma de política que se nutre de una manera de pensar religiosa, donde hay un poder que administra el sacrificio para purificarnos y librarnos de la deuda que tenemos delante del “todopoderoso”. Eso también existe en el campo político, nada más que el “todopoderoso” es otro, que se erige en Dios por su capacidad de reclamar, por su fuerza o poder. En el campo económico también existe y hay un “todopoderoso” que exige sacrificios y que elige un estado o agentes estatales como mediadores consagradores de ese sacrificio. Este es el sistema donde finalmente Dios (en este caso, el poder económico –Mamón, en el lenguaje bíblico) consagra ese poder, legitima ese poder sacrificador. Los cristianos nos hemos formado muchísimo en este sistema, creyendo que nuestra vocación es mantenernos puros o recomponer nuestra pureza.
Néstor Míguez
Las paradojas del servicio y del poder
Por Néstor Míguez
El texto del Evangelio de Mateo sobre “Los gobernantes de las naciones” (Mt 20:25-28) suele ser citado cada vez que se plantea este tema. El contraste y tensión entre actitudes del poder despótico y la actitud de dominación y clientelismo que describe como propia de gobernantes y autoridades es puesta en contraste con el propio ministerio de Cristo y su mandato a sus seguidores. El texto describe lo que conocemos y sigue siendo la realidad: que los poderes políticos se nutren de autoritarismo, viven de un ensimismamiento en su fuerza (aún aquellos que se inician con otros postulados y mandatos). Por otro lado, señala el contraste con los que han de seguir a Jesús: “No ha de ser así entre ustedes”. E introduce el paradigma del servicio. Sin embargo, comienza a despuntar la paradoja: porque ese servicio no anula ciertas apetencias: sigue hablando de “quien quiera hacerse grande”, de “quien quiera ser el primero”, de actitudes que trasuntan el deseo de algún modo de prestigio y poder. Por cierto, adquirido y empleado de maneras distintas a las enunciadas antes, pero poder al fin.
De esta manera se da inicio a una serie de paradojas, tensiones, aporías, que van enunciando y matizando esta relación entre poder y servicio. Por cierto que ciertas expresiones comunes tratan de limar los aspectos más duros de este contraste. Así se suele decir que debemos “poner el poder al servicio de los más humildes”, o “ver el poder como un servicio”, o “buscar el poder para servir a la justicia”, etc. Pero por bien intencionados que sean quienes esto dicen, la paradoja subsiste. El poder, especialmente en su dimensión política, social y económica, implica asimetrías, desigualdades, capacidades de obrar e influir que suelen reproducirse e incrementarse en su ejercicio, aunque sea un ejercicio servicial del mismo. Por otro lado, no se puede “servir” sin ciertas capacidades, saberes, recursos, que implican alguna forma de poder.
El poder, especialmente en su dimensión política, social y económica, implica asimetrías, desigualdades, capacidades de obrar e influir que suelen reproducirse e incrementarse en su ejercicio, aunque sea un ejercicio servicial del mismo.
La paradoja de las dimensiones
Una de las tensiones se manifiesta ya en las dimensiones de los poderes que entran en juego. Por un lado, están “los que gobiernan las naciones”, por el otro “entre vosotros”. Aquí aparece el contraste en los espacios macropolíticos y los espacios microsociales. Así, pareciera que el poder se ejerce en el mundo de las instituciones y la política, el ámbito de lo público, y el servicio se limita al ámbito de lo privado, a las relaciones interpersonales, a los ámbitos comunitarios más restringidos dónde se afirma la simpatía, el conocimiento de la situación local y concreta. En forma directa o indirecta muchas veces se han planteado las cosas así: hay una práctica del poder que se manifiesta y justifica en las instituciones y en la esfera de lo público, y por otro lado una ética del amor servicial que se reclama en la dimensión personalizada. En su variante extrema (ayer y hoy) se resume a “la política es mala, la caridad es buena”.
Sin embargo, ambas dimensiones se influyen mutuamente. Los poderes mundiales, hoy diríamos globalizados, generan las condiciones de pobreza, exclusión, violencia, que hoy reclaman nuestro servicio. Por otro lado, en el ejercicio concreto del servicio cristiano, muchas veces vemos como las macroestructuras políticas se reproducen en pequeño en los ámbitos más domésticos, por cierto también los eclesiales. La familia, el barrio, la iglesia tiende a reproducir y naturalizar también conductas autoritarias, clientelares, ilícitas.
Pero también hay que reconocer que en la práctica del servicio se generan y proponen alternativas a esos poderes, que tienen, por cierto, sus límites, si no asumen el desafío de comprometerse en las luchas más abarcativas del espacio nacional y global. A los poderes del Imperio se los combate con prácticas de humildad, pero si se busca verdaderamente incidir en las condiciones de vida de los pueblos, esa humildad tiene que poder confrontar con los poderes más violentos y diabólicos. El desafío del poder alcanza al servicio, el desafío del servicio reconfigura el poder. Sin esta paradojal tensión solo se propicia un inmovilismo social, con los cristianos limpiando su conciencia con algunas obras de buena voluntad, pero resultando ineficaces en su poder transformador y su ministerio profético.
A los poderes del Imperio se los combate con prácticas de humildad, pero si se busca verdaderamente incidir en las condiciones de vida de los pueblos, esa humildad tiene que poder confrontar con los poderes más violentos y diabólicos.
La paradoja del Evangelio: el poder de la Cruz
El evangelio nunca puede evitar una particular relación entre cultura, política y praxis. La paradoja es que la presencia transcendente de Dios sólo puede comunicarse en la experiencia humana estrechamente localizada, cubierta con todos sus prejuicios y limitaciones. En el caso particular de la fe cristiana se produce otra paradoja, pues la Palabra de Dios no sólo encarna en un ser humano, sino en alguien que “da su vida”. La fe y práctica cristiana, en breve, debe identificarse con el débil, el humilde, los despreciados: "Dios ha escogido las cosas tontas del mundo para avergonzar a los sabios, y Dios ha escogido lo débil del mundo para avergonzar a los fuertes, y las cosas bajas y lo despreciado del mundo ha escogido Dios, las cosas que no son, para que Dios pueda anular las cosas que son "(1Co 1,27-28).
Pero esta no ha sido la manera en que la misión cristiana fue mayormente experimentada. La Cristiandad construida en el Occidente europeo se exportó por todas partes con la expansión de los poderes occidentales, con un enlace fuerte con los poderes mundanos. Y esto es como ha sido conocido el mensaje cristiano en el Tercer Mundo. La paradoja entre poder y servicio se resolvió disolviéndola y el misterio del Evangelio fue cancelado. La Cristiandad ha construido históricamente, nos guste o no, y con algunas honrosas pero minoritarias excepciones, un compromiso social, pero con los gobernantes del Mundo Occidental y su política de conquista, expansión y dominación.
Si el misterio del Evangelio como el amor salvador de Dios ha de ser afirmado de nuevo, superando la función ideológica en que se redujo principalmente por su política de poder, debe construir otra forma de compromiso social. Debe reconstruir su compromiso con el débil, el humilde, los despreciados. Pero esta no es una tarea fácil; siglos de práctica opuesta han marcado la Iglesia, no sólo como percibida por la sociedad pero también en sus estructuras interiores y reacciones espontáneas, su teología y visión misionera. En América Latina, cultura y Cristiandad (más específicamente, el Catolicismo romano en tiempos de la Conquista) se unieron como una misma cosa, contra la religión de los pueblos originales, de los descendientes de los esclavos africanos e incluso contra otros grupos cristianos. Más tarde otros grupos misioneros repitieron, con sus variantes, el mismo esquema. Con esta práctica, en muchos casos, se ha reforzado los modelos dominantes de la sociedad, se ha creado una justificación para las estructuras económicas y sociales opresivas, y ha consagrado el papel de la elite cultural conservadora. El protestantismo y las misiones evangélicas, a través de otros mecanismos, muchas veces produjeron un efecto similar. En algunos casos promovió una teología con un discurso alejado del mundo que no ayudó al crecimiento de una conciencia social. O nos incita a una visión individualista, de la prosperidad personal, cuando no a un moralismo ciego a las situaciones concretas en que la vida pone a muchas personas sin recursos. Las excepciones caben en uno u otro caso. Y si bien en alguna medida este proceso está invirtiéndose parcialmente, sobre todo por las comunidades de base y los cristianos socialmente comprometidos, también es cierto que los poderes institucionales se muestran poderosos y resistentes para mantener las viejas prácticas de poder.
Por otro lado, la "opción preferencial por los pobres" (como la ha llamado la Iglesia Católica Romana) necesariamente involucra la acción social y política, si se pretende ir más allá de las buenas declaraciones. Para lograr beneficios concretos y cambios para los pobres, si vamos a superar el sexismo y los prejuicios raciales, la comunidad y el mensaje cristiano necesitan tratar con los problemas del poder, y necesitan mostrarse eficaces y capaces. Esta tensión no puede evitarse. Es una parte íntegra de la paradoja del Evangelio. El mismo Jesús que era un obrero, usó del milagro poderoso cuando vino a curar al enfermo, alimentar al hambriento, debiendo superar los prejuicios, incluso los suyos propios. Pero resultó, al mismo tiempo, completamente indefenso delante de los poderes que lo crucificaron a él y a otros. Cualquier perspectiva de una misión cristiana comprometida que se quiere involucrar con las estructuras opresivas del mundo, más allá del servicio asistencialista -y a veces aún en este-, vivirá permanentemente en la paradoja entre la necesidad de expresar un cierto poder como capacidad y eficacia, y a la vez padecer en la indefensión y la debilidad.
Cualquier perspectiva de una misión cristiana comprometida que se quiere involucrar con las estructuras opresivas del mundo, más allá del servicio asistencialista -y a veces aún en este-, vivirá permanentemente en la paradoja entre la necesidad de expresar un cierto poder como capacidad y eficacia, y a la vez padecer en la indefensión y la debilidad.
Para sacarle el jugo al texto y poder compartir
v ¿Qué ejemplos concretos de paradojas reconocemos que atraviesan nuestras prácticas? ¿Cómo las asumimos?
v A partir de la frase “la política es mala, la caridad es buena”. ¿Qué abanico de posibilidades intermedias o de matices podemos encontrar?
v A partir de las actitudes que asumió Jesús en su vida política, ¿cuál es el aporte que desde los creyentes y las iglesias podemos dar al ejercicio político? ¿Individual o colectivo, desde los laical o ministros, con carácter neutral o tomando partido, desde principios morales generales o con prácticas concretas, buscando poner en evidencia los conflictos o buscando permanentemente el consenso, desde la confrontación o la conciliación?
El Estado como instrumento
Néstor Borri
Hay que hacer un esfuerzo grande de desactivar ese gran triunfo ideológico de la dictadura y del capital concentrado, que nos han hecho pensar el Estado siempre como un obstáculo: Cada vez que uno de nosotros dice que el Estado es el enemigo, tenemos que pensar que Martínez de Hoz y Videla sonríen: Es lo que quieren que digamos. Si tenemos razón, quiere decir que el Estado está en manos de los intereses que ellos defendían, entonces sonríen. Si no tenemos razón y el Estado es una herramienta disponible que sin embargo vemos como un obstáculo, también sonríen, porque dicen: “los hemos logrado convencer de tal manera que aunque tienen la herramienta a mano la desprecian y la dejan de lado, y tarde o temprano nos la van a devolver”.
Es importante ver dónde trazamos el mapa, el esquema que ordena nuestra mirada sobre el Estado y volver a pensarlo como el instrumento que se da una sociedad para darse forma a sí misma, un instrumento atravesado por el poder y las contradicciones, donde hay que volver a poner en el medio la palabra Democracia, democracia sustantiva.
¿Cómo hacemos para pensar propuestas de cambio en un escenario que no es un escenario? A veces, tendemos a ordenar todo lo que leemos de la realidad con grandes metáforas estructuradoras, que a veces cristalizan demasiado el escenario, como estas:
Pensamos la realidad como una pesadilla porque muchas veces tendemos a diagnosticar de tal manera que nosotros no podemos hacer nada salvo revolvernos en la cama. Es algo que sucede frente a nosotros, que en el mejor de los casos sólo podemos describir y un poco retorcernos: “venir una semana al Seminario, decir qué mal está todo pero nada más”.
Otra metáfora es la del patíbulo, donde sólo somos y podemos ser víctimas. “Los políticos son malos, el gobierno nos oprime, el Estado no funciona, el sistema neoliberal…”. Decimos “no al sacrificio de los pobres”, pero igual, cuando tenemos que elegir un lugar donde ponernos, sólo nos reconocemos como dignos en lugar de víctimas porque, si acaso llegamos a ser funcionarios, responsables o representantes de algo, muy probablemente estemos del lado del enemigo y abortamos nuestra propia posibilidad de ejercer el poder.
La última, como un prostíbulo, donde todo es juicio moral: “esto es una gran decadencia”. Lo primero que vemos es que “esto está mal y esto está bien”, que son categorías simpáticas pero inútiles muchas veces en política, o por lo menos fuertemente insuficientes.
Para sacarle el jugo al texto y poder compartir
v ¿Con qué otras metáforas podemos ordenar el diagnóstico?
v ¿La democracia, en Argentina, sufre de parálisis o tiene un dinamismo a veces desordenado que no se logra canalizar?
Distribución de la riqueza
¿Proyecto político con centralidad del pobre? Sí, pero pongámosle al lado distribución de la riqueza , porque centralidad del pobre ya tuvieron las políticas neoliberales de compensación social durante 15 años… Con distribución de la riqueza es más difícil que la saquen del escenario. La construcción de ciudadanía es una cuestión conflictiva, por lo tanto, pongamos el conflicto en el centro del proyecto político. También el fortalecimiento del Estado, de su capacidad para hacerle lugar a la fuerzas de los sectores populares y para disciplinar al capital concentrado nacional, trasnacional, el FMI y los organismos. Definamos la ciudadanía y el proyecto político fuertemente en torno a la cuestión de la distribución de la riqueza en Argentina.
Estrategias políticas
La mayoría de las estrategia que tenemos tienen matices, son complejas, pero siguen siendo estrategias de resistencia. Cuando tenemos propuestas o proyectos son micro, son para el tema, para el lugar, para "cada vez", para la escala pequeña. Un proyecto político tiene el desafío de la escala. Requiere superar los proyectitos. Tal vez no sea un as firme, pero supone tener un hilván que pueda pensar más allá. Necesita estrategias que no sean sólo reactivas, de resistencia y reclamo sino de creación y propuesta, de largo plazo. No consiste sólo en hacerle señalamientos al poder, sino, además y sobre todo, implica tener capacidad, disposición, valentía y fuerza para ejercer el poder.
v ¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar: a ser buenos denunciadores o algo más?
v ¿Podemos tener capacidad de ejecutar, gestionar y por lo tanto, necesariamente, de negociar y ceder? ¿O creemos que negociar es siempre claudicar?
Desdemonizar el poder
Luis Baronetto
Muchas veces he escuchado hablar medio peyorativamente de los poderes y la corrupción equiparando las cosas. Tenemos demonizado el poder: el poder es malo, corrompe y si el poder es el poder político son dos demonios juntos, con lo cual hay que pelear más fuerte todavía. Son concepciones que tenemos que revisar. El poder político es el más conflictivo y nosotros no hemos demostrado ser lo más ineficaces para dar la batalla. Es más, no la queremos dar, huimos para no quedar contaminados con el pecado y la corrupción. ¿Qué significa la “distinción entre verdadera política y corrupción”?. Se entiende lo que se quiere decir, pero para dejarlo completo hay que decir que está bien que miremos a una política nueva, que tenga a los pobres en el centro y todas estas cosas, pero la política es también la corrupción, es la realidad. No podemos taparnos los ojos y quedarnos afuera de brazos cruzados con la “verdadera política” hasta que desaparezca toda la corrupción. La corrupción está ahí, entremezclada en la política y tenemos que ver cómo nos metemos. Quienes quieran y opten por intentar una transformación en el marco de un sistema intrínsecamente perverso como es el capitalista, que está sustentado, entre otras cosas, en el mecanismo de la corrupción, tienen que saber o aprender a moverse en realidades ambiguas. Estuve algún tiempo en Cuba y Nicaragua y la corrupción está en todos lados, también en el socialismo. No hay construcciones puras.
Quienes quieran y opten por intentar una transformación en el marco de un sistema intrínsecamente perverso como es el capitalista, que está sustentado, entre otras cosas, en el mecanismo de la corrupción, tienen que saber o aprender a moverse en realidades ambiguas.
No se puede afirmar que: “mañana hacemos la transformación social y se terminaron los pobres”. Siempre vamos a encontrar en el camino a alguien que tiene escasez, “los pobres estarán siempre con ustedes”. Mientras que las mayorías están allí, existen, con las iglesias, con nuestros esfuerzos de organización popular, de construcción de poderes, llegamos a las minorías.
Las organizaciones populares son minoritarias en relación a la cantidad de gente pobre que hay, de pueblo en general. ¿Quién puede llegar a todos? ¿Dónde está canalizado el esfuerzo de la sociedad para ocuparse de los desorganizados? El modo que encontró la sociedad de que alguien se haga cargo, de encomendarle a alguien esta tarea de conciliar intereses, de garantizar el bien común, de equilibrar las cargas en el sistema capitalista, en la democracia liberal e incluso en el socialismo, es el Estado. Hasta ahora no se encontró otra manera mejor. Nadie necesita más del Estado que los pobres y los más pobres: los desorganizados, que son las mayorías. Las organizaciones cumplen un rol importante, pero tienen un ranchito demasiado chico. Necesitamos abrir la mirada porque, por ejemplo, hay muchos discapacitados en las villas miseria que no tienen para el boleto para ir a la reunión de la organización o del movimiento. Los pobres son los que más necesitan del Estado, son los más desorganizados y el Estado puede cumplir un rol importante en este sentido. El Estado, no solamente es capaz de generar respuestas a las necesidades inmediatas de los sectores más desprotegidos, sino una herramienta promotora de la organización social. Por supuesto, nunca va a ser pura; algunos van a decir que el Estado organiza porque quiere manijear y aprovecharse para después tener los votos. Es muy probable que sea también así, pero prefiero los pobres organizados.
El criterio ético a veces nos impide ver el criterio político. La ética moral tiene que ver con los principios, con los objetivos, con los valores, pero la ética política tiene que ver con los medios. El criterio principal de evaluación acerca de si la política es ética, es si es capaz de facilitar la organización popular para que por sí misma pueda obtener respuestas a sus demandas. La política es un medio, un instrumento y se la debe analizar como tal:¿es útil?, ¿sirve a los fines planteados? Partiendo de la base de que los medios perfectos no existen, tengo que tener claro cuál es el fin, que puede ser la centralidad de los pobres, la igualdad social o la distribución de la riqueza.
Desde nuestros espacios cristianos la tendencia es acentuar los valores, acentuar los criterios éticos, lo que está bien, pero nos falta la otra pata, los medios: ¿Cómo hacemos para que esto se plasme en la realidad? ¿Cómo hacemos para que la realidad sea la realidad en su integralidad o lo más integral posible?
Para sacarle el jugo al texto y poder compartir
v ¿Qué ambigüedades o contradicciones encontramos en la política? ¿Cómo actuamos en ella? ¿Cómo calificamos a quienes lo hacen?
v Entre lo inalcazáblemente “puro” y lo inaceptáblemente “corrupto” ¿Cuáles son nuestros umbrales de tolerancia y/o márgenes de /acción?
v La célebre frase de que “El fin no justifica los medios” ¿Qué aplicación tiene en política? ¿Qué límites plantea y qué oportunidades abre?
Negociación Teatral
1. Conversar sobre la actualidad y elegir un problema político concreto. Comentar entre todos las principales características, centrándose en las negociaciones que implica:
v Actores intervinientes, fuerzas que pueden oponerse o apoyar
v Puntos conflictivos centrales
v Los intereses en juego, lo que se está dispuesto a ceder o no.
v Los modos, instancias, lugares y tiempos del desarrollo de la negociación
v Secuencia histórica y perspectivas futuras
2. Un subgrupo prepara una representación del problema mediante una obra de teatro de unos pocos minutos.
3. Otro subgrupo, simultáneamente, elabora una grilla de observación y análisis de la obra.
v No es simplemente una observación espontánea mientras los otros actúan; se trata de pensar y elaborar una grilla donde se sugiera qué elementos es importante mirar y a qué cosas apuntar.
v Es un modo de observación, de crítica, que permite descubrir cómo se desarrolla la negociación, qué elementos se destacan o cuáles faltaron, ya sea de contenidos, modalidades y todo lo que tenga que ver con la ética de la negociación.
4. Se presenta la obra mientras el público completa la grilla.
5. A partir del análisis de la representación, volver al problema real y sacar conclusiones o propuestas de acción.
