Circular del
Seminario de Formación Teológica
 Nº 13 SEPTIEMBRE 2005

 

Piedras 575 PB - (1070) Ciudad de Buenos Aires

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Desde los pobres

valoramos la materialidad de la vida

para ser libres

XXI Seminario de Formación Teológica

La Rioja – 5 al 11 febrero 2006

 

Contenido

 

La Rioja nos espera

 

Dice de nosotros el muy querido poeta José M. Paredes:

 

“Reconozco que somos casi todos

un poco soñadores y otros lerdos

más si llama la patria, todo cambia

la pachorra se vuelve encendimiento”

 

Nos gusto esto del “encendimiento”, porque así nomás fue: una llama que empezó a crecer, a extenderse, a contagiarse... y se nos encendieron los corazones... y brotaron las ganas y el entusiasmo, el compromiso decidido de recibirlos una vez más en nuestra ardiente tierra riojana.

Y nos pareció estupendo, trascendental, todo un símbolo, que junto a Uds. y con Uds. a 30 años del feroz Golpe de Estado del 76 y del asesinato de miles de compañeros y compañeras, entre ellos de Carlos, Gabriel, Wenceslao y Mons. Angelelli, hagamos memoria fecunda, transformadora del presente y constructora de una vida y futuro distinto para todos y todas. Y pensamos... también es tiempo en que la verdad comienza a revelarse y ya no puede ser negada ni acallada. Porque sus vidas y sus testimonios, su Martirio echan luz a la hora de asumir los desafíos y realidades actuales con fortaleza, discernimiento y lucidez.

Es verdad que nos queda poco tiempo pero también es cierto que estamos dispuestos a poner en su lugar movilización, organización, creatividad y mística. Esa fuerza y fervor interior tan necesarios para caminar con rumbo y sintiéndonos desde ya “hacedores del 21 Seminario de Formación Teológica”. Queremos asumir este compromiso, recuperando y valorando en cada quehacer y decisión, “LA MATERIALIDAD DE LA VIDA PARA SER LIBRES”.

¡Los esperamos! Créannos que haremos fuerza para que en febrero, afloje ese calorcito tan riojano, y si no puede ser así, que se nos meta en el corazón y nos haga renacer como la Chaya. Un abrazo fraterno

Hnos. y hnas. Riojanos

 

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 Aportes para leer, pensar y discutir

 

Pobreza, desarrollo y construcción de ciudadanía

Por Javier Iguiñiz

 

Les proponemos que pensemos juntos unas preguntas que se están debatiendo actualmente en el nivel internacional: ¿Qué entendemos por desarrollo? ¿Organizarnos, para qué? Extractamos esta síntesis del aporte de Javier Iguiñiz, quien está invitado para el próximo Seminario, en el marco del Encuentro Nacional de las Escuelas de Ciudadanía, organizado por el Centro Nueva Tierra.

 

El debate sobre el desarrollo y sobre la democracia es un debate en que las crisis, las derrotas, el desánimo y la dificultad para salir adelante están obligando a preguntarnos cuál es nuestro objetivo y tener en claro qué es lo qué queremos. Es muy importante converger a un objetivo, porque un pobre que no sabe lo que quiere es doblemente pobre. Alguien que no sabe lo que quiere está a la deriva, está a expensas de quien venga y lo engatuse o lo seduzca en cada momento. De esta manera, pensar en la concepción del desarrollo es una manera de decir qué queremos.

Podemos mencionar cuatro enfoques del desarrollo que tienen cada uno sus consecuencias. Para empezar, en el primer enfoque, pobre es quien trabaja mucho y consigue poco. En el segundo enfoque, es el que recibe mucho menos que otros similares a él en otras características. En el tercer enfoque, es quien no come suficiente, no tiene para vestirse adecuadamente o no logra educarse como querría. En el cuarto enfoque, pobre es quien no puede vivir como es, con su tranquilidad, su identidad, su apariencia, su raza, su cultura, sus causas, sus objetivos, con sus militancias políticas, culturales, religiosas; pobre es quien no puede vivir con esas identidades y no puede hacer aquello para considera haber nacido. Veamos ahora en más en detalle cada uno de ellos.

 

El desarrollo como aumento de productividad

Este primer concepto es muy conocido. En el desarrollo entendido como aumento de la productividad, se trata de aumentar el resultado del esfuerzo humano y la cantidad de cosas que uno produce en su trabajo. Consiste en ganar más pan con menos sudor; que con menos sufrimiento, cansancio y aburrimiento logremos lo que requerimos para vivir. Aumentar la productividad es aumentar el cambio técnico, innovar las herramientas, mejorar la organización del trabajo, que la tierra dé más, las fábricas también, que los sueldos mejoren, que la productividad aumente. Este es el enfoque que usualmente solemos tratar cuando tenemos proyectos de desarrollo cuando queremos ayudar a la gente a vivir mejor en base a su trabajo.

Se considera subdesarrollado a un país en donde hace falta trabajar mucho para conseguir algo; en un país rico se trabaja menos y se consigue más. Es pobre una persona que trabaja mucho y gana poco.

La gran pregunta es: ¿cuántas cosas produce el ser humano con su esfuerzo? ¿Cuántas cosas produce el ser humano con su habilidad, con su conocimiento, con su cultura, con sus máquinas, con sus tierras?

 

En el desarrollo entendido como aumento de la productividad, se trata de aumentar el resultado del esfuerzo humano y la cantidad de cosas que uno produce en su trabajo.

 

El desarrollo como equidad

El desarrollo como aumento de la productividad, ha sido materia de evaluación crítica. Una de las razones de esa crítica ha sido que, a partir del cambio tecnológico, la innovación productiva y la mejora en los métodos de organización, los países que logran todo eso retienen para ellos los beneficios de esas mejoras. Quien es más productivo tiende a tener más poder adquisitivo. Esa relación ha hecho que se concentre la riqueza en pocos países. Una de las principales explicación de la desigualdad económica entre países ricos y países es la concentración de los beneficios del progreso técnico, de la mejor tecnología, del mayor conocimiento, de la mejor organización, infraestructura, etc.

Este segundo enfoque del desarrollo surge en respuesta al anterior:  Desarrollo es aumentar la igualdad económica, mejorar la distribución del ingreso, que haya menos desigualdades en el poder adquisitivo de las personas. El desarrollo también tiene que incluir la equidad.

La gran pregunta de este enfoque es: ¿Cómo se distribuye lo producido?

 

Desarrollo es aumentar la igualdad económica, mejorar la distribución del ingreso, que haya menos desigualdades en el poder adquisitivo de las personas.

 

El desarrollo como satisfacción de las necesidades básicas

Repartir bien tampoco es suficiente, ya que se puedo “repartir” bien y todavía no “vivir” bien. En respuesta es este cuestionamiento surgió un tercer enfoque que es el de las necesidades básicas. El desarrollo como garantía de la satisfacción de las necesidades que se consideran básicas para la vida de todas las personas. Se empezó a pensar de otro modo la relación entre economía y calidad de vida, entre economía y derecho a la vida. Este enfoque requiere establecer cuánto necesitan las personas. Se supone que si la economía crece hay más productividad; se supone que si se reparte mejor la gente vive mejor. Pero no es lo mismo vivir mejor que vivir bien. Yo puedo estar mejor y no estar bien.

Nos vamos introduciendo en el tema de la vida, pero en economía hacemos nuestros análisis a partir del supuesto de que la gente “vive”. Nos interesa la gente que compite, hacemos una teoría de ganadores, no una teoría de los que van quedando en el camino.

La gran pregunta de este tercer enfoque es: Lo que se produce y reparte... ¿alcanza para vivir? ¿Qué quiere decir vivir bien?

 

El desarrollo como garantía de la satisfacción de las necesidades que se consideran básicas para la vida de todas las personas.

 

El desarrollo como ampliación de la libertad

El cuarto enfoque me es el que más conecta con el tema de la ciudadanía. El desarrollo como ampliación de capacidades nos dice que la vida humana debe ser evaluada, que hay que establecer su riqueza, su plenitud. Hablar de objetivos de la organización, de vivir mejor y más plenamente. En este caso, el desarrollo es ampliar las capacidades de la gente, consiste en la ampliación de la libertad, la realidad en la cual uno puede, con mayor probabilidad, dedicarse a lo que le gusta.

Si desarrollo quiere decir ampliar las cosas que podemos hacer, ampliar las posibilidades que tenemos de ser como queremos ser, subdesarrollo es aquella situación en la cual las personas no pueden dedicarse a aquello que les gustaría hacer. Subdesarrollo es la realidad de los países en los cuales las personas no pueden dedicarse a aquello que es su vocación, que es su gusto, que tiene que ver con sus habilidades, aquello que la sociedad o el pueblo le reconocerían como valioso o como su aporte. En el subdesarrollo uno no puede ser como quiere ser; tiene que esconder su identidad.

Ampliar la libertad es ampliar la gama de posibilidades de vivir que tiene una persona, la gama de maneras de ser y de posibilidades. Ampliar el horizonte. Ampliar las posibilidades que las personas tienen para escoger su manera de ser y su campo de acción. Una sociedad en donde no se puede escoger entre muchas cosas, no es libre. ¿Por qué puede no haber mucho que escoger? A veces por tener poca formación, por no haberse preparado. Pero muchas veces sucede porque hay discriminación.  Ampliar la libertad es acabar con discriminaciones, reducirlas.

Las capacidades son el abanico de posibilidades que se tienen para vivir. Pero no se puede hacer todo, por lo tanto hay que escoger, entre todas las posibilidades, aquellas en las que me voy a desempeñar. Capacidades no es lo mismo que habilidades. Habilidad es lo que uno es capaz de hacer en el sentido de que naturalmente le nace hacer algo, ha estudiado para hacer algo  o tengo el físico para hacerlo. Las habilidades corresponden a las personas. Las capacidades dependen de las personas y de las estructuras. Dependen de las oportunidades que abre o cierra la sociedad, del orden de la estructura social, de cuánto trabajo hay, de cuánta discriminación hay. Las estructuras ayudan a ejercer la libertad si es que abren posibilidades de trabajo a más gente, si es que no hay discriminaciones, si es que no hay prejuicios que a uno le cierren las vías para desempeñarse en la vida.

 

El desarrollo es ampliar las capacidades de la gente, consiste en la ampliación de la libertad, la realidad en la cual uno puede, con mayor probabilidad, dedicarse a lo que le gusta.

 

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 Hacia el XXI Seminario de Formación Teológica

 

Desde los pobres valoramos la materialidad de la vida para ser libres

 

Avanzando en el armado del próximo seminario, ya hay muchas ideas y propuestas en danza, interesantes, profundas, variadas, con matices. Algunas ya las habíamos comentado en ediciones anteriores, otras surgen de las evaluaciones y algunas más han ido surgiendo recientemente, como lo que publicamos en la nota anterior sobre “ampliarlas fronteras de la libertad”. Entre ellas, días atrás, reunidos en el equipo de Coordinación de los seminarios con los representantes de los lugares del país con mayor presencia en los seminarios, elegimos y le dimos forma a una frase para presentarla como lema, a manera de síntesis y expresión del tema central. La pueden ver como título de esta nota.

Este texto es una no acabada producción. Es un extracto de las conversaciones en la reunión de coordinación, donde fuimos dando pasos en la búsqueda de reflexionar desde la realidad, metiéndonos en la temática, proponiendo ideas y pistas para abordar este complejo tema. Nada está cerrado, estamos en camino, abiertos a la escucha de sugerencias y aportes.

Teniendo en cuenta las evaluaciones, vamos a continuar con el trabajo por espacios reforzando la articulación entre ellos. En principio serían los que presentamos brevemente en estas páginas.

 

La materialidad de la vida

 

No se es persona cuando no se tiene lo necesario para serlo. El desafío de valorizar la materialidad de la vida es profundamente teológico porque la no materialidad es la incapacidad de poder vivir la vida. No solamente impide el desarrollar como ser humano, impide toda relación entre las personas y con Dios, o sea, rompe y funde absolutamente toda espiritualidad. . Intuimos desde nuestra realidad, y sobre todo desde la experiencia bíblica, que no solamente se rompe la vida, sino se rompe lo esencial del dialogo con Dios. Por eso nosotros decimos “la opción por los pobres, contra la pobreza”. Es una cuestión en donde entra justicia o no justicia, distribución o no distribución. Cuando alguien va perdiendo materialmente su vida no tiene las posibilidades humanas de diálogo con Dios ni con su prójimo.

La relación entre los pobres y Dios es una preferencia y un privilegio de diálogo. La opción por los pobres es la opción de Dios por los pobres porque son los más débiles y porque son los más carenciados de la materialidad de la vida.

En un documento de la iglesia argentina, cuando habla sobre persona y dignidad, también va a decir en relación a ser persona “no basta ser para tener, hay que tener para poder ser”, por lo tanto, para poder ser persona, necesito cierto piso de materialidad.

En la historia, muchas veces el juego fue de espiritualizar la materialidad. Para contraposicionar, no es que hay que espiritualizar lo material, sino que es una materialidad con espíritu, porque es una materialidad que tiene el Espíritu de Dios.

En este marco de materialidad se considera el tener en relación a los bienes culturales o espirituales, como pan, educación, salud, dignidad, recreación, etc, todo lo que hace que un hombre o una mujer sea tal. Los bienes culturales y espirituales tienen que ver con la justicia y la distribución.

El P. Richard en “La fuerza histórica de los pobres”, dice que el paradigma neoliberal es “yo soy, si tu no eres; yo tengo, si tu no tienes”. Y nos habla del paradigma opuesto, que es el de la espiritualidad del Dios de la vida:  “Si todos son, yo soy; si todos tienen, yo tengo”.

En la visión cristiana debemos volver a instalar que lo material, lo corpóreo y lo histórico es mediación indispensable para las relaciones en libertad, entrar al tema de la materialidad como corporalidad, como sujetos de hombres y mujeres capaces del encuentro desde lo corporal.

Volver a instalar esta antropología cristiana en donde no tenemos otra forma de comunicarnos con todos, con la vida, con la fiesta, con Dios, que no sea mediante la materialidad en todas sus formas. Cuando una parte de la materialidad no la tengo o me la han quitado, hay un aspecto de mi ser que está adoleciendo y que se frustra.

Dios no pasa por encima de la materialidad de la vida para conectarse. Por eso mismo, no hablamos de la pobreza sólo por una situación económica, política y social, lo cual es válido y lo hacemos como herramienta, sino porque esa situación impide una espiritualidad y un encuentro profundo con Dios.

En la medida en que nosotros valoricemos la materialidad de la vida, del existir y del ser, con nuestros cuerpos, sentimientos y todo lo que somos, tendremos canales mucho más fluidos para relacionarnos entre nosotros y con Dios.

La experiencia religiosa es una experiencia dialogal del sujeto hombre, pueblo, con Dios, y esa experiencia dialogal puede ser alienante, dualista o puede ser liberadora. Lo que da libertad es tener para ser. La materialidad como lugar de encuentro y revelación es el medio que tenemos para expresarnos. Dios se expresa materialmente y el hombre también, y eso es ser libre. Hay resabios del platonismo en nuestra espiritualidad, por ejemplo, en las formas directa de contacto con Dios donde lo material es el pecado, lo malo y el cuerpo no sirve.

 

Un esquema para la materialidad

Una dimensión es la biológica, el cuerpo. Ocupamos un espacio y tenemos necesidades básicas, alimentarnos, vestirnos, curarnos.

Otra dimensión es que todo ser humano tiene psiquis con sus propias necesidades de afectividad y aceptación.

Después, una dimensión social, que sería como un “cuerpo ampliado”. Nos descubrimos en relación con otro y como parte de un cuerpo más amplio que son los demás, la comunidad. También tiene sus necesidades. A medida que voy madurando, no solamente somos parte de un cuerpo sino que podemos participar de la organización de este cuerpo.

Y por último, la dimensión espiritual. El hombre no rechaza todo lo anterior, sino que asume todo y le da un sentido de trascendencia. No lo niega, sino que es capaz de asumir todas las dimensiones de su vida y darle un giro.

Estas dimensiones son correlativas. Por ejemplo, puede llegar a darse un cuerpo sin psiquis pero difícilmente una psiquis sin cuerpo. Por eso es tan importante satisfacer las necesidades del cuerpo, para así seguir avanzando.

 

La decostrucción

La deconstrucción, más que un tema es la actitud con la que tenemos que ir desarmando cosas que nos han llevado a que inmaterialicemos la espiritualidad y la vida cristiana. Hay que provocar ese choque, esa crisis. La gente dice “no se ha hablado nada de espiritualidad”, “la homilía no ha sido espiritual, porque ha hablado de que no hay trabajo, de la pobreza, etc”, pero eso es espiritualidad cristiana, de la vida, de la gente.

La deconstrucción estaría en que tendríamos que revisar las imágenes de Dios que han sostenido que la materialidad de la vida es pecado, para reconstruir y resignificar imágenes de Dios que ayuden a la libertad y a vivir. Esto no es fácil, pero hay que intentar hacerlo, porque si no, no tenemos palabras y no tenemos simbología para el mundo nuevo, nos quedamos sin poder anunciar.

La deconstrucción y la construcción sin duda generan conflictos, pero mientras nosotros estemos en esta historia vivimos en el conflicto, tenemos que aprender a vivir en él. “Conflicto” tiene que también dejar de ser una palabras prohibida.

 

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Culturas juveniles en la esquina de los sueños

¡A delirar! ¡A reclamar! ¡A no aflojar!

 

Hay una cosmovisión que ha negado a los jóvenes la posibilidad de vivir en plenitud. En la actualidad, desde los medios, desde los adultos o desde las instituciones se crean imágenes sobre los jóvenes que los muestran como peligrosos, mal encaminados, casi perdidos. Imágenes que muchas veces los hacen “chivos expiatorios” de muchos males de la sociedad. Pero “la verdad nos hará libres”. Los jóvenes tenemos que expresar nuestra voz en el Seminario, para también expresarla con fuerza en la sociedad.

En el espacio intentaremos debatir esas falsas ideas sobre los jóvenes, para desmantelarlas y dialogar sobre la libertad. Una libertad expresada en los modos de vivir el cuerpo y la sexualidad, de vivir el trabajo y la educación. Pero… ¿Qué tenemos los jóvenes para decirles a los adultos, a los medios, a las instituciones? ¿Qué tenemos que reclamarle a la hipocresía esa de la sociedad que dice apostar a nosotros, mientras nos cierra las puertas del trabajo y la educación?

Desde los jóvenes, queremos rescatar y poner en común las nuevas experiencias de Dios y las nuevas expresiones de la espiritualidad… los modos de comunicación, de vivir la autenticidad, de desmantelar las visiones religiosas dominantes, de desafiar los miedos y las represiones. ¿Qué tenemos para decir, con nuestra voz, desde la esquina… ese lugar donde nos juntamos a soñar la construcción de una sociedad donde la verdad nos haga libres?

 

Expulsión Social

Distribución de la Riqueza

 

El espacio de migrantes y exclusión social, una realidad muy fuerte, fundamentalmente en los lugares limítrofes, que se lo vive a flor de piel; las lenguas distintas, la gente que va y viene, pero, toda la Argentina, toda América Latina, viven históricamente, el proceso de cómo se fueron constituyendo nuestros pueblos y, donde esa sabia, esas vertientes de un lado y del otro, que vienen, que van fueron conformando cada pueblo.

Y, hoy, en esta realidad que nos toca vivir hemos ido caminando, a veces con caídas, a veces con fuerzas para levantarnos y nacer de nuevo, pero no podemos dejar de ver como las fuerzas del sistema económico, del imperialismo inhumano arrasa con los pueblos mas empobrecidos del planeta, y en el caminar de nuestras organizaciones, parroquias, comunidades muchas veces hablamos de marginación, de exclusión..... hoy queremos reflexionar sobre la Expulsión, expulsión de la familia, del trabajo, de la educación... de la vida.

En estos tiempos en los que reclamamos un justa distribución de la riqueza, también queremos reafirmar nuestra lucha y defensa de la vida, vida digna, vida que es don, vida que es regalo del Dios que camina con su pueblo.

¿Podemos organizarnos para recuperar esos lugares que nos robaron o que nos hicieron creer que no nos pertenecían? ¿Tendremos ganas de decir Basta a la expulsión de tantas y tantos y recuperar las fuerzas para ser libres?

 

 

Corporeidad ¿Límites o posibilidad?

Género e identidades sexuales

 

El cuerpo humano es el primer lugar donde se plasma la materialidad de la vida. En nuestra sociedad, las construcciones culturales en torno a la cuestión de género son mediadas por relaciones de poder que cristalizan situaciones de injusticia y están llenas de mitos y estereotipos que atentan contra la  libertad de la persona. La propuesta es animarse y encontrar los medios para desconstruir estos modelos, reconociendo los actores políticos que intervienen en su elaboración y sostenimiento y siendo conscientes de su fuerte incidencia en la vida cotidiana de varones y mujeres. ¿Cómo vivir la propia identidad sexual teniendo en cuenta su condición de materialidad, sin fragmentar a la persona, sin quitarse su esencia y, en definitiva, sin limitar sus posibilidades vitales? ¿Qué actitud asumimos sobre el lugar que ocupa el cuerpo en nuestra vida y en la de la sociedad?

 

¡A desalambrar!

Tierra, Justicia y libertad

 

La tierra, a la que pertenecemos y nos pertenece, esa que sabemos merecedora de nuestro amor, protección y cuidado, fue y sigue siendo cada vez más, fuente de innumerables conflictos.

Enormes intereses se esconden detrás de la insaciable voracidad de quienes la concentran, profanan y abusan indiscriminadamente, aún a costa de esterilizar su fecundo vientre.

Es más, graves problemáticas (desmontes ilegales, expulsión y despojo, privatización, apropiación indebida, tala indiscriminada...) son realidades que duelen, destruyen sueños y achican horizontes de miles de hermanos y hermanas de nuestra patria y de Latinoamérica.

Hombres y mujeres, que viendo cercenada su libertad y amenazada, su dignidad, su futuro y sus vidas y las de sus hijos, procuran, a través de la participación y organización, hacerse oír y preservar el ejercicio de sus derechos. Estas y otras problemáticas y realidades confluyen es este espacio, convocándonos a su profundización y debate.

¿En qué medida nos implican? ¿Cómo nos afectan? ¿Cómo construir nuevas y activas solidaridades que aporten al desarrollo y conciencia crítica y pongan a nuestro alcance información y conocimiento?

¿Cómo “desalambrar” la Justicia, la Esperanza, la Libertad? La cuestión de los Derechos Sociales, la orientación de las Políticas Públicas, las relaciones entre Modos de producción y Modelo Económico, las Herramientas Jurídicas... requieren de análisis, si nos sentimos actores sociales, ciudadanos empeñados y comprometidos en construir un país para todos y todas.

 

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 Para trabajar en comunidad

 

He visto la opresión de mi pueblo

 

Les proponemos conversar y discutir en grupo sobre la problemática de la tierra, mediante una sencilla dinámica basada basado en las palabras de Carlos Benedetto en el espacio de Agua y Tierra del XX SFT, en Iguazú.

 

1. Comentar problemas o situaciones difíciles que se vivan en torno a la tierra en cada lugar. Pueden ser experiencias personales o comunitarias, como la que presentamos a continuación, que no se queden en la anécdota, sino que disparen interrogantes o ejes de discusión.

Mi experiencia fundamental estuvo en las comunidades indígenas. Uno valora la tierra desde esa perspectiva ya que para estos pueblos, en su cosmo­visión, la tierra es toda la infraestructura religiosa. No está separado lo material de lo espiritual, la ciencia de la magia. No hay tierra y religión, es una unidad. Cuando se interviene sobre esa tierra en forma com­pul­siva, como se hace en muchos lugares de América en territorios indígenas, lo que se está agrediendo es su vida y su infraestructura religiosa. Por lo tanto, nuestro sistema de explotación capitalista llega a esos límites y una vez que se pierde esa tierra, lo único que queda es el camino de la muerte. No puede haber salvación para los pueblos indígenas sin su tierra, es imposible pensar en la liberación como una cuestión individual.

 

2. Buscar los problemas centrales y discutir sobre sus causas y consecuencias. Puede ayudar al análisis el siguiente texto.

Los dos modelos de propiedad de tierra, el modelo capitalista comercial y el modelo vivencial, están en permanente conflicto. Son dos formas de apropiación de la tierra que en muchos casos llegan a conflictos armados. La propiedad de la tierra vivencial es la de los pueblos indígenas, los pequeños productores, quienes encuentran en la tierra una condición para la sobrevivencia. Es la tierra que es maestra de vida, que da para el placer y para el goce. El modelo capitalista de posesión de la tierra, en cambio, la considera a ella y a sus productos como fines de mercancía y de lucro.

Nuestras sociedades se han alejado de ese modelo vivencial. En muchos casos, los estados nacionales y provinciales son cómplices de esta situación, y no sólo por el hecho de acumular los medios de producción, como la tierra. En estos momentos ya no interesa quien es su dueño, sino que hay miles de maneras que el sistema ha ideado o pergeñado para apropiarse de ese recurso.

En la actualidad, este nuevo modelo que está en auge en la Argentina y en distintas partes de América Latina, se nos ofrece como la gran solución económica. Se supone, dicen, que habiendo un gran excedente o un mayor volumen de producción va a haber mejor distribución de los recursos y existirán más posibilidades de tener alimento en abundancia para toda la población, pero sabemos muy bien que eso no ocurre.

 

3. Plantear la necesidad de intervenir, buscando soluciones, estrategias y respuestas:

 

Esa triste realidad nos está llevando a un abismo que realmente urge no solamente denunciarlo, sino tratar de buscar propuestas alternativas. Que la producción en la tierra que tenemos sea de una forma no agresiva, que respetemos ciertas condiciones de la tierra, que esté en manos de productores y de quienes viven en ella y no de empresas que están fuera y que no les interesa absolutamente el lugar donde está. Tenemos que enfrentar juntos estos problemas del mundo globalizado; no es sólo una lucha de los campesinos o los indígenas sino que es una lucha de todos.

 

4. En un clima de celebración, ir a un lugar al aire libre donde haya tierra (o esparcir un poco por el suelo) y leer el texto de Éxodo 3, 1–12 (“la zarza ardiente”). Invitar cada uno a descalzarse y pisarla suavemente, como signo de que toda la tierra es sagrada. Acompañar con silencio, cantando alguna canción o con alguna breve frase de cada uno como repercusión de lo conversado.

 

Tenemos que recorrer este camino co­mo pueblo de Dios, como pueblo ligado a la historia de Israel, historia marcada por la revelación de Dios: el éxodo en busca de la tierra prometida, en búsqueda de ese Reino y de concretarlo en medio de nosotros.

 

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 Testimonio

 

El amor es más fuerte que la muerte

A 5 años de la Pascua de Orlando Yorio

El 9 de agosto se cumplieron 5 años del paso de Orlando a la comunidad de “los resucitados que nos miran desde el cielo”, como le gustaba decir en las misas, en el memento de los difuntos.

En la comunidad de Ntra. Sra. del Buen Ayre, del Barrio Marítimo, Berazategui, la última en la que él fuera párroco en Argentina, se lo recordó con devoción y cariño mediante una novena y una misa concelebrada por Jorge González, Willy Murillo y Germán Pravia, quien recordó a Orlando como pastor, canonista y teólogo y como quien lo acompañara espiritualmente. Estuvieron presentes familiares cercanos y personas de distintos lugares de la Diócesis. Presentes, también, la estola que él prefería y su ponchito de vicuña con el que celebrara en Montevideo y que lo acompañó en sus últimas misas.

Antes de la celebración, miembros de las comunidades expresaron con sencillos testimonios las experiencias de iluminación, consuelo y cariño que experimentaran por parte de Orlando. Fue impactante entre ellos el testimonio de una catequista que recordó cómo había celebrado misa por la esposa asesinada de un puntero político del cual se sabía también que estaba involucrado en asuntos de droga. Fue en el mismo descampado en el que apareciera muerta. En la homilía había denunciado los oscuros manejos del poder político.

La frase de Orlando que la gente más recuerda y más repite, es la que también se lee en la lápida de su tumba en Uruguay: El amor es más fuerte que la muerte.

Leonor Carabelli

 

Cuando vuelva

 

Este año, a principios de año, yo andaba por Montevideo, medio escapado, medio buscando cómo aterrizar. Y de repente a la  entrada de un supermercado un chiquilín de la calle  me dice:

-¿Me da una moneda?

Hace unos diez años que gente de Montevideo hizo una Fundación para Chicos de la Calle y la vengo asesorando. Conozco la situación y sé que ha cambiado: sé que en un momento la calle fue refugio para los chiquilines y ahora se la han quitado, ni siquiera es refugio. Un chiquilín que pide una moneda en Montevideo, o que abre la puerta a los taxis, es alguien que está siendo explotado por un grande. Ya no hay lugares en la calle, al menos en el centro, donde el chiquilín no esté siendo explotado. Por eso los chiquilines que eran de la calle se han vuelto a refugiar en el cantegril (villa miseria). Así que cuando me pidió la moneda yo no tuve ganas de darle y le dije:

- No tengo.

Me respondió:

- ¿Cuándo vuelva? - como diciéndome “Ud. entra al supermercado, cuando vuelva me da la moneda”

- Sí, cuando vuelva - le dije.

Y entonces él me miró y me contestó:

- No, Ud. no va a volver.

Me habló con una sinceridad, como que me adivinó por dentro. Parecía quererme decir “Mire, ésta es mi manera de vivir. Me están explotando. Y Ud. no va  volver”.

Y era cierto: Yo no iba a volver porque no iba a entrar al supermercado. Pero como que la sinceridad del chiquilín me impresionó. Seguí caminando.

Tres meses después iba caminado también. Pasé por otro supermercado. Estaba por entrar para comprar algo y se me acerca otro chiquilín y  me dice:

- ¿Me da una moneda?

- No tengo - le dije.

- ¿Cuándo vuelva?

Y ahí me acordé. El chiquilín primero me había marcado. Me dejó una marquita. Cuando él me dijo “cuando vuelva” se me revivió lo que me dejó el otro.

No le di una moneda, pero en el supermercado compré algunos caramelos y  cuando salí se los regalé. No para solucionar totalmente la situación, pero sí porque podía aliviar algo con esos caramelos y además para mantener viva la marca en mi corazón.

Es una lucha larga frente a algo que parece imposible. Normalmente la unción nos envía para enfrentar dimensiones que parece que son imposibles a nivel de cantidad, de poder. La unción no nos envía a solucionar cantidad o a solucionar tamaños. Nos envía a solucionar las exclusiones desde la raíz, se va haciendo lo que se puede. Pero eso que se puede tiene un valor cualitativo distinto. Y la superación viene no por cantidad sino por semillas, por redes que se van tejiendo.

Orlando Yorio, 1998,

retiro para los sacerdotes de Caleta Olivia.

 

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