Aportes del 25 SFT - Febrero 2010

Relanzamiento del Eje
"Del sujeto
al militante: ¿Cuáles son las mediaciones?"

Por Nelly Ritchie

Ha sido un día muy extenso, muy profundo, de mucho trabajo y así hemos recibido los informes de cada uno de los ámbitos de trabajo.

Esta mañana hablábamos del camino y creo que en este recorrer del camino, aquello que cantábamos se está haciendo cada vez más realidad: que el camino es exigencia, un camino que es necesidad vital, pasión y urgencia.
Un camino que es el camino de la verdad, que es crecimiento, que se recorre unidos, que vamos haciendo huella, que a veces nos desconcierta, que a veces necesita de tiempos de silencio pero también de tiempos de palabra.
Si, ustedes han expresado en este día, de diversas formas: palabras o sentires a través de gestos. Nos estamos acostumbrando a decir nuestra palabra y nuestras palabras, diría en plural.
Tal vez estamos repensando aquello de “ser voz de los que no tienen voz”, para dar la voz a los que deben tener voz. Y me parece que ese es un cambio interesante en nuestro caminar conjunto.
Ayer el Pastor Néstor Miguez nos decía que nos habíamos atrevido a dudar o que debíamos atrevernos a dudar y creo que ayer hubo dudas que se fueron planteando y creo que hay otras que se han ido planteando en el día de hoy, pero hay algo que ha marcado el día y es lo que se fue percibiendo también en cada uno de los espacios, que no solamente nos hemos atrevido a dudar sino que seguimos en este camino y nos hemos atrevido a soñar, nos hemos atrevido a superar miedos, incertidumbres, ansiedades, reconociendo que existen, que tenemos en ese camino muchísimas frustraciones, que muchos hemos vivido o han vivido situaciones de exclusión, de no ser tomados en cuenta.
Pero la capacidad de recuperar esa palabra propia ha sido de algún modo un ejercicio de libertad que se ha ido expresando de distintas formas en cada uno de los ámbitos.
Un atrevernos también a ese sueño de libertad y de cambio, de transformación, como decíamos esta mañana: descubriendo que Dios es un Dios que transforma pero que también se transforma, que en la práctica Jesús se modifica y nos ayuda a modificarnos y que en esto no dejamos de ser sujetos o sea no dejamos de ser personas.
La experiencia de lo personal también ha marcado, de algún modo, el trabajo de los grupos y nos parecía interesante que pudiésemos seguir pensando en esto para el día de mañana, para seguir profundizando estos aspectos.
Yo pensaba en esa canción del Padre Zini que dice «cada vez que nos juntamos, siempre vuelve a suceder», y cada vez que nos juntamos siempre vuelve a suceder y suceden cosas y de alguna manera nos ha sucedido lo que le sucedió a María y su prima la Isabel, ni bien se reconocieron personas, se abrazaron cuerpos y su teología se hizo celebración, liturgia y profecía, casi casi un chamamé, una celebración. Gracias.
Creo que esto es lo que nos está sucediendo, decimos chamamé y muchos se entusiasman, nos está sucediendo eso: el encuentro desde nuestro ser sujetos, desde nuestro ser personas, nos ayuda a reconocer a un Dios persona y un Dios que nos hace personas, humanos.
Y como humanos también reconocemos nuestra frustraciones, ansiedades, incertidumbres, dudas, preguntas y hay que seguir andando, superando las dudas o atravesando en el camino esas dudas, atrevernos a seguir soñando, pero soñar para cambiar, no cambiar sólo de lenguaje, sino cambiar también nuestras prácticas y en ese cambiar de nuestras prácticas también ir construyendo prácticas más democráticas y más participativas.
Internamente nosotros cambiar nuestras actitudes, en nuestros grupos, en nuestros ámbitos, parroquiales, en la propia institución iglesias, poder ir cambiando, modificando, priorizando aquello que en Jesús fue lo primero, que es el ser humano.
Cada vez que nos juntamos descubrimos que ese Dios se nos sigue revelando como Dios cuando nosotros nos vamos humanizando. Dios no puede ser nuestro Dios si nosotros dejamos de ser humanos. A veces pretendemos pequeños dioses.
Por eso seguir andando también significa tener la capacidad de discernir, de poder leer la realidad, lo que nos sucede en medio de la realidad como personas, pero también la realidad sin ingenuidades. Sabiendo que el camino no es fácil, que desalienta, pero  que camina con nosotros Uno que hace amanecer y Ese que camina con nosotros y hace amanecer nos trajo hasta aquí y nos seguirá llevando en el camino mañana, todos los días del seminario y hasta el fin, no sólo el fin del seminario sino de nuestros días.
Así que, anímense, sigan soñando, sigan cambiando, sigamos cambiando, sigamos teniendo la libertad de decir nuestra palabra, de tener una voz propia, una voz que también se transforma en gesto, en gesto de reconocimiento a nuestros profundos sentimientos hacia los demás, hacia el Creador, hacia la tierra, casa para todos y hacia las criaturas, aquellos hermanos y hermanas, compañeras y compañeros que Dios puso en nuestro camino.
A seguir entonces soñando, cambiando, transformando, camina con nosotros Uno que hace amanecer. Gracias.

 

 

 

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