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Circular Octubre 2010
Tiempo de Quiebres
Tiempo de Poder

26º Seminario de Formación Teológica
Moreno (Pcia. Bs As)
30 de enero al 5 de febrero 2011
Aportes para pensar
La construcción de la re(s)pública
Por Néstor Míguez*
Se invoca el fundamento en el pueblo cuando se habla de la república (del latín: res, cosa, suceso, interés, posesión, y publicus, lo perteneciente al pueblo, lo que es “de todos”). Esto aparece como oposición a la “monarquía”, el gobierno de uno, que en sí mismo es la consumación y la representación de un pueblo. O sea que la res-publica es aquello que es posesión común, un suceso que incluye a todos, un interés compartido. En la concepción clásica esto se da en oposición a la res privata, la cosa con dueño único, lo que solo incumbe al interés personal. Esto es sumamente importante, porque justamente indica la partición implícita en todo pueblo: lo que es común es al mismo tiempo objeto de disputa a partir del interés privado. Es decir, un pueblo se constituye en torno de lo que tiene en común, (un territorio, la tierra, bienes, cultura, religión, etc.) pero a la vez, en ese mismo momento entra en cuestión sobre quien decide lo que es común y lo que queda al arbitrio privado, y cómo se reparte, como se construye y administra, como se gobierna y distribuye, lo que es común.
No se trata de cierta ingenuidad de creer que en la voz del pueblo se escucha siempre la voz de Dios. También la cultura popular se nutre de la asimilación de discursos hegemónicos, de tradiciones de anteriores formaciones sociales que persisten como acumulación acrítica, de prejuicios arraigados por siglos de dominación. La colonización de las subjetividades, generada por la compleja sociedad mediática y la captura del deseo que se plasma en la economía consumista influye tanto como la memoria peligrosa de luchas emancipatorias y reivindicaciones de justicia. No hay ningún tribunal superior que pueda objetivar y discernir esta mezcla desde un sitio de pureza.
Una política popular, la construcción de la res-pública, es la capacidad de sostener en los tiempos normales, en el correr de la legalidad, el eco de esos reclamos, la fuerza de ese momento como guía de acción. Es necesario reconocer, sin embargo, que el asambleísmo ingenuo, el estado de agitación permanente, no es viable como forma de gobierno para sociedades complejas. Es la misma práctica política la que ayudará a ver de qué manera las respuestas que se elaboran construyen espacios públicos más amplios y participativos. Si la teología puede brindar algún criterio mesiánico para ayudar, será también de naturaleza práctica: será la humanidad de los sectores más débiles de la sociedad, la vida más abundante de aquellos que tienen la vida más amenazada, la vigencia de una experiencia igualitaria que reúna las partes para repartir las partes lo que nos mostrará el camino. Será la posibilidad de la redistribución, tanto de los bienes materiales como de la palabra, lo que animará la gestión de la res-pública. El Reino, siempre imperfecto en la historia, es una pragmática de la esperanza.
Entre el demos y el laos
Aparte del demos de la democracia los griegos tenían otra palabra, que había caído casi en desuso en el helenismo: laos (de donde proviene nuestra palabra laico).
El demos conoce una partición, que ya hemos indicado: el grueso de la población, la multitud incontada, que no cuenta, por un lado, y por el otro el constituido por los ciudadanos, los propietarios que habitaban en la ciudad, cuyo número es reconocido. Es decir que hay un espacio más amplio que el representado en el demos, el resto de la población que no tenía propiedad, así como las mujeres, los esclavos –que ni siquiera eran considerados seres humanos–, los campesinos libres no propietarios. La inmensa mayoría de la gente conformaban ese otro espacio de pueblo: los expulsados, los excluidos, los que vivían afuera de los muros de la ciudad, o tan dentro de la casa que no podían tener voz pública. De manera que lo que llegó a ser el demos (los ciudadanos) era solo una parte de lo que había sido el laos.
Vemos una la cita de Jacques Rancière: “Hay política cuando hay una parte de los que no tienen parte, una parte o partido de los pobres”. Hay política cuando no está solamente el demos, sino cuando alguien empieza a gritar en nombre del laos, cuando el laos se mete dentro de la tranquilidad ciudadana y repudia, de alguna manera, los consensos que elaboran los padres de familia, varones y propietarios. Esa multitud, ese otro pueblo empieza a decir: “no, nosotros también somos ese pueblo no representado, ese laos, esos pobres”.
Hay política, y por ende sólo hay república, cuando realmente empieza a haber una parte de los que se quedaron sin parte; cuando frente a los propietarios que se repartieron todo, a los representantes que han asumido excluyentemente el poder de la palabra, los demás, los que ellos consideran que están de más, los que se quedaron sin su parte y sin la palabra, empiezan a decir: esto no es así. El bien (los bienes) es bien común, y común significa de todos, no sólo de los propietarios, no sólo del demos, también de nosotros, de los que formamos la parte no reconocida, desconocida, del laos.
*Pastor metodista. Miembro de la Coordinación Nacional de los SFT. Extracto
Marca de Cristo y Estigmas del Mundo
Por Marcelo Trejo*
Rostros situacionales y estigmas sociales
El abordaje “urgente de los grandes problemas económicos, sociales y políticos de América Latina y del mundo” como exigencia para el discípulo-misionero, exige a la vez una necesaria búsqueda de categorías socio-políticas que permitan una interpretación razonable de la cuestión.
Obviar este requerimiento hermenéutico sería una sutil manera de “fuga de la realidad”. Sin una herramienta de comprensión sólo se mantiene una mirada analítica ingenua que termina plegándose a determinadas abordajes interesados en recortar la realidad estructuralmente histórica; o bien, tranquilizando las conciencias cristianas por la incorporación, en el documento de Aparecida, de otros nuevos rostros de pobreza y exclusión que suman a la ya demasiada larga lista de rostros de pobres y excluidos de las Conferencias anteriores.
Estigmatización, privilegio, poder y sacralidad
La construcción de estigmas (estigmatización) incluye el señalamiento de diferencias significativas entre categorías o grupos de personas con lo cual se define el estilo de inserción en la organización social.
Ahora bien, ¿quién define a tal o cual?, es la inmediata pregunta que se impone ¿Quiénes “pueden” estigmatizar? La respuesta es simple aunque no siempre obvia. La estigmatización es una acción y un proceso histórico social-cultural de “devaluación”, “desacreditación” y, por lo tanto de “expulsión solapada”, que sólo puede ejercerse desde los ámbitos de poder, cualquiera sean estos. Los estigmas sólo pueden provenir de “grupos hegemónicos”, fuertes en poder, en privilegio y defensores a ultranzas de su propio sistema habitual acomodado.
Más aún, estigmatizar no sólo es acorde a la habitualidad hegemónica: “siempre fue así”; sino también resulta necesario. Estigmatizando a tal o cual grupo - social, político, étnico, religioso, sexual, económico o familiar - se demuestra que el sistema es seguro y que bien vale la pena pertenecer dentro de ese modelo arbitrario.
Con la estigmatización, las hegemonías reafirman la autoestima grupal: “somos los mejores” y también la identidad social: “nosotros y los otros”. Mediante el estigma atribuido se conjura el mal: “le pasa a ellos, no a nosotros”, se preserva de los distintos: “es raro, no es normal”; y también se acentúa el poderío: “con nosotros o nada”. Un proceso que se realiza por medio de sistemas simbólicos - palabras, imágenes, prácticas, ritos, castigos, leyes, mitos, etc.- que configuran progresivamente imaginarios sociales deformantes de la realidad (cf. DAp. 45). Mono-culturalismos que propenden a naturalizar las diferencias históricas.
Estigmatizados sociales y marcados por Cristo.
Una dinámica estructural de exclusiones que se agrava si se le adhiere un estatus ideológico religioso. Eso mismo ya pasó en el tiempo de Jesús. La teología farisaica, que sostenía el sistema de pureza en torno al Templo de Jerusalén, generaba constantes ondas de expulsión.
Se trataba de un lugar donde se conjugaba religión, política, economía y sociedad mediante un razonamiento teológico circularmente cerrado: “quien es bendito por Dios posee riqueza y salud. Su condición de “agraciado” le permite rendir culto y ser aceptado en el templo. A su vez, su pertenencia al templo demuestra que es bendito, bien mirado por Dios y por ello agraciado; entonces las cualidades de salud y riqueza se hacen presentes. Contrariamente, quien es pobre y estigmatizado en su enfermedad está imposibilitado al culto porque alguna desagracia conlleva, luego ¿cómo puede ser bendito?, “es posible que él mismo o sus padres pecaron” (Jn 9, 2), luego su pobreza y enfermedad es sólo la expresión de su no bendición y por ello está excluido.
A la Teología del templo, con sus sistemas operativos, Jesús, el Hijo de Dios Crucificado, la ha abolido para siempre “rasgando el velo” que encubría la exclusión. El evangelio lo expresa de esta manera: “Llegado el mediodía, la oscuridad cubrió todo el país hasta las tres de la tarde… Jesús, dando un fuerte grito, expiró. En seguida la cortina que cerraba el santuario del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo” (Mc 15, 33-38).
Desde entonces ya no hay centralidad en templo alguno. La salvación se ha desmonopolizado, porque el Nazareno Crucificado ha Resucitado por el poder de Dios (Hech 4, 10) y sus “estigmas de marginado del sistema” (Mc 15, 16 ss) se convirtieron en “marcas de nueva vida y libertad”: “Pon aquí tu dedo y mira mis manos; extiende tu mano y métela en mi costado”. (Jn 20, 25-28). Una experiencia arrolladora de la Pascua que hizo pasar a “los miedosos fugitivos del viernes santo a ser testigos firmes del domingo de gloria” (Bruno Forte).
* Teólogo, Asesor permanente de la Coordinación Nacional del SFT. Extracto.
Nuevos compañeros en la Coordinación
Desde la Coordinación del SFT queremos darle la bienvenida a Nancy Roldán de la delegación de La Rioja. Sus compañeros y compañeras la han propuesto para sumarse a esta Coordinación en reemplazo de nuestra entrañable Susana Goyochea.
También queremos recibir afectuosamente a Nicolás Ciano quien se ha sumado al equipo de la Coordinación desde Trelew, Chubut, elegido por su delegación para representarla.
Les damos una cálida bienvenida y que sus presencias sean frutos fecundos para nuestra experiencia.
Gracias y hasta pronto
Secretaría del SFT