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Memoria del 23 SEMINARIO DE FORMACIÓN TEOLÓGICA Construcción Política
Santiago del Estero, 3 al 9 de febrero de 2008 |
Piedras 575 PB (1070) Cap. Fed. (011) 4345-4774 (011) 4342-0869
sft@nuevatierra.org.ar - www.sft.org.ar
¡¡ Vamos por más Humanidad !!

Presentación
è Desde los pueblos crucificados Vamos por más humanidad
Construcción Política
è Unidad, convencimiento y esperanza
è Observaciones y límites a la construcción
è Herramientas políticas para la transformación
Editor responsable:
Coordinación del Seminario de Formación Teológica
Producción:
Gerardo Duré / Marta Manterola / Lucas Spigariol
Desde los Pueblos Crucificados
Vamos por más Humanidad
Esta frase ubica contextualmente lo que esta pasando en América Latina desde lo político, económico y teológico; invita a ver lo que se quiere acallar, lo que se niega, y retomar el grito profético de reconocer a los crucificados como sujetos políticos y no como meros objetos pasivos y explicitar quiénes son los crucificadores que provocan la destrucción de la humanidad. Los crucificados son puestos en la cruz porque hacen un profundo acto de libertad y se oponen con todas sus fuerzas a un sistema que niega la humanidad; aquí es donde la fe y lo político se unen. Cada gesto político, económico y teológico que haga crecer a la humanidad es un acto de resurrección.
Estas palabras no son un grito agonizante ni una frase hecha que se instala cómodamente en el reclamo, sino que es una invitación, una arenga para quienes asumen su rol protagónico en la sociedad, es una palabra de aliento para los que luchan día a día… Es una propuesta de cambio que implica abandonar prácticas anquilosadas por la inercia y asumir otras nuevas; una propuesta de reflexión para descubrir cuáles son las prácticas que es necesario revisar y cuáles reafirmar; una propuesta de transformación de la manera de entender la sociedad; una propuesta de construcción que requiere la destrucción de las cruces y de los mecanismos de crucifixión vigentes; en definitiva: una propuesta revolucionaria.
Este título es el lema del 23º Seminario de Formación Teológica, un espacio de reflexión y producción teológica que desde años viene apostando por “más humanidad” y que en Santiago del Estero, entre el 3 y el 9 de febrero de 2008, congregó a más de ochocientas personas provenientes de todo el país y países vecinos para constituirse como sujeto colectivo, como sujeto constructor de teología, como sujeto político. De allí, entre participantes y animadores invitados, organizadores y colaboradores de todo tipo, surgen las reflexiones, los aportes, las imágenes y las propuestas de trabajo que pueblan las siguientes páginas.
El eje central planteado es abordado desde cuatro temas específicos, que en permanente vinculación y articulación, constituyen núcleos en torno a los cuales se organiza la reflexión. Ellos son:
è Construcción política
è Culturas Juveniles
è Corporeidad
è ¿Qué hay detrás de cada teología?
Dios asume una parcialidad hacia el sufrimiento de las mayorías excluidas de nuestra historia, una opción a favor de la liberación de los pobres y contra la inhumana pobreza.
La misericordia debe traducirse en proyectos políticos, estructuras humanizadoras y acciones a favor de la justicia y la liberación. En definitiva en diversas praxis resucitadoras que bajen de la cruz a los pueblos crucificados.
No se trata sólo de bajar de la cruz, sino también de derribar las cruces que siguen en pie a la espera de nuevas víctimas, de desmantelar la maquinaria que produce nuevas cruces.
Organización del material
Más que reproducir y contar lo realizado, el desafío del presente material es ser una herramienta que les ayude en su trabajo cotidiano, ser un interrogante que los motive a la reflexión y discusión de sus prácticas, ser una pista que los oriente para seguir caminando, en definitiva, ser memoria que los acompañe en sus luchas por más humanidad.
Construcción Política / Para leer y comentar…
La gestión del Estado
Una particularidad y una responsabilidad de la construcción política desde el Estado es la preocupación por las mayorías desorganizadas. El Estado no puede esquivar a dar respuestas inmediatas pero tampoco puede quedarse solo en lo asistencial.
Luis Baronetto
El movimiento social creo que difícilmente llega como lo hace el Estado, por las posibilidades y recursos que éste tiene, lo que no es un dato menor. Las organizaciones sociales, si no tienen recursos no pueden ni organizar un plenario… El Estado tiene los recursos y tiene la obligación de ponerlos a disposición de la gente empezando por los que más necesitan. Desde mi punto de vista, el Estado debe favorecer a los movimientos sociales -y para eso hay que pelear internamente por el presupuesto necesario- pero también y fundamentalmente a los amplios sectores sociales de los que no se ocupa ninguna organización.
Herramienta capaz de hacer fuerza
¿Para qué vamos a hacer una construcción política? para tener una herramienta capaz de hacer fuerza, presionar, gestionar, instalar las demandas. Se habla mucho de “las bases…” Sí, es muy importante, es el dato fundamental: “despertar el entusiasmo a la militancia desde las propias necesidades de la gente”, pero teniendo conciencia de que no es el Movimiento Social “o” el Estado el que genera la construcción política sino que es el Movimiento Social “y” el Estado, articuladamente, en un proceso de respeto a las autonomías. Uno de los riesgos de la construcción política desde el Estado es la anulación del movimiento social, que lo chupe y lo constituya en un brazo propio, lo cual suele pasar, gracias a los vicios del clientelismo y esa suerte de vocación hacia el hegemonismo. No hay que tenerles miedo, hay que tenerlo claro nada más para ver de qué manera uno entra en este “barro turbio”, para ver de qué modo voy encontrándole la vuelta para acumular fuerza.
Demonización de la política
Sin duda que los reclamos y necesidades tienen un lugar que es el Estado, que es el que tiene la responsabilidad de dar las respuestas. El Estado va a dar las respuestas que les convenga a quienes ocupen los lugares del Estado. Si nosotros nos quedamos en nuestra casa y aceptamos que el puntero político venga y nos lleve a votar a fulano de tal, después a no llorar cuando hacen desastres. La alternativa es involucramos, ser conscientes de que lo que hagamos va a ser absolutamente imperfecto.
No es casual que el neoliberalismo nos haya demonizado la política diciendo que no sirve, que mejor que nos ocupemos de los comedores que es más sano, más santo. “No se metan, que la política la podemos hacer los que sabemos”. No es casual que nos hayan desmantelado el Estado: los hospitales públicos no sirven, las escuelas no sirven, la previsión social es una miseria, los jubilados cobran dos mangos… Es para decirnos que tienen que estar las AFJP para la jubilación. “Acá guarde su plata que en veinte años usted las va a tener” …y así les fue el otro día en la corrida de la bolsa y no quedó nada. Nos desmantelaron el Estado para decirnos que no servía, que no valía la pena pelear por él, que nos ocupáramos de otra cosa… “Sean solidarios, no busquen la justicia.”
Si no somos tan tontos, debemos darnos cuenta que no es casual que nos demonicen la política, el poder y el Estado. No les conviene que a nosotros nos interesen estas cosas. La principal crítica que he tenido en mis primeros años de militancia política –cuando era joven– era que no tenía ambición de poder. ¡Claro! Yo venía de formación cristiana y además estaba estudiando para cura donde el discurso era “hay que ser humilde”, “hay que dejar el lugar a los otros: yo atrás y los otros adelante”, “los últimos serán los primeros”, nunca ocupar un lugar, nunca disputar un espacio, nunca usar los codos porque los otros son hermanos… ¡No! ¡En la política se pegan codazos!
Nos desmantelaron el Estado para decirnos que no servía, que no valía la pena pelear por él, que nos ocupáramos de otra cosa… “Sean solidarios, no busquen la justicia.”
El “asalto” al poder
En la década del ’70 veíamos todo en términos absolutos, luego, la realidad nos enseñó que nada es blanco o negro. Decíamos que teníamos que “asaltar el poder”, tomarlo, y para eso teníamos que hacer una organización política, armada, porque entendíamos que desde ese lugar era posible implementar las transformaciones sociales que destruyera el sistema capitalista y así instaurar otro sistema más justo que garantizara la mayor calidad de vida de la gente.
La realidad nos mostró varias cosas: en primer lugar, que no nos alcanzó la fuerza para asaltar el poder -los otros eran más fuertes y nos hicieron “pomada”- y que el poder no estaba sólo en el Estado, sino que también había un poder en los gremios, las iglesias, las organizaciones, poderes sociales que podían instalar sus reclamos y demandas.

Construcción Política / Para leer y comentar…
Unidad, convencimiento y esperanza
Si estamos en este nuevo tiempo no es porque nos lo regaló alguien sino porque lo peleamos, aunque todavía no sepamos bien como lo vamos a resolver. Somos sobrevivientes de aquel ’76 y de la década de los ’90. Nosotros inventamos la CTA, otros inventaron otras cosas, pero todos salimos a la calle y explotamos en el 2001 para decir “¡Basta a este sistema perverso!” Nos juntamos y dijimos “¡otra humanidad es posible!”, “¡otra Latinoamérica es posible!”
Víctor De Gennaro
Ese 2001 abrió la puerta, éramos capaces de voltear el gobierno pero no pudimos capitalizar esa fuerza. Sabíamos lo que no queríamos, pero no estaba claro lo que queríamos. Éramos capaces de unirnos para decir “que se vayan todos” pero no para decidir quién viene. Eso es otra exigencia. Pasar del “no” al “si” exige un cambio cualitativo en nosotros: es construir sin subestimar nuestro propio poder.
El ser consciente de esa transición nos lleva a no delegar la construcción política. Las organizaciones sociales tenemos que hacer política explícita y conciente, y así como no los subestimamos a ellos, no subestimarnos a nosotros implica empezar a enfrentar nuestros problemas.
Éramos capaces de unirnos para decir “que se vayan todos” pero no para decidir quién viene.
Eso es otra exigencia.
Pasar del “no” al “si” exige un cambio cualitativo en nosotros:
es construir sin subestimar nuestro propio poder.
La unidad pendiente
Somos responsables de no hacer la unidad que tenemos que hacer, de no avanzar como quisiéramos. Esto significa animarse a creer en los otros, a construir esa unidad del campo popular capaz de constituir un poder para no solamente unirnos por el NO si no también unirnos por el SI. Tenemos una necesidad y tenemos una oportunidad.
No hay tiempo que perder en la unidad del campo popular. Todos decimos que hay que hacer la herramienta política, pero ¿cómo se hace? Todas las organizaciones populares en la Argentina hemos crecido en estos últimos diez años, pero hay que saberlo porque si uno no conoce no cree que se puede cambiar.
La política no es para grupitos, no tenemos que tener diez iluminados que nos digan qué es lo que hay que hacer. La política es de millones, hay que movilizar multitudes. Estoy convencido que somos millones porque conozco el país. Es clave saber que somos muchos y tenemos que ser muchos más, sentirnos orgullosos de lo que somos y convencernos que podemos ganar. Las revoluciones no las genera la injusticia, las construye la esperanza. Si fuera por injusticia, más injusto que todo lo que estamos viviendo… No es la explosión que conducen ellos, es la rebelión conducida por nosotros, todos, la esperanza de que se puede ganar.
La construcción del poder
En otra época pensábamos que teníamos que tomar el poder como si el poder estuviera en algún lado. Lo tomábamos porque era una insurrección, porque ganábamos las elecciones o porque ellos se lo olvidaban. ¡No! Nos cortaron los dedos. No lo dejan olvidado en ningún lado y están dispuestos a defenderlo con todo. Aprendimos que no se toma el poder, hay que construirlo. Es un proceso colectivo de construcción de poder en todos los órdenes y a toda hora. Es esa construcción la que nos permite creer que se puede ganar, es esa esperanza que me hace arriesgar y confiar en el compañero. No nos tenemos que juntar y hacer un frente “contra”. Para decir SI hay que juntarse con cosas más profundas; ya no alcanza con soportarse, hay que quererse. La verdad colectiva la vamos a construir con la verdad de cada uno. Ese proceso es nuevo, por eso no se hace de arriba hacia abajo. No se decreta la felicidad, hay que ser feliz en el camino. Si no aprendemos a ser felices en el camino nos habremos perdido una de las enseñanzas más importantes. Para construir una voluntad colectiva superior hay que animarse, pero no por decreto.
El proceso de humanización es la clave, por eso la construcción es de una manera distinta: es explicitar lo que queremos pero entre todos, es una nueva humanidad. Animarnos es arriesgarnos y uno se arriesga solamente por amor y no se arriesga si no cree que se puede ganar.

Construcción Política / Para leer y comentar…
Observaciones y límites a la construcción
Para que la construcción sea consistente es necesario poner los pies en la tierra y plantear objeciones a ciertos discursos idealistas que plantean que la construcción de poder popular es tarea grata y sencilla.
Enrique Hisse
La ingenuidad de creer que venimos de la nada
Suele haber cierta idea de creer que venimos de la nada, como si no fuera que tenemos simpatías, afiliaciones, deudas y afectos políticos. La mayoría del movimiento social se siente muy cómoda haciendo acciones de solidaridad, pero cuando se plantea entrar en política, no quiere romper el lazo político que tiene previamente. Cada uno tiene afiliaciones afectivas, laborales, de réditos o de intereses que solucionaron parte de su vida y encontró en el movimiento social un lindo espacio de solidaridad. El tema de no meterse en política porque es corrupta era una forma de decir “no quiero entrar en política porque ya estoy en política partidaria y eso me va a poner en contradicción con mi referente político”. Nosotros como militantes, tenemos nuestra historia y relaciones, contratos, réditos, amistades y familias. “Está muy lindo todo lo que se habla y se dice, pero ‘a mí me dio trabajo fulano, y yo estoy agradecido’”.
La fragmentación del campo popular
El movimiento social es una especie de práctica monovalente: la gente se agrupa por una necesidad específica, la gente lucha por los chicos de la calle, por las mujeres golpeadas, por problemas de género… se arman ciertos movimientos de demanda social frente al poder político y lo que buscan es satisfacer algunas de las demandas, nada más. Hay una proliferación de organizaciones sociales, pero muy fragmentadas y muy prejuiciosas y desconfiadas unas de otras. Tienen al poder político como interlocutor, pero entre ellos no se juntan ni hacen un análisis en conjunto. El movimiento social tiene un techo que la gente no quiere pasar porque se ha acostumbrado a luchar por su bandera, soluciona su vida, su trascendencia, su entrega a la comunidad y ahí está contento. De hecho, es imposible, o muy difícil, encontrar un común denominador que aglutine a todos.
Hay una proliferación de organizaciones sociales,
pero muy fragmentadas y muy prejuiciosas y desconfiadas unas de otras.
Tienen al poder político como interlocutor,
pero entre ellos no se juntan ni hacen un análisis en conjunto.
“¿Cuántas elecciones están dispuestos a perder?”
No se hace política sin una ambición de ganar, de querer el poder. Si no es así, ni se metan, porque de entrada los van a ver perdedores. ¡Vamos a ganar! …el tema es cuándo. No es lo mismo decir “ganamos en la próxima”, que “construyamos la herramienta”. Además, políticamente se construye yendo a elecciones. Entonces, a los candidatos, “¿Cuántas elecciones están dispuestos a perder?”. Una construcción política no es de hoy para mañana, es un cauce que la gente tiene que conocer y al que tiene que ir entrando, y para eso hace falta construirla con tiempo y perder elecciones una y otra vez.
Una construcción política no es de hoy para mañana,
es un cauce que la gente tiene que conocer y al que tiene que ir entrando,
y para eso hace falta construirla con tiempo y perder elecciones una y otra vez.
¿Con quién aliarse y con quién no?
La base no hace la revolución sola, aquí hay que ir con toda la sociedad, y en la sociedad hay de todo. Hay factores de poder con los cuales uno se puede aliar y otros factores de poder que no, pero son necesarios. Además, tienes que hacer alianzas o pactos. Una pregunta que suena estúpida pero encierra este planteo: al candidato, “¿vas a ir al programa de Tinelli?” Lo ve el 60% de la población… ¡Ojo! yo no estoy diciendo que vaya. Estoy de acuerdo con que no se trata de medios sino de empresas de comunicación, pero son las que te hacen conocer, te suben o te bajan el pulgar. Con una cosa que te sacan, te matan. Hay que tener picardía, hay que tener una capacidad de alianzas, pero ¿con quiénes?
También hay que ver que ciertas alianzas que es necesario hacer se las hace cuando tienes posibilidad de hacerlas, o sea, cuando esos factores de poder te ven con posibilidad de llegar. Mientras no tengas posibilidad de llegar, ni un periodista te mandan para hacerte el reportaje, o te lo mandan y no te sacan, y si te sacan tergiversan la cosa, porque esas son las reglas del juego.

Construcción Política / Para leer y comentar…
Herramientas políticas para la transformación
La lucha política no es simplemente por la inclusión, hay que ponerle nombre y apellido: es por la transformación del sistema económico y por la erradicación de los modos de explotación capitalista, de lo que llaman ahora capitalismo tardío o capitalismo financiero global.
Néstor Míguez
¡Pongámosle nombre al opresor!
Podemos hablar de neoliberalismo, de sistema, pero se trata del viejo y conocido sistema dominante capitalista, aunque ahora en una nueva versión actualizada, sofisticada y globalizada. Está de moda decir que no hay derecha ni izquierda y que solo hay buenos y malos modos de gestión. Yo les digo: el capitalismo es malo y de derecha; no lo digo porque se me ocurre o desde una ideología, lo digo del lugar de más humanidad que planteamos en nuestro lema, porque el capitalismo tiene por objeto incrementar el capital, no incrementar la vida humana.
La vieja pesadilla que aparece en los cuentos de ciencia ficción de que el hombre inventa la máquina y después la máquina termina dominando al hombre, ¡desde hace más de un siglo es realidad!: inventamos el capitalismo y él mismo está dominando al hombre: la máquina de acumular dinero es más importante que la de producir vida. Si hay que sacrificar vida para acumular dinero, se hace. Por lo tanto, no es desde una posición ideológica, desde un marxismo trasnochado o lo que sea que hago este planteo, es desde el lema que desde los pueblos crucificados vamos por más humanidad que no podemos buscar la inclusión en el capitalismo. Lo que necesitamos es la transformación que vuelva a poner el ser humano, nuestra vida, en el centro de las decisiones. Y no se puede la misma sin herramientas políticas. No es un conejo dócil el capitalismo, no lo vamos a matar “de un hondazo”: es necesario ir construyendo otras posibilidades. Sin intentar crear un sueño vano, hacerlo desde abajo pero también en relación con muchos otros, las fuerzas que puedan empezar a erosionar lo que es el sistema capitalista financiero mundial. No soñemos el viejo sueño de que “se va a caer solo”; habrá que ponerle el pie para que se caiga y ese pie solo se puede poner con construcción política, con acumulación de una fuerza lo suficientemente desequilibrante como para poder contrarrestar la acumulación de fuerzas que hace el capitalismo en el plano económico y en el político.
No soñemos el viejo sueño de que “se va a caer solo”; habrá que ponerle el pie para que se caiga
y ese pie solo se puede poner con construcción política,
con acumulación de una fuerza lo suficientemente desequilibrante
como para poder contrarrestar la acumulación de fuerzas
que hace el capitalismo en el plano económico y en el político.
Esto lo digo desde la teología, desde ver que cuando Jesús dijo “Dios o Mamón”, el capitalismo respondió “Mamón”, pero nosotros decimos “el Dios de la Vida, el de Jesucristo, el Dios de la esperanza y de la justicia”. En esa opción estamos.
Es necesario construir una herramienta transformadora en la dimensión de la lucha política que sea apta para la confrontación en la “cancha política” que hoy está “marcada” por los modos democráticos formales. Nos guste o no, ellos han puesto las reglas del juego y por el momento hay que jugar dentro de esa cancha, después veremos… Hoy tenemos que resolver los temas de la construcción política en estos momentos y en esta cancha.
La visión
Avanzando un poco más, no basta con decir “vamos a construir una herramienta apta para la lucha política”, también hay que saber a dónde vamos con esa lucha porque no es decir “el capitalismo es malo”. Hay que empezar a pensar qué cosas producen vida, qué fuerzas, qué símbolos, qué elementos vamos juntando -personales, sociales, desde nuestra fe, nuestra solidaridad- en la construcción de una capacidad transformadora. Aquí voy a introducir algo desde mi perspectiva teológica y que es una idea, una expresión de la teología, que es la palabra de la visión: los profetas tenían visiones.
Distingo entre visión y utopía. Tener utopías no está mal, pero la utopía de alguna manera también es una forma medio cerrada: yo me dibujo un ideal y después trato que la sociedad se conforme a ese ideal que dibujé y lo que no se conforma a ese ideal, va quedando afuera. Pienso en la visión del primer gran profeta liberador, llamado por Dios, Moisés. El no tiene una utopía, tiene una visión: está en el medio del desierto cuidando ovejas y de repente ve una llama de fuego que le llama la atención y una voz que le dice: “Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de tus ancestros, he venido para liberar a mi pueblo y llevarlo a una tierra donde hay leche y miel para todos”… ¿Qué utopía, qué dibujo tenía? Ninguno, pero tenía una visión. Tuvo un llamamiento al cual responder. Y lo que eso fue, es en el camino que lo va descubriendo y lo va descubriendo con luchas, con rebeldías, con enojos; lo fue descubriendo donde por momentos el pueblo se le rebelaba y quería volver a Egipto porque decía que allá había carne y cebolla en vez del maná del desierto… pero había una visión y una promesa que lo movía.

Construcción Política / Para trabajar en comunidad…
Hacia un debate político
1. En pequeños grupos, comentar las preguntas y elaborar afiches con los principales acuerdos y desacuerdos.
v ¿Qué herramientas son necesarias para la construcción política?
v ¿Cuáles ya descubrimos como presentes en nuestro accionar, teniendo en cuenta las posibilidades, límites, condiciones y estrategias propias?
Los siguientes afiches pueden ser un punto de partida, ya sea para rescatar ideas con las que el grupo coincide, como para entrar en debate con ellos.


2. Entre todos, luego de poner en común la producción de los pequeños grupos y seguir conversando:
v ¿Qué fuerzas nos ayudan para transformar las realidades sociales en símbolos convocantes para la construcción política?
v ¿Cómo resolver en el campo popular las contradicciones que nos establecen el capitalismo como sistema económico y político?
Nuevamente, algunos posibles puntos de partida pueden ser:



3. Plantear un debate entre posiciones diferentes sobre la construcción política y sus estrategias.
Se pueden armar grupos a elección de los participantes o retomar los grupos anteriores. Cada grupo en principio asume una posición dada a partir de los siguientes textos y la defiende antes los demás. A medida que avanza el debate, cada grupo va incorporando sus propias ideas dejando de lado, si lo cree conveniente, las afirmaciones de los textos de referencia.
La dinámica puede variar según la cantidad de personas y el tiempo disponible: se pueden ir planteando algunos ejes acordados previamente y que todos los grupos los aborden sucesivamente, seleccionar frases clave de los textos para discutir sobre ellas, elegir situaciones concretos de la propia realidad y trabajar sobre qué dirían al respecto desde cada perspectiva, limitarse a un solo punto central, elegir sólo dos de las posiciones planteadas y hacer un ida y vuelta más directo, etc.
Facilita el desarrollo del debate hacer pausas para que el grupo se ponga de acuerdo en qué decir, dar tiempo fijo para las exposiciones de cada grupo, buscar una figura de moderador, etc. Una variante es incluir cierto número de observadores que no defiendan alguna posición, sino que al final opinen –o voten a modo de jurado- sobre cuál les pareció más convincente y porqué.
Si se le quiere dar más importancia al debate es conveniente hacerlo sólo, es decir, sin realizar los pasos previos y posteriores (1, 2 y 4). En contrapartida, en otra oportunidad se pueden realizar el resto de la dinámica sin entrar en este debate.
Optimismo y compromiso político
El optimismo ganador en la política es un poco anterior a la esperanza cristiana, es más inmediato, porque tenemos que resolver los problemas hoy y mañana, no esperar a que alguien transforme la realidad y destruya el sistema capitalista porque no se va a destruir. La experiencia indica lo contrario, que se consolida cada vez más si no hay fuerzas resistentes que provoquen los cambios sociales. Ese necesario optimismo ganador es una condición para entusiasmarse en alguna construcción política, sabiendo que se corre el riesgo de reducirse a un armado electoral, con lo cual alcanzamos a ganar una elección o poner un diputado. A lo mejor, un armado electoral ayuda a plantar algunas bases para una construcción política, pero una construcción política devenida sólo en armado electoral, lo más probable es que termine en la nada.
Luis Baronetto (Ver aporte “La gestión del Estado” - Página 16)
La recuperación del a política
Es estratégico recuperar nuestra palabra POLITICA -con mayúscula- que es lo que nos llevó a militar en cualquier actividad, es la construcción de poder para algo. Política no es sólo lo electoral y la cosa puerca, es construir el poder que necesitamos para hacer lo que creemos necesario e imprescindible.
El poder no es asexuado: hay poder para jodernos y poder para liberarnos, hay quien construye poder para una cosa y quienes construimos poder para otra. Hay que ponerle nombre y apellido, sin tanta vuelta: Un capitalismo que nos plantea el suicidio de la humanidad, que sobramos; que uno es feliz siendo lobo del hombre.
Víctor de Gennaro (Ver aporte “Unidad, convencimiento y esperanza” - Página 17)
Cuestionamientos a los políticos
“Cuando pasas a ser político ya pasas al bando de los corruptos”. A mí me lo dijeron. Los espacios políticos tienen límites y hay que negociar, no solamente con los que vienen de movimientos sociales sino con otros factores de poder que también influyen y presionan. Compartimos los mismos ideales, el mismo pastor, pero cuando hay elecciones “vos sos el demonio y yo soy Dios”: ¿Cómo hacemos cuando pertenecemos a un mismo movimiento social y después tenemos direcciones políticas distintas o adhesiones o decisiones políticas adversarias y no podemos articular alianzas porque estamos en veredas opuestas? ¿Cómo hacés dentro de tu partido político que ahora sos parte del sistema junto con otros que no tienen su procedencia pero sí los vicios de la política? Además, sabiendo que sin ellos tampoco podrías existir…
Enrique Hisse (Ver aporte “Observaciones y límites a la construcción” - Página 18)
La centralidad del espacio político
Mientras pensamos en educación alternativa o en educación popular, nuestros jóvenes y nosotros mismos somos educados por los sistemas formales de educación. Algo parecido sucede en temas de salud, ambiente, trabajo, economía y todo lo que hace a la esfera pública. Si no tenemos una herramienta política en el ámbito donde se deciden estas cuestiones, donde se juegan los poderes del Estado, donde se formula, se controla y se da seguimiento -o no- a la ley, nos quedamos sin posibilidad de construir verdaderamente y solamente nos quedamos en lo “alternativo”, que es necesario y que no tenemos que dejar de hacer. Necesitamos una herramienta política que incida en las decisiones políticas, porque finalmente es el aparato político el que toma las decisiones que conforman la legalidad. Si no podemos incidir allí nos quedamos sin instrumentos a la hora de resolver las cuestiones y seguiremos trabajando –aunque no lo digamos– marginalmente.
Néstor Míguez (Ver aporte “Herramientas políticas para la transformación” - Página 19)
4. Cerrar el encuentro con un momento de celebración. Como símbolo de la construcción de la sociedad se puede utilizar la tierra, que trabajada propone unión, progreso y crecimiento.
Se puede dar un momento para compartir las impresiones personales sobre la experiencia realizada de poder encontrarse con la política y reconocerse como parte de una construcción política colectiva.