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Memoria del espacio “Corporeidad” del XXII SEMINARIO DE FORMACIÓN TEOLÓGICA
Viedma, 4 al 10 de febrero de 2007 Desde los pobres, Ciudadanía Plena y Vida en Abundancia
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Piedras 575 PB (1070) Cap. Fed. (011) 4345-4774 (011) 4342-0869
sft@nuevatierra.org.ar - www.sft.org.ar
Corporeidad:
Espacio de
ciudadanos y ciudadanas
Contenido:
Presentación: Ciudadanos y Ciudadanas
Imágenes: Espacio de Ciudadanos y Ciudadanas
Para leer y comentar: Ciudadanía soñada como Esperanza de Vida Plena
Para leer y comentar: Muros y fronteras
Para trabajar en comunidad: Producción grupal
Producción creativa: Saltar el muro
Equipo de Producción
Gerardo Duré / Lucas Spigariol / Marta Manterola
Ciudadanos y Ciudadanas
Cuando decimos “Seminario de Formación Teológica” estamos entendiendo la formación como un modo de protagonismo, no tanto como una academia en donde se toma apuntes y después se rinde. Intentamos invitarlos a que construyamos juntos el pensamiento, un modo de ser, una perspectiva de vida, de vida en abundancia. Un sujeto colectivo donde cada uno aporta.
Queremos sentirnos involucrados en el camino de hacer teología juntos. Tiene mucho que ver cómo uno se ubica en el camino, con las actitudes, los modos y sobre todo con los ritmos. Es un método en donde todos intervenimos y donde se están jugando nada más y nada menos que el misterio de Dios y el misterio de la vida, de un Dios que trata de ayudarnos a vivir y gozar el misterio de la vida. Y, esto de matemático no tiene nada, no es un método exacto.
La teología es un caminar, como muchos hacen en las peregrinaciones. Cuando uno ha caminado mucho y ha cargado cosas, poco a poco va tirando y dejando las cargas. Las va acomodando, lo que pesa más de un lado lo pone para el otro, hace un alto, se detiene toma fuerza, pega un empujón más rápido. Según el momento, si hay sol o esta fresco, si llueve o hace frío, se avanza, se detiene o retrocede… Los ritmos del camino son muy distintos. Todo tiene que ver con la intención pero también con las circunstancias. El espacio de corporeidad quiere ser una experiencia de método teológico de construcción: vamos caminando y vamos haciendo un paso y otro. Nos detenemos un momento porque al tema de la ciudadanía o de las fronteras necesitamos asentarlo, y por el otro lado avanzamos por una cuestión más teológica, y de pronto nos encontramos con que lo teológico está interesante pero estamos cansados, y hay que descansar, metemos unas chacareras y después seguimos.
El método es eso, quédense tranquilos preocúpense por no perder de vista el objetivo hacia donde tenemos que llegar, y los momentos los iremos viendo juntos según el día que nos toca caminar.
Marcelo Trejo
La memoria
La memoria, para que se haga presente y futuro, no puede ser sólo reflejo de lo sucedido sino una invitación a seguir andando. Por eso, los cuadernillos que conforman la “Memoria del XXII SFT” recogen las principales ideas, producciones y momentos fuertes del Seminario, para que las revivan quienes participaron y las conozcan quienes no lo hicieron, y a la vez incluyen una serie de propuestas concretas, con preguntas, dinámicas, pistas de reflexión y acción para convertir estos textos en herramienta fructífera en las manos de las comunidades, grupos, organizaciones y toda persona que quiera construir un mundo mejor desde una convicción de fe.
La memoria completa se conforma por ocho cuadernillos de similares características:
v Preparación previa (dic 2006)
v Material del participante (feb 2007 - durante el SFT)
v Memoria del desarrollo general (abril 2007)
v Memoria de “La Juntada” (julio 2007)
v Cuadernillos de cada Espacio de Vida (2007)
Los textos completos y numerosas fotografías están publicados en www.sft.org.ar
Coordinación Nacional
Walter Aranda Cejas (Sgo. del Estero)
Nelly Borquez (La Matanza)
Gustavo Beltrán (Neuquén)
Gerardo Duré (Merlo-Moreno)
Darío Esteche (Misiones)
Susana Goyochea (La Rioja)
Jorge Huergo (La Plata)
Edith López (Alto Valle)
Lita Valenzuela (Yguazú)
Alberto Vanden (Córdoba)
Pocho Brizuela (La Rioja)
P. Rubén Oyarzo (Neuquén)
Pr. Néstor Míguez (Ramos Mejía, Ig. Metodista)
Marta Manterola (Secretaría Ejecutiva - Centro Nueva Tierra)
Referentes Locales
Daniel Cifuentes (Patagones)
Gladys Suárez (Viedma)
Adriana Viale (Viedma)
El Espacio
Animadores:
· Marcelo Trejo: Teólogo sistemático. Sacerdote. Santiago del Estero.
· Diana Maffía: Filósofa. Directora Académica del Instituto Hannah Arendt. Buenos Aires
Coordinadora:
· Mabel Busaniche: Educadora popular. Santa Fe.
Metodología:
· Omar Palma: Moreno.
· Nelly Borquez: La Matanza
El Equipo
De izquierda a derecha, Marcelo, Diana, Mabel, Nelly y Omar, quienes animaron el trabajo del Espacio.
Trabajos en grupo
Las dinámicas y propuestas de trabajo se realizaron en pequeños grupos donde se compartieron las ideas, opiniones y experiencias personales.
Producciones
La creatividad de los participantes se plasmó en diferentes gestos, técnicas expresivas y producciones gráficas, para poder compartir la riqueza de las reflexiones grupales.
El Clima
La semana del Seminario fue transcurriendo con baile, música y canto, y sobre todo con mucho movimiento.
Ciudadanía soñada como Esperanza de Vida Plena
Marcelo Trejo
En las situaciones dolorosas y angustiantes, casi instintivamente, uno busca una caricia para sus heridas, un bálsamo de afecto que le permita seguir viviendo. De la misma manera, casi naturalmente, uno procura encontrar “algo” en qué aferrarse para no caer, para no destruirse cuando los duros momentos golpean con fuerza hasta hacer tambalear. Aún, cuando las oscuridades se nos vienen encima, parecería que la vida gimiera por luz y cuando esa misma vida transcurrida nos ha hecho infelices, se sueña con algo nuevo y distinto.
Bien vale movilizarse
El corazón herido, el cuerpo a golpes derribado, una vida oscurecida y atormentada, "no es parte de uno”. Que todo ello esté en la vida y se padezca cotidianamente, no significa que sea “nuestro”; está entre nosotros, pero siempre como algo “ajeno”. Por ello, instintiva, natural y vitalmente buscamos “algo” para las heridas, para no caer, perseguimos a “alguien” que nos apuntale y tratamos de realizar una nueva y feliz vida.
El buscar, procurar, perseguir, realizar, sí que es nuestro, de “nuestras entrañas”; las “ganas” de seguir viviendo y, sobre todo, el esfuerzo de vivir bien y feliz; es parte de lo que llamamos “dignidad”.
“Nos han robado.... pero no pueden...”
Entre tantos robos que describe la canción de Teresa Parodi, dice que “nos han robado hasta la primavera”, pero por más dura u oscura que sea la experiencia, siempre aflora una señal de esperanza, por lo que continúa “… pero no pueden con nuestra canción”.
Ciertamente, alguien diría que hay una gran desproporción entre lo que nos han robado y lo que nos ha quedado. ¿Qué es una canción frente a todo lo demás?, ¿unas cuantas frases armónicamente dichas?, ¿unas notas musicales bien ensambladas que suenan y contagian el ritmo? La canción es más que eso, es una resistencia a no perder los sueños, es una alerta constante a no dejarse arrebatar la posibilidad de soñar.
Los sueños son los que relativizan las situaciones y realidades que parecerían ser de siempre y eternas, nos dicen que así es hoy, pero que mañana podría ser distinto. Soñar no es de dormidos; al contrario, el soñar le pertenece a hombres y mujeres bien despiertos.
Soñar no es de dormidos; al contrario, el soñar le pertenece a hombres y mujeres bien despiertos.
“Sueños diurnos” como diría Ernest Bloch: “De modo distinto al del sueño nocturno, esboza el diurno en el aire configuraciones elegibles y repetibles, puede fantasear y desbarrar pero también reflexionar y planificar. Depende de modo ocioso de pensamientos que tienen que ver con lo político, lo artístico, lo científico... El sueño diurno puede proporcionar ideas que exigen no interpretación sino elaboración y construye castillos en el aire también como imágenes proyectivas y no siempre ficticias”.
Soñar con los ojos abiertos no es una contradicción, por eso soñar con una ciudadanía plena, no es de dormidos, porque los sueños muestran que las cosas pueden ser diferentes, ya no hay porque quedarse atado a ellas. Eso de: “así fue, así es y así será”, ya no va más para el que sueña porque el sueño lo ha liberado. La realidad por más dura, agobiante y oscura que sea ya no frena, al contrario, se convierte para el soñador en un desafío de cambio, porque los sueños son los que hacen mujeres y varones libres. Los sueños son los que nos movilizan; quien deja de soñar ya no tiene qué buscar, qué procurar, qué perseguir, qué realizar.
Soñar hasta lo inimaginable
Soñar hasta lo inimaginable no es sólo una cuestión de gusto o de una ingenua buena voluntad, se puede porque Jesús de Nazareth así lo hizo: Soñó tiempos nuevos para su pueblo y la presencia de Dios reinando en medio de ellos (Lc 4, 16-21 “En la sinagoga de Nazaret Jesús lee el libro de Isaías”) y cuando todo parecía perdido y sólo una ilusión, Dios Padre lo confirmó, no lo entregó a los poderes de la muerte sino que al Crucificado lo ha Resucitado, abriendo así el horizonte de lo imaginado. (Hch. 2, 22-24 “Ustedes lo hicieron morir… pero Dios lo resucitó”)
En Jesucristo, se venció el límite de lo posible por el poder de Dios. Su Resurrección permite soñar lo no soñado y abrirse a lo ni siquiera imaginado, desafía al soñador a saltar su propia imaginación, abrirse a “nuevos sueños” que no le vienen de su propia realidad soñada, sino “susurrados” por la gracia de Dios y contados por la historia de fe. (Jn. 20, 11-18 “Maria en el sepulcro vacío”)
Varones y mujeres de esperanza
También es cierto que sólo los que sueñan pueden ser varones y mujeres de esperanza. Como la gracia de Dios para su accionar supone la naturaleza y recién la perfecciona; de la misma manera el don de la esperanza no niega, ni anula, ni destruye los sueños. La esperanza se vive “en y a través de los sueños” pero siempre dejando a Dios que siga sorprendiendo, permitiéndole que siga siendo, a la vez, siempre Novedad. Él tiene muchas más de sí para darnos de lo que nosotros aún podemos imaginar. Esperemos pues que Él continúe insospechadamente sorprendiendo aquí y ahora. «La virtud de la esperanza corresponde al anhelo de felicidad puesto por Dios en el corazón de todo hombre; asume las esperanzas que inspiran las actividades de los hombres; las purifica para ordenarlas al Reino de los cielos; protege del desaliento; sostiene en todo desfallecimiento; dilata el corazón en la espera de la bienaventuranza eterna. El impulso de la esperanza preserva del egoísmo y conduce a la dicha de la caridad.» (Catec de la Ig. Católica, 1818).
Construir la esperanza
La virtud de la experiencia cristiana no es que la esperanza de lo imaginable nos lleve “al más allá”, sino que el “más allá” de lo logrado por Dios en Jesucristo venga “hacia el más acá”. “¡Que venga tu Reino y se haga Tu Voluntad aquí en la tierra –en el más acá– del mismo modo como se realiza en el cielo – en el más allá!”
El “más allá” no evade al cristiano del compromiso del “más acá”. Al contrario, en algunos casos convalida y en otros critica los estilos de construcción de subjetividades, las hegemonías vigentes, las maneras de vivir políticamente, los mandatos sociales, los modos de ser humanos, los modos de ser cristianos. Confirma la importancia fundamental de los hombres y mujeres que sueñan, convalida sueños de algo nuevo y distinto.
Sólo los soñadores y las soñadoras pueden abrirse a la novedad que trae la esperanza de “cielos y tierras nuevas” para todos y sólo ellos pueden construir esa esperanza porque fueron ellos los que la anhelaron. Por eso podemos hablar de “constructores de esperanza”. “No entiendo la existencia humana y la necesaria lucha por mejorarla sin la esperanza y el sueño. Ni soy esperanzado por pura terquedad, sino por imperativo existencial e histórico. Mi esperanza es necesaria pero no es suficiente. Ella sola no gana la lucha, pero sin ella la lucha flaquea y titubea. El sueño se convierte en una necesidad indispensable. No hay cambio sin sueño, como no hay sueño sin esperanza. No hay utopía verdadera fuera de la tensión entre la denuncia de un presente que se hace cada vez más intolerable y el anuncio de un futuro por crear. La historia como posibilidad sería ininteligible sin el sueño. Se trata entonces, de descubrir las posibilidades para la esperanza.”
Ellos son los que unen sus sueños de una vida ciudadana reconocida y ejercitada en sus derechos y contenciones a los sueños de Dios de una vida abundante para todos, sobre todo para aquellos que hoy, en tiempos de angustia, tienen “amenazada” su vida y su felicidad. Son quienes con imaginación y creatividad, buscan concretar en una caridad operante el sueño inagotable de Dios Trinidad. Dios nos conmueve y la realidad nos conmociona. “Santo Padre, tenemos hambre, sufrimos miseria, nos falta trabajo, estamos enfermos. Con el corazón roto por el dolor vemos que nuestras esposas gestan en la tuberculosis, nuestros niños mueren, nuestros hijos crecen débiles y sin futuro. Pero a pesar de todo esto creemos en el Dios de la Vida”, fueron las palabras de una pareja de un “pueblo joven” de Lima al Papa. Éste, dejándose sorprender por ellos, retomó desde allí una vigorosa improvisación sobre: «Nunca hambre de pan y siempre hambre de Dios». Cuando Dios sueña, ama; y cuando ama, crea. Cuando Dios Padre ama: recrea un pueblo. Cuando Dios Hijo ama: libera y rehace las relaciones humanas. Cuando Dios Espíritu Santo ama: sana, afianza y promueve la dignidad de todo hombre y de toda mujer. (Ez. 37, 1 ss “El valle que estaba lleno de huesos resecos”). Debemos animarnos a soñar para poder introducirnos en esa dinámica amorosa y operativa del amor de Dios, soñar con los ojos abiertos un sueño tan insospechado como eficaz.
Hacia una nueva imaginación de la caridad
Imaginar una “nueva caridad” militante, significará entonces, retomar todo esto y lanzarse, reconocer los huesos secos y descubrir en “la fe que opera por la caridad” la posibilidad de revivirlos, soñar con los ojos abiertos que es posible, dejarnos sorprender por tantos otros y otras que desde sus propias subjetividades también sueñan y juntos construir la vida abundante esperada.
Dejarnos sorprender por tantos otros y otras que desde sus propias subjetividades también sueñan y juntos construir la vida abundante esperada.
Nueva por su imaginación, nueva por su eficacia, nueva porque avanza más allá del límite de lo individual y también desborda lo eclesial. Nueva porque recoge la memoria, los rostros y los sueños de ayer. Sueños latinoamericanos como los sueños de Mons. Romero, mártir del pueblo salvadoreño en medio del atropello y la violencia en Centro América. O rostros más recientes como del obispo argentino Enrique Angelelli y de Alice Domon y Leonie Duquet, “las monjas francesas”, signos de tantos muertos en la última dictadura militar. Rostros conjuntos de las “Madres de Plaza de Mayo” que reflejan la memoria activa y la herida todavía sangrante de este pueblo argentino tanto como el Rostro de las “Madres del Dolor” que esperan justicia para sus hijos en nuestra provincia de Santiago del Estero.
En fin, memorias, nombres y rostros que llegan a significar experiencias y sueños de un pueblo creyente y, por ello, esas biografías se vuelven también populgrafía. Son rostros populares que reclaman justicia como fundamento de una nueva relación. De esta manera, ese rostro a rostro deberá convertirse en una relación de “hombre a hombre” y también “hombre – pueblo” por ser una relación colectiva y popular, sin olvidar al “hombre – hambre” asumiendo así una provocación real-material y con el sueño de poder llegar a ser un desafío histórico-político de cambio cuando se logre también una relación de “hombro a hombro”. Cristo Jesús es «nuestra esperanza» (I Tim 1.1). Por eso podemos ya imaginar y construir creativamente un nuevo país en Latinoamérica, por la gracia de Dios.
Para sacarle el jugo al texto y poder compartir
v ¿Cuáles son los mayores sueños que tenemos?
v ¿Cómo podemos dar y multiplicar motivos de Esperanza?
v ¿En qué consiste la “nueva caridad” en nuestro contexto particular?
v ¿Qué rostros no faltarían en la “populgrafía” de nuestra comunidad, región, país?
Muros y fronteras
Diana Maffía
El Seminario comenzó con un video llamado “Señales”, con imágenes que seguramente han producido un impacto en cada uno de nosotros y dentro del grupo. El modo en que estas imágenes y señales se transforman en un significado, es algo similar a lo que nos pasa en el encuentro con los otros y las otras. Los otros y las otras nos dan señales con su cuerpo que transformamos.
Uno se encuentra ante cosas que ni siquiera sabe como llamarlas y sin embargo son personas que están dando una señal y a las que tengo que comprender, cuando sufren, cuando hay un derecho que no pueden ejercer y algo a lo que tienen que demandarlo y como tienen que hacer para demandarlo. Tenemos que poder hacer ese trabajo de interpretación del otro o la otra para poder comprender que es lo que necesita, y poder armar comunidad con esos sujetos. Todo el tiempo estamos interpretando señales, no solamente cuando leemos.
Los signos materiales, las marchas, el activismo popular que empieza a haber, son ejemplos de señales que deben ser interpretadas, que remiten a otro sentido. Esa interpretación no es automática, la tenemos que hacer en un proceso semiótico. Sería deseable que no sean puntos individuales, sino que sean partes de un texto, parte de una narrativa.
Eso exige de nuestra parte una actividad interpretativa común, que trabajemos la cuestión de las fronteras respetando la diferencia pero produciendo el encuentro y también que pensemos que nuestros cuerpos pueden ser esas fronteras, y que muchas veces en vez de ser oportunidades de encuentro, -el cuerpo es esa capacidad para poder tomar esa relación con el otro o con la otra- terminan siendo muros.
Por ejemplo, hay diversas opiniones de los piqueteros, si está bien o mal, si están ejerciendo o violando derechos, si tienen prioridad o no sobre los que quieren pasar. Hay interpretaciones impuestas acerca de qué cosa es un piquete, podemos querer hacer interpretaciones personales, pero también podemos hacer el esfuerzo de ver esa manifestación en el contexto de otras manifestaciones que se están dando y preguntarnos por algo más amplio que el piquete, que es la dignidad del trabajo o que es la capacidad de escucha que tienen los gobiernos con respecto a los derechos ciudadanos, la capacidad de demanda que tiene el pueblo. O sea, pensarlo en una narrativa más amplia, como un texto junto con otras manifestaciones, y discutir estas interpretaciones entre nosotros. Si tenemos nuestra propia perspectiva, para armar una narrativa con los otros, tenemos que hacer una comunicación y un intercambio y entenderla como sólo una perspectiva y no una visión universal. Necesitamos abandonar la pretensión de que nuestro conocimiento es absoluto, y transformar esto en la capacidad de dar un sentido más general. El espacio intermedio que aparece en las diferentes maneras de dar significaciones entre mis perspectivas y las perspectivas del otro o de la otra, lo voy a llamar “frontera”.
Si tenemos nuestra propia perspectiva, para armar una narrativa con los otros, tenemos que hacer una comunicación y un intercambio y entenderla como sólo una perspectiva y no una visión universal.
Fronteras ¿Lugar de encuentro o separación?
Las fronteras y los muros son cosas diferentes. La frontera es un concepto en realidad que se refiere al espacio. Cuando nos referimos a las fronteras entre dos países o provincias, decimos por ejemplo, que hay fronteras naturales, como un río o una cadena montañosa que separa lo que esta de un lado y lo que esta del otro. Hay otras fronteras que son culturales: una línea pintada en una cancha de voley, por ejemplo, me marca cuándo un tanto es legitimo y cuando no. Es una frontera totalmente arbitraria, podría estar en otro lado. Así también se demarcan ciertas fronteras de una manera cultural o arbitraria. En realidad, también las fronteras naturales son culturales porque ser interpretadas como fronteras es un acto cultural: hay montañas que son simplemente montañas dentro de un territorio pero hay otras que separan un territorio de otro y eso es una interpretación.
En el video, una mapuche decía: “lo que pase de un lado o del otro de la montaña nos pasa como hermanos a los chilenos y a los argentinos”. Es decir que ni siquiera una cadena montañosa y la división geográfica entre dos países alteran el hecho de que una comunidad pueda sentirse entre hermanos. Este es un ejercicio muy fuerte que hay que hacer como comunidad para poder pasar sobre las imposiciones de significado.
La frontera necesariamente es una separación, que puede ser el reconocimiento de la diversidad del otro. Yo tengo que saber que el otro tiene una interpretación legitima de la realidad y yo puedo tener otra diferente y que ninguno se puede imponer automáticamente sobre la otra. Si dialogamos sobre nuestras interpretaciones, la frontera no es un lugar de división, es un lugar de encuentro con lo diverso.
Cuando estamos en una frontera, puede ser un lugar de encuentro o podemos estar ante una división, un muro. El ejercicio de transformar la frontera en un muro es empobrecer el concepto de frontera dejándole solamente el significado de separación. La frontera tiene ese sentido de separarnos de lo diferente. Es muy importante reconocer que algo es diverso, si no, lo que hago es extender al otro mis cualidades. Si yo no reconozco que el otro es diferente, sencillamente no atiendo a sus necesidades diversas o diferentes, lo trato como una extensión de mí y le doy, si tengo poder, lo mismo que yo necesito sin preguntarle que necesita. ¿Cuántas veces pasa esto en la experiencia social, política o cotidiana? Nuestros hijos son diferentes a nosotros, como nuestros padres de nosotros, pero supuestamente sabemos lo que necesitan y no los escuchamos, les damos lo que nos parece que necesitan.
Transformar esa frontera en un lugar de reconocimiento amoroso de la diferencia significa transformar la frontera no en un muro, en una separación, sino en una oportunidad de contacto con lo diverso, lo diferente. La frontera es el espacio en donde nos encontramos sin ignorar la diferencia del otro, prestando atención a que el otro tiene una diferencia genuina. En el mundo, las fronteras están dejando de ser lugares de encuentro y están empezando a ser lugares de separación, hostiles, y en muchos casos se están volviendo a levantar muros. El muro de Israel, el de EEUU y México, son barreras que significan la imposibilidad de que otros accedan a lo que yo tengo. El muro que se levanta en el perímetro de un barrio cerrado significa no permitir a otro que acceda a lo que yo tengo. ¿Quién levanta el muro? ¿El que quiere acceder o el que no quiere que le saquen lo que tiene y tiene miedo que el reparto sea más justo? Es un miedo básico.
Cuando pensamos que las fronteras sean un lugar de encuentro, buscamos que no se ignoren las diferencias, porque son importantes y deben ser respetuosamente aceptadas. Que la frontera sea ese lugar de encuentro con lo diferente también en la interpretación, que podamos decir “este es el significado que yo le doy a este hecho, estoy tratando de conciliar con ustedes los significados y los escucho atentamente”. Hay una frontera en proceso de dar sentido y esa frontera está dada por la perspectiva que cada uno tiene, por la sedimentación biográfica de los conocimientos que hace que cada uno tenga una caja de herramientas, un montón de expectativas con las cuales recibe los nuevos signos y una sensibilidad mayor y menor a las imposiciones de sentidos que hay.
Los cuerpos
Una frontera en particular es la de los cuerpos. Nuestro cuerpo tiene un límite y esa frontera de nuestro cuerpo y el del otro o de la otra es una frontera que también puedo utilizar como un lugar hostil, como un lugar de separación de diferencia insalvable o una oportunidad de encuentro con lo diferente. Mucho de esto tiene que ver con la interpretación que hago del cuerpo del otro. Por ejemplo, nos podemos referir al modo en que interpretamos las distintas expresiones de la sexualidad humana, un gay, una lesbiana, un travesti, un intersexual, un transexual, un transgénero, qué signos o materialidades de su cuerpo nos hace darle un sentido determinado y si este transformarlo en otro hace que nuestra relación sea de separación o de apertura con esa diferencia. Poder hacer o no comunidad con los otros depende de una separación como muro o como una separación como invitación al intercambio con lo diverso.
Poder hacer o no comunidad
con los otros depende de una separación como muro
o como una separación como invitación al intercambio con lo diverso.
Para poder intercambiar con lo diverso tenemos que comprenderlo, y ese proceso de comprensión requiere que abandonemos los estereotipos donde sentimos que si un varón se vistió de mujer, ya sabemos todo sobre esa persona, o si un varón muestra conductas que nos hace suponer que es homosexual no necesitamos que nos explique nada: ya le pusimos una etiqueta. Cuando esa materialidad de los signos reduce a la persona de ese modo de ser interpretada, ese signo se transforma en un estigma. Incluso, una persona que tiene piel negra, que es afrodescendiente, la interpreto como una persona de piel negra, entonces digo “es un negro”, o “es una negra”. A lo mejor, dentro de su vivencia, para si mismo, para su manera de presentarse, su rasgo más importante no es el color de piel. Una vez que hice una organización con afrodescendientes para recuperar aspectos de la cultura afro en la ciudad de Buenos Aires, llamé a un hombre y me dijo “yo no quiero ser llamado como afrodescendiente, quiero ser llamado como escribano, porque hice la carrera de escribanía”. Para él, su rasgo más notorio es que había hecho un gran esfuerzo para hacer una carrera universitaria y yo lo estaba estigmatizando por tener piel negra, lo trataba sistemáticamente en su condición de negritud, hizo transformar su signo, su señal, en un estigma. Yo aprendí de esos errores. Si no tengo la posibilidad de escuchar al afrodescentiente y sigo poniendo toda la voluntad de cumplir sus deseos, cometo el ejercicio autoritario de ponerles un signo e interpretar todo lo demás como si ya lo supiera sin escuchar.
Los cuerpos, como fronteras, son una invitación al encuentro con lo diverso o son un muro. La relación entre el alma y el cuerpo es una frontera. La concepción griega del cuerpo y el alma es una cuestión a revertir. ¿Qué pasaría si nosotros consideramos que, con todos los imperativos, el alma es la cárcel del cuerpo? Requiere un ejercicio de autoridad epistémica y de reversión semiótica de dar vuelta un sentido y proponer comunitariamente generar un nuevo significado.
Para sacarle el jugo al texto y poder compartir
v ¿Qué “fronteras” reconocemos en nuestras prácticas cotidianas?
v ¿En qué medida se convierten en “muros”?
v ¿Cómo reaccionamos ante lo diverso, ante las diferentes interpretaciones?
v ¿Cómo podemos atravesar los muros que nos separan? ¿Qué estereotipos, prejuicios o interpretaciones impuestas creemos más importante superar?
v ¿Cuánta diversidad y divergencia aceptamos en nuestros grupos o comunidades? ¿En qué medida se lo asume como algo valiosos o un problema? ¿Y en relación a otras organizaciones con las que se articula o no?
Producción grupal
1. Leer el siguiente texto y comentarlo
v ¿Qué textos, afirmaciones y supuestas certezas tenemos que volver a leer y reinterpretar?
v ¿Qué sospechas tenemos?
La filosofía de la sospecha
Culturalmente, está impuesto que tener un cuerpo, una imagen o una capacidad de consumo, automáticamente implica un logro que conduce a la felicidad, mientras que a lo mejor, tenemos la intuición de que no necesariamente es el camino directo a la felicidad. Lo que sucedes es que esa intuición personal en general queda como en desventaja con respecto a esa imposición de sentidos que se hace desde los medios, desde los sectores que tienen mas poder para dar e imponer su interpretación a las cosas.
Cuando una persona que tiene una gran autoridad me da su interpretación, si yo tengo una lectura diferente que me resuenan diferente, tiendo a pensar que esos sentidos seguramente deben ser erróneos. Tener la actitud de sospecha es poder poner entre paréntesis esa autoridad y fortalecer la posibilidad de que a lo mejor mi percepción es acertada. Dejar un poquito más abierta esa posibilidad, no aplastarla porque una autoridad impuesta me da un sentido y acepto ese sentido con obediencia. La filosofía de la sospecha, lo que hace justamente es generar una manera diferente de comprender, es una puesta en crisis de la obediencia de aceptar los significados, es un proceso de reconocer mayor autoridad en aquellos que estamos haciendo una lectura nueva en la cual ya no vamos a seguir el canon de cómo deben ser leídos los textos.
Diana Maffía
2. Observar las siguientes producciones (hechas por los participantes del Seminario) e interpretar su sentido compartiendo las perspectivas personales. Mirar en particular estos ejes
v Fronteras y muros en la construcción de ciudadanía.
v El cuerpo cómo frontera.
v La interpretación como frontera.
(Ver también imagen inicial)
3. Elaborar individualmente, en parejas o pequeños grupos, las propias imágenes o signos, representando lo que se interpreta por “ciudadanía plena” y “vida en abundancia”. (Se pueden hacer pequeños y con forma de octógono, como se hizo en el Espacio). A partir de las imágenes sueltas elaborar un nuevo mural o texto que las articule en una narrativa mayor.
Transformar signos sueltos en una narrativa
Una cosa es juntarse a decir que no, a deconstruir o a desobedecer y otra cosa es juntarse a construir algo nuevo, para lo cual hay que hacer un proceso más complicado que no es solamente darle sentido a un signo, sino transformar la suma de los signos en algo con un sentido mayor, es decir, transforma el signo en un texto.
No es cada cosa aislada la que debe tener sentido, sino lograr una narrativa, un hecho que está vinculado con el otro. Ese proceso de transformar en una narrativa, tiene que ser un proceso que como en el leguaje, los otros puedan comprender. De otra manera, yo puedo desconfiar del sentido de la palabra poder y puedo usarla de otra manera, por ejemplo en vez de usarla como dominio, la voy a usar como creatividad, como poder hacer, poder juntarnos, poder crear. No alcanza que yo tome una decisión individual para que el sentido cambie, tenemos que ponernos de acuerdo en una manera diferente de hablar y se requiere un cambio en el proceso de interpretación, que es el que me permite llegar del signo al significado.
Diana Maffía
4. Terminar poniendo en común lo realizado y compartiendo una mirada teológica
v ¿Qué sabor le aporta la perspectiva teológica a lo trabajado?
v ¿Qué nuevas preguntas plantea?
v ¿Cómo nos podemos reconocer como sujetos teológicos?
La pregunta teológica
¿Será lo mismo una producción de una pregunta teológica, de un varón, clérigo y célibe, a lo que podría ser una pregunta teológica de una mujer negra madre de 5 hijos? Los contextos, las preocupaciones y las encarnaciones son distintos. Los dos se están preguntando de Dios.
El problema gravísimo no es que históricamente haya sido un sujeto varón, clérigo y célibe, sino que se haya pensado en que es el único modo y la única persona capaz de ser sujeto hacedor de teología.
El sujeto productor de la pregunta teológica, además de ser varón, clérigo y célibe, es detentador de poder institucional y económico. La iglesia ha dispuesto, por la potestad que le otorga la institución, que estos son los que están capacitado para hablar de Dios. No solamente la jerarquía, sino que también el resto de la iglesia y de la sociedad civil dice “es cierto, él es el que tiene que hablar y no otro”. Tenemos un problema gravísimo, machista, patriarcal, clerical. A esto que está puesto en el imaginario popular se le agrega el hecho que está protegida fuertemente por la institución, para que así sea y así se mantenga. No sólo se juega una palabra de Dios sino también una idea de poder: ¿Quién tiene la palabra? Es una concepción que es propia del imaginario eclesial cristiano, no es la culpa mía, de fulano, o sultana, es como es entendido que debe ser.
Estamos en la deconstrucción y construcción de un sujeto hacedor de preguntas y de subjetividades. Por eso tiene historicidad. La dinámica de la encarnación implica que hay un aquí y un ahora. Laicos, mujeres, y encima pobres, son capaces de hacer preguntas teológicas que pongan en jaque un modo de ser iglesia, un modo de ser cristiano, un modo de mirar a Dios.
Marcelo Trejo
Saltar el muro
1. Conversar sobre los principales muros que se encuentran en la sociedad. (Por ejemplo, las situaciones, organismos e instituciones que paralizan, excluyen y ponen freno a la creatividad y a la esperanza, como policías corruptos, multinacionales, Estado S.A., sindicatos vendidos)
2. Buscar ejemplos también de fronteras, entendidas como espacios de intercambio, posibilidades de construcción de ciudadanía y búsqueda de vida plena. (Por ejemplo, pueden surgir palabras como igualdad, derechos, justicia, dignidad, responsabilidad, encuentro)
3. Desde la propia realidad y la experiencia del grupo, priorizar cuáles son las personas o sectores marginados. (Por ejemplo, jubilados, enfermos, prostitutas, cartoneros, adictos, jóvenes, desocupados, chicos de la calle)
4. Organizar una representación con expresión corporal donde intervengan simbólicamente estas ideas. (Por ejemplo, el muro representarlo con personas inmóviles, puestas unas al lado de las otras, a las fronteras con personas moviendo cintas de colores, y a los marginados con otras personas que están de un lado del muro)
5. Pensar un desarrollo problemático de la situación (Por ejemplo, las personas pueden comenzar un proceso de encuentro y descubrimiento, intentando traspasar los muros, mientras este permanece rígido y se resiste)
6. Plantear un final o dejar el interrogante sobre los finales posibles (Por ejemplo, el muro se empieza a desarmar y algunos excluidos pudieron cruzarlo, pero aún quedaba mucho por hacer)
Los ejemplos cuentan brevemente lo que realizaron los participantes del Seminario. La invitación es tomarlo como idea, pero profundizar la reflexión y crear nuevos simbolismos.
