Memoria del

23 SEMINARIO DE FORMACIÓN TEOLÓGICA

La Juntada

 

Santiago del Estero, 3 al 9 de febrero de 2008

Piedras 575 PB (1070) Cap. Fed. (011) 4345-4774 (011) 4342-0869

sft@nuevatierra.org.ar - www.sft.org.ar

 

Desde los pueblos Crucificados

¡¡ Vamos por más Humanidad !!

 

Contenido

 

Presentación

è     Desde los pueblos crucificados Vamos por más humanidad

La Juntada

è     Entrecruzamiento de la producción teológica

è     ¿Cómo hacemos para humanizar?

Producción simbólica

è     Construcción de la “Nueva Ciudad”

 

è     El Seminario en imágenes

 

Editor responsable:

Coordinación del Seminario de Formación Teológica

 

Producción:

Gerardo Duré / Marta Manterola / Lucas Spigariol

 

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La Juntada / Para trabajar en comunidad…

 

Entrecruzamiento de la producción teológica

 

1.       Armar cuatro pequeños grupos y distribuir las temáticas. Leer en cada uno la siguiente síntesis  y comentarla (se puede ampliar leyendo los aportes de las páginas anteriores)

 

Culturas Juveniles

è     La deconstrucción de las prácticas juveniles tomando la distinción entre lo humanitario y lo humanizante como criterio fundamental de análisis de las mismas.

è     Lo humanitario como aquello que, desde un paradigma objetivante, asistencialista y paternalista, genera dependencia y -en última instancia- no transforma las relaciones sociales.

è     Lo humanizante, contrariamente, como aquellas prácticas que parten desde los sujetos y favorecen procesos de autonomía y transformación.

è     Las propias prácticas de los jóvenes como punto de partida.

è     Desde una mirada teológica que toma como punto de referencia la práctica del Jesús histórico, una amplia consideración de las interpelaciones del contexto que configuran el marco de las prácticas juveniles.

è     Aportes metodológicos para la humanización de las prácticas humanitarias, como herramientas para la participación de los jóvenes en sus propios territorios.

 

Construcción política

è     Posibles herramientas políticas para la construcción y el descubrimiento de las ya existentes, teniendo en cuenta posibilidades, límites, condiciones y estrategias.

è     La importancia del debate sobre la construcción política desde la gestión del Estado.

è     Desde lo teológico, la Palabra de Dios de Éxodo cap. 3 “Yo he oído el clamor de mi pueblo y he bajado a liberarlos de quienes lo oprimen”.

è     La construcción de la unidad latinoamericana desde la diversidad.

è     Reafirmación del compromiso en la defensa de la vida, acompañando las luchas de las comunidades cristianas por la justicia.

 

Corporeidad

è     A partir del texto bíblico de Números 11-12 sobre Miriam, los ejes de modelos de liderazgo, profetismo y género.

è     Cómo romper modelos impuestos y el patriarcado.

è     Los crucificados y la relación con los crucificadores, el contexto político, los intereses detrás de cada grupo, los roles de género, el enojo, la misericordia y la justicia en función a los sacrificios de los cuerpos.

è     Desde el texto bíblico de Reyes 4, centrado en la historia de la viuda que se había quedado sin aceite, cómo construir más humanidad y generar milagros cotidianos.

 

¿Qué hay detrás de cada teología?

è     Símbolo del mate: la yerba, el agua y el cebador/a, y la pregunta disparadora: “¿Qué hay detrás de cada uno de estos elementos?”

è     La construcción del conocimiento y su relación con el poder.

è     La misericordia en la persona de Jesús y elementos para la hermenéutica de los textos.

è     Historias de vida de los participantes: detrás de cada teología hay también historias de vida, contextos, situaciones, conflictos.

è     Reconocimiento de la diferencia y los mecanismos de distorsión/enriquecimiento entre el hecho histórico y su interpretación presente, teniendo a la memoria como mediadora.

è     La teología clásica, hecha por varones, célibes, blancos occidentales, y sus diferencias con una teología hecha desde la vida, teniendo a todos y todas como sujetos hacedores.

 

2.       En cada grupito relacionar lo leído con las correspondientes producciones creativas, buscando semejanzas, diferencias y nuevas miradas.

 

v      ¿Qué sensaciones o comentarios despierta?

v      ¿Qué nuevos elementos aportan estas expresiones?

v      ¿Qué otros elementos podrían rescatar para enriquecer las expresiones y transmitir las ideas centrales de cada tema?

 

Corporeidad

Una expresión corporal en la que aparece una distribución del grupo en roles como crucificados, crucificadores. Cada uno va reconociendo su propio cuerpo. El grupo de crucificados se va levantando poco a poco, algunos no pueden y necesitan ayuda. Al levantarse reconocen enojos, broncas, impotencias hacia los crucificadores, que se expresan mediante gritos. Reconocen que quienes están al lado transitan para estas injusticias y los padecen con gran intensidad. Al final, se unen todos en un abrazo fraternal como la única forma de hacernos fuertes para seguir caminando por más humanidad

 

 

Culturas juveniles

 


La murga

Somos del seminario

más conocido del mundo entero

venimos humanizando

a los jóvenes de cada pueblo.

 

Tenemos mucha potencia

para enfrentar a la sociedad

con este grito de adentro

les venimos a revelar.

 

Vamos por humanidad,

humanidad, humanidad.

 

y llegó el día martes

todos llegamos un poco tarde

hubo dolor de panza

muchas llamadas a la ´   ambulancia

 

Pero igual trabajamos

sobre la praxis de humanidad

el joven y el contexto

estaba todo expuesto acá

 

Involucrate por la igualdad

si hacemos ruido nos van a escuchar

resucitemos con la humanidad

arriba que vamos por más.

 

 


Construcción política

Representación del colectivo de Construcción Política, pancartas y una consigna principal: “Construyendo la unidad latinoamericana desde la diversidad ¡Vamos por más! Reafirmamos nuestro compromiso para acompañar las luchas por la defensa de la vida: El hambre es un crimen, ni un pibe menos”.

 

 

¿Qué hay detrás de cada teología?

Representación teatral a partir del signo del mate, planteando lo que hay detrás de la producción: la vida de las personas que trabajan en la cosecha, las injusticias y la movilización social.

è     Para preparar el mate hace falta la yerba, mezcla de texturas, tamaños, edades, culturas, producto del trabajo de uno y de muchos, saberes que se transmiten, conocimiento cotidiano, tiempo, paciencia, selección.

è     El agua debe impregnar lentamente la yerba. Su secreto es encontrar la temperatura justa par sacar de la yerba su mejor sabor. El agua es palabra de Vida, es el fluir de Dios que llega desde la memoria que se encarna… Misericordia, no sacrificios… Humanidad, actualidad, divinidad, el agua es memoria individual y colectiva.

è     El cebador une yerba y agua de una forma creativa, nueva. Hace pensar, elegir, juega ensayos para dar a conocer a Dios desde el hombre. El cebador construye. No hay teología sin construcción colectiva que invite a soñar.

è     Detrás de cada teología hay muchas historias, muchas memorias, muchos modos de vida y modos de vivirla desde una profunda humanidad.

 

 

3.       Armar nuevos grupos, mezclando los integrantes de los grupos anteriores, y poner en común las ideas de cada tema relacionándolas con el tema central: “Desde los pueblos crucificados Vamos por mas humanidad”

 

v      ¿Qué enfoque o mirada del lema nos aportó el trabajo de cada tema?

v      ¿Qué preguntas nos quedan abiertas?

 

Elaborar nuevas preguntas a modo de síntesis.

 

4.       Poner en común las preguntas elaboradas en un clima de celebración y plantearse entre todos pasos a seguir

 

v      ¿Cómo podemos hacer?

 

Expresar sintética y contundentemente las principales conclusiones, desafíos, sueños y propuestas para el futuro.

 

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La Juntada / Para leer y comentar…

 

¿Cómo hacemos para humanizar?

 

El siguiente texto presenta tres grandes ejes, planteados en forma de preguntas y surgidos a partir de otras preguntas, que atraviesan y articulan los diferentes temas por donde circula la producción teológica. Son interrogantes no sólo para cuestionarse y reflexionar sobre las propias prácticas, sino sobre todo para animarlas, potenciarles y darles más sentido transformador.

El primer eje es acerca de los “cómos”, las estrategias, las formas de poder alcanzar las metas, el pasar a la acción y en particular a la acción política. Otro es en relación al significado y las implicancias de “poner el cuerpo”, en diferentes situaciones y contextos. El último tiene que ver con el involucramiento como iglesia y como iglesias, con cuestionamientos en algunos casos bastante fuertes sobre su situación, en vistas a una profundización de su camino de humanización.

 

¿Cómo? Una pregunta peligrosa

Néstor Míguez

 

La mayor parte de las preguntas que nos hacíamos empezaba con “¿Cómo…?”, “¿Con qué herramientas”,  “De qué manera”. Ya no eran preguntas del estilo de: “si los cristianos debemos o no involucrarnos en política”, tampoco preguntas acerca de “por qué”. Es como que tenemos asumido que sí debemos, que tenemos los porqué, y ahora empieza la etapa de cómo lo hacemos. Se percibe la convicción de que es necesario encontrar formas concretas de pasar a la acción, a la acción conjunta, a la acción colectiva.

Dentro de estas inquietudes por el “cómo” es muy clara la necesidad de ir más allá de los espacios cerrados, de no quedarse en el reclamo chiquito y en la cuestión puntual: “¿cómo articulamos?”, “¿cómo coincidimos?”, “¿cómo construimos junto con otros?”. Aparece también la inquietud y vivencia de jóvenes, obreros, campesinos, indígenas, mujeres, en búsqueda de cauces de confluencia con capacidad transformadora y fuerza de cambio, sin perder su especificidad, su perfil propio, su identidad.

El “¿cómo?” es una pregunta peligrosa porque la primera tentación es empezar a responder con recetas: “una construcción política se hace con tres tazas de harina, dos huevos…” ¡No! No hay ninguna receta fija. La tentación del “¿cómo hacemos?” es que cada uno da la receta que encontró y la quiere aplicar a todas las situaciones.

También es una pregunta peligrosa en otro sentido, porque cuando uno pregunta “¿cómo se hace esto?” es porque quiere pasar a la acción. Ya no se conforma con lo que viene haciendo y quiere hacer alguna otra cosa. Es peligroso para quienes quieren mantener todo como está. Uno empieza a preguntar cómo ir mas allá de lo que está haciendo ahora, cómo entrar en una nueva etapa, un nuevo compromiso. Es peligrosa porque demuestra la disposición a actuar, a arriesgarse, a probar nuevas formas. Muestra que se empieza a perder el miedo. Si uno tiene miedo, no pregunta “¿cómo hago?”. En todo caso pregunta “¿cómo escapo…?” que no es el caso. Cuando uno pregunta por el cómo es que perdió el miedo y está empezando a plantearse el deseo, la posibilidad de hacer algo más.

 

El “¿Cómo?” es una pregunta peligrosa porque demuestra la disposición a actuar, a arriesgarse, a probar nuevas formas. Muestra que se empieza a perder el miedo.

 

Lo importante es que eso es humano. Cuando decimos “vamos por más humanidad”, estamos planteando el riesgo de la propia fragilidad, de la necesidad de explorar cosas, de aventurarse en lo que es propio de nuestra condición humana. Esto implica cierto nivel de inquietud, de inseguridad, de riesgo, y es empezar a reconocer el otro, a buscar los acuerdos y asumir las diferencias. Cuando pregunto “cómo hago para construir con otros”, es que estoy queriendo romper la barrera que me aísla del otro, que me separa, y empezar a buscar los acuerdos.

Asumir las diferencias no es una humanidad abstracta ideal, no vamos por un ideal humano, vamos por la humanidad concreta que va a estar presente con toda su carga de angustias y temores, sus fuerzas, su búsqueda de libertad, sus esperanzas, sus errores y sus diferencias, en esos acuerdos y construcciones que tenemos que asumir para poder pasar a la acción, para construir esta humanidad más plena por caminos de libertad.

Detrás del “cómo pasar a la acción”, escondida, también hay preguntas teológicas: ¿qué teología me permite pasar a la acción y hacer acuerdos con quienes piensan distinto? Porque hay algunas teologías que no les gusta nada que tenga que ver con acción ni mezclarse con los que son diferentes.

 

Detrás del “cómo pasar a la acción”, escondida, también hay preguntas teológicas: ¿qué teología me permite pasar a la acción y hacer acuerdos con quienes piensan distinto? Porque hay algunas teologías que no les gusta nada que tenga que ver la acción ni mezclarse con los que son diferentes.

 

v      ¿Cómo articular, construir espacios de comprensión y compromiso mutuo, superar la fragmentación y encontrarnos mutuamente para ser más y más abiertos y más transformadores en nuestra búsqueda de más humanidad?

 

 

“Poner el cuerpo”

Mercedes García Bachmann

 

Muchos de los interrogantes que circulaban tenían que ver con “poner el cuerpo”, con lo corporal, con cada uno y cada una de nosotros y nosotras, pensando de qué manera ponemos el cuerpo en actitudes concretas para contestar la pregunta anterior, sobre el “cómo”. 

Ese “poner el cuerpo” puede ser en espacios de poder, puede ser para correr o derribar barreras eclesiásticas, políticas y económicas, puede ser en el proceso de encuentro personal con otro ser humano diferente a mí o puede ser desde el miedo de arriesgarse.

Lo que a mí me parece muy importante como aporte para la discusión, es que pensemos que “cada cuerpo es diferente”. Es decir, cuando pensamos en “poner el cuerpo” para la acción política, para la acción de denuncia, para la acción evangelizadora, para la acción de la misericordia hacia un hermano o hermana, para la acción del encuentro con otra persona, para lo que sea, no es lo mismo un cuerpo que otro. No es lo mismo el cuerpo bien alimentado o aceptado socialmente, que el cuerpo sospechado, como por ejemplo dice esa expresión de ser “portador de cara”. No es lo mismo poner el cuerpo cuando es el cuerpo de alguien que come todos los días, tiene acceso a un buen descanso, con buena salud y necesidades cubiertas, que el cuerpo de quien pasa hambre, está enfermo, desnutrido, está en una cárcel o ha sido torturado o traficado. No es lo mismo el cuerpo del niño que de la niña, de los jóvenes, los adultos o los ancianos.

 

Cuando pensamos en “poner el cuerpo” para la acción política, para la acción de denuncia, para la acción evangelizadora, para la acción de la misericordia hacia un hermano o hermana, para la acción del encuentro con otra persona, para lo que sea, no es lo mismo un cuerpo que otro. No es lo mismo el cuerpo bien alimentado o aceptado socialmente que el cuerpo sospechado.

 

Esto tiene sus consecuencias también en la teología, porque no es lo mismo un ser humano que otro, hay gran diversidad de crucificados y crucificadas a partir de las cuales queremos ir por más humanidad. Hay ciertos grupos formados por edad, elección sexual, género, condición étnica o clase social, que por el sólo hecho de pertenecer a ellos sufren una cantidad de prejuicios, de perjuicios, de persecuciones y de violencias. Por lo tanto, la teología no debería preguntar simplemente “cómo pongo el cuerpo” sino “qué clase de cuerpo soy y qué clase de cuerpo pongo para qué clase de proclama, de  servicio, de evangelio”.

Cuando pensamos acciones concretas y maneras de poner el cuerpo para más humanidad, tenemos que animarnos a empezar a explorar esas diferencias y a preguntarnos qué cuerpos, aun dentro de nuestra propia iglesia, de nuestro propio barrio o del ambiente donde nos movemos, están siendo aceptados y qué cuerpos tienen mucha más dificultad para su acceso, para sus derechos, para escuchar el mensaje y demás.

La ultima razón que quiero dar por la cual esto es importante es porque Dios eligió hacerse cuerpo. Dios eligió hacerse ser humano para anunciarnos misericordia y no castigo, misericordia y no sacrificio. La manera más concreta que utilizó para anunciarnos que le importa el cuerpo, el ser humano y todo lo que nos pasa, es justamente haciéndose ser humano. El cuerpo importa -debe importarle- a la teología; cada cuerpo con sus características, sus sufrimientos, sus anhelos y su historia.

 

v      ¿Qué significa poner le cuerpo?

v      ¿Qué cuerpo nos imaginamos o percibimos?

 

 

Humanizar la Iglesia

Ezequiel Silva

 

La pregunta fundamental que se planteó fue “cómo humanizar la iglesia”. Comparto la “peligrosidad” del “cómo”: en la iglesia esta pregunta se ha resuelto más en el orden de las recetas hechas, que en una praxis creativa, original y arriesgada. Creo que esto también expresa un sentir común de todo el colectivo que estamos haciendo teología, sobre que otra iglesia es posible. Sentimos que hay muchos ministerios episcopales impresentables, muchas teologías insoportables y muchas estructuras pastorales ya prácticamente inservibles. Eso nos molesta, nos cuestiona y hace que comencemos a pensar realmente con radicalidad ¿qué iglesia queremos? ¿hacia qué modelo de iglesia caminamos?

Me parece que estamos de acuerdo que el modelo de iglesia tiene una identidad utópica que no se resuelve en ninguna iglesia en particular; compartimos como horizonte común lo que en la tradición cristiana llamamos “Reino de Dios”, desde la praxis de Jesús. Creemos en un modelo de iglesia que busca la vida abundante para todos, la plenitud de vida, y sabemos que su construcción implica ciertamente la lucha, el riego y las apuestas.

Hay como un horizonte común que intuimos en el colectivo hacedor de teología que somos, pero es verdad que también las identidades, por más que tengan inspiración utópica también tienen una concreción histórica y eso es lo que hoy en día a muchos nos molesta. Hay cierto malestar e incomodidad con la concreción histórica que la identidad de la iglesia ha logrado en muchos lugares de nuestro territorio y de América Latina. La construcción de la identidad de la iglesia, justamente como es histórica y no solamente tiene una inspiración y un horizonte utópico, tiene una dimensión de desgaste, una dimensión agónica que se sufre como en carne propia.

Otra cuestión muy importante es que hay un acuerdo en que lo cristiano nos tiene que servir para plenificar, ensanchar y profundizar lo humano. Una cosa son los medios y otra cosa son los fines. El fin es humanizar. Creemos que el medio que más libremente y plenamente nos lleva hacia el fin de humanizar es el Evangelio de Jesús. Dios se hizo hombre, no se hizo Dios para auto complacerse. Entonces, lo humano es la finalidad de lo divino. Es el movimiento de la encarnación de Dios. El problema que nos trae esto a nivel eclesial, lo que nos pica y causa por ahí el malestar que se expresaba en las preguntas, es que durante siglos ha sido al revés: lo humano estuvo al servicio de ensanchar y extender lo cristiano, a costa de pueblos, de cuerpos, de subjetividades, de culturas, de proyectos históricos. Ya se sabía lo que era Dios y la iglesia y desde una mirada estática de lo cristiano, lo humano tenía que estar a su servicio. Así se fueron suprimiendo los cuerpos, las identidades y los proyectos históricos de los otros.

 

Lo cristiano nos tiene que servir para plenificar, ensanchar y profundizar lo humano.
Una cosa son los medios y otra cosa son los fines. El fin es humanizar.
Creemos que el medio que más libremente y plenamente nos lleva hacia el fin de humanizar
es el Evangelio de Jesús.

 

Estamos en el despertar de un proceso de trayecto largo, cargamos con una tradición bimilenaria donde lo humano estaba al servicio de lo cristiano, y no viceversa. Estamos frente a un paradigma que hay que subvertir, revertir, en un momento histórico como el que transitamos desde algunas décadas, que en la historia de la iglesia es relativamente poco. Somos parte de un proceso desde lo que vivimos en nuestras comunidades, con muchas experiencias liberadoras y prácticas humanizantes. Estamos viviendo un proceso de cambio de modelo, un cambio en la forma de pensar lo humano y lo cristiano en el seno de la iglesia.

¿Cómo pasar de una iglesia humanitaria, a una iglesia humanizante? Y cuando decimos una iglesia “humanitaria” no se trata de una iglesia humanitaria hacia afuera, por las acciones solidarias o de caridad que realiza. La iglesia también hacia adentro es muy humanitaria en sus estructuras clericales, en sus modelos de conducción verticalitas, en las gestiones y distribución del poder. Entonces ¿Cómo hacemos realmente el proceso de cambio? ¿Qué medios? ¿Con qué instancias creativas, originales, comunitarias? ¿Qué mediaciones podemos generar o pensar?

 

v      ¿Cómo seguir profundizando y articulando mediaciones que estén al servicio de un proceso de humanización de la iglesia?

 

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Producción simbólica / Para observar e interpretar…

 

Construcción de la “Nueva Ciudad”

 

La “Nueva Ciudad” recupera la producción sobre cada uno de los temas, de una manera simbólica e interactiva, teniendo como base común la imagen de una ciudad, con su ritmo, sus lugares, su diversidad, su colorido, su imprevisibilidad, etc.

La invitación es a subirse al tren de la construcción política para abordar la diversidad de propuestas que ofrece la ciudad y detenerse en diferentes lugares a hacer experiencia. ¿Quiénes se suben?

 

 

è     Volantes con consigas elaboradas y consensuadas en el espacio, en la que se expresaba solidaridad y apoyo activo a la comunidad de Iguazú, apoyo a la comunidad santiagueña ante el reclamo de justicia y solidaridad con el movimiento de los “Chicos del Pueblo”.

è     Video del trabajo de los jóvenes, con música, movimiento, y testimonios.

è     Una radio abierta que comunica noticias buenas de acciones humanizantes que se están realizando en la ciudad.

è     Una manifestación popular y represión policial.

è     Caricaturización de los medios de comunicación que no contemplan lo que realizan la organizaciones sociales

 

è     Invitación a animarse a sumarse a la construcción política haciendo una humorada sobre prejuicios de la política.

è     “Fangoterapia”: Una propuesta de curación, recuperando el valor de la medicina natural, con barro para cubrir la cara y otras partes del cuerpo.

 

 

è     Un grupo de pibes que juega al fútbol en la calle es echado de distintas instituciones. Otros se van uniendo al partido con las reglas del juego callejero.

è     Una panadería, donde mezclando la harina y el agua, y amasándolo con las manos, se hacía pan en abundancia para todos. El funcionamiento de la panadería es como la construcción teológica: La harina representaba la realidad, el agua la presencia de Dios y el sujeto teológico se hace presente en quienes amasaban, en forma colectiva, poniéndole su propio estilo, sus gustos y costumbres, su toque de sabor original.

 

è     Representación teatral, mediante expresión corporal, con cintas de todos colores y música, que invitaba a reconocer el cuerpo, reconocerse y reconocer a los otros. Árboles que representan el cuidado de la naturaleza.

è     Instituciones, organismos públicos, edificios.

 

è     Un centro cultural callejero, con danzas y pinturas, que invita a expresarse, a vencer la indiferencia y el temor a darse a conocer.

è     La catedral cerrada.

 

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El Seminario en imágenes

 

Culturas juveniles

La propuesta es constituir sujetos que sean protagonistas en todos los ámbitos de la sociedad, con una mirada no desde el dolor o el sufrimiento, sino desde el amor, un amor político, conflictivo, que se traduce en justicia, que es clave para la construcción del proyecto de vida. La alegría, el compromiso, la militancia son aspectos fundamentales de la juventud que se expresan mediante la música, la murga y otras producciones simbólicas.

 

 

Construcción Política

La preocupación central gira en torno a los sujetos constructores de una política que contemple a todos los sectores marginados y que se referencie como parte de un pueblo con  una identidad política y una perspectiva latinoamericana. La dimensión colectiva de la construcción política es uno de las simbologías elegidas para expresar las ideas principales en torno a esta temática.

 

 

Corporeidad

La corporeidad plantea desafíos posibles para hacer realidad el poder bajar de la Cruz a tantos y tantas varones y mujeres desde la práctica del Jesús marginalizado y de la experiencia más profunda del Dios de la Vida. Es importante la resignificación de muchos sentidos sobre los sacrificios sobre los cuerpos y una mirada renovada sobre qué significaría misericordia y justicia en relación a ellos.

 

¿Qué hay detrás de cada Teología?

El acompañamiento de un proceso de “más humanidad” se da desde la pluralidad del pensamiento religioso. La propuesta es poder discernir cómo influyen las diferentes ideologías y teologías, cuáles son las sutiles líneas que nutren los fenómenos religiosos y que de alguna manera los habilitan y sostienen. El mate, con sus componentes fundamentales –el agua, la yerba, el/la cebador/a- y la historia que hay detrás de ellos, fue el signo central desde el que se aborda la temática.

 

 

El logo y el lema

El logo del 23 Seminario, con un estilo claramente latinoamericano, expresa con mucha fuerza las ideas de pueblos, de crucificados y sobre todo de humanidad, que conforman el lema. La imagen original fue realizada hace ya unos años por Pavel Egüez –muralista ecuatoriano- con motivo del Grito de los Excluidos.

 

 

Los grupos

Entre las variadas estrategias metodológicas que se desarrollan a lo largo de la semana del Seminario -talleres, aportes, plenarios-, mantiene su centralidad el pequeño grupo en el que se pone en común la vida, las experiencias y los puntos de vista de cada persona. El contacto cara a cara, el compartir cotidiano, el diálogo profundo son las bases de la dinámica de producción teológica.

 

La creatividad

Un aspecto característicos es sin duda la alta dosis de creatividad, de capacidad de síntesis y de de expresión simbólica que se pone de manifiesto. A partir de diferentes propuestas de trabajo los participantes sacan lo mejor de sí para expresarlo en múltiples producciones artísticas –gráficas, musicales, teatrales, corporales, literarias- que dan vida y sentido al Seminario.

 

 

Celebración y alegría

La alegría del encuentro, la fortaleza de reconocerse como compañeros de camino, la valentía de compartir opciones vitales, el desafío de trabajar codo a codo por más humanidad, la fe de ser hijos de un mismo Dios papá y mamá, encuentran en las celebraciones que se realizan a lo largo del Seminario el lugar privilegiado para hacerse presentes.

 


 

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