Aportes del 25 SFT - Febrero 2010

El Dios que transforma, se transforma y nos transforma

Por Nelly Ritchie

¡Buenos días! Si partimos de lo personal que cada uno ha vivido yo diría que en estos días o desde el momento que me pidieron participar en esta especie de propuesta de preguntas desde lo teológico, vivo de sorpresa en sorpresa porque en realidad, anoche me seguía preguntando qué es lo que debo hacer y creo que mucho de lo que tenía pensado y ahí es donde sopla el Espíritu –lo que cantamos “Sopla, Espíritu, sopla…”– que lo ha hecho y muy fuerte porque en realidad estos cuatro compañeros ya han hecho reflexión teológica, desde el momento que han hablado de su experiencia y vivencia de fe con el Dios de la vida y con el Jesús militante y como esto les ha ayudado a desandar caminos, por eso tampoco me parece casual –no creo en las casualidades– que antes de este panel cantamos la canción “El camino de la verdad”, el camino que es, según esta canción, exigencia, necesidad vital, pasión, urgencia; el camino que es crecimiento, que se recorre unido con otros, el camino de la verdad que es una huellita –a veces un “huellón”–; el camino de la verdad que es desconcertante, que a veces también necesita de silencios y en especial para escucharnos: escuchar lo que otros nos dicen y escuchar profundamente lo que Dios dice a cada una de nuestras vidas.
Yo tenía muchas preguntas y creo que ellas fueron de alguna manera ya planteadas por los compañeros panelistas. Un poco reflexionando sin saber exactamente lo que cada uno iba a decir, mi pregunta era –como una sospecha– cuánto de este reconocer la historia de la salvación entretejida con la historia humana nos lleva a un concepto de militancia, desde la Teología de la Liberación empezamos a hablar no de historias paralelas: Dios obra por aquí –la historia sagrada– si no que la historia de Dios se entreteje la historia de la humanidad y la historia de Dios y la historia humana es una sola, me pregunto cuánto de esto influyó y lo sigue haciendo en nuestro concepto de militancia.
Cuánto influye también el sabernos parte de ese proceso de liberación y de salvación, no solamente oidores, receptores de esa salvación si no protagonistas, hacedores, no sólo oidores de la Palabra si no también hacedores de la misma. Y entonces me atrevo a plantar algunos indicios y nosotros aquí en los caminos de la Patagonia dependemos mucho de las señales… un colega mío se reía porque le decía: ¿cómo venís a Trelew y no vas a Punta Tombo que queda aquí nomás?, son cien kilómetros y se reía y me decía: porque cien kilómetros no es ahí nomás para un porteño, pero para nosotros es “ahí nomás”… pero esas señales en el camino que nos dicen que todavía “hay que seguir andando” como diría Monseñor Angelelli. Que en este poder descubrirnos en el camino junto a otros, también los otros y las otras van modificando nuestras búsquedas y esta me parece que es una primera pista que ya estamos profundizando y que ya se manifestó ayer cuando hablamos de los deseos y de los sueños, como si fuese un patrimonio humano y el primero que soñó y deseó, según la Palabra de Dios fue Dios mismo.

Dios es un Dios de sueños y lo es también de deseos; su deseo de tener un pueblo testigo, su deseo y su sueño de tener un pueblo que sea de bendición para otros no es un sueño y un deseo que se lo guarda para sí mismo si no que lo da a conocer, esto que llamamos la revelación desde la teología. Da a conocer ese sueño, revela lo que desea y nos da las herramientas para que ese deseo se transforme también en realidad, en nuestra realidad histórica, en el contexto en que cada uno de nosotros participa. Pocas veces pensamos en Dios como un Dios que desea o un Dios que sueña y que nos invita a ser parte de sus deseos y de sus sueños, más bien estamos acostumbrados al Dios que dictamina, que ordena, que limita y en realidad la palabra de Dios nos habla de lo contrario, de un Dios que hasta es capaz de arrepentirse, de un Dios que dice: bueno, si encontramos tantos que están dispuestos a soñar este sueño conmigo, está bien, no voy a destruir –como con Nínive en el Antiguo Testamento– y si en lugar de 50 son 45 y si en lugar de 45… y ahí está el militante mediador entre lo que sucede en el pueblo y el Dios que sueña para el pueblo. Y Dios va modificándose, arrepintiéndose, aunque el militante quede mal parado porque sentenció otra cosa, pero Dios en su misericordia y en su deseo de que todas y todos seamos parte de ese proyecto salvador, liberador, se modifica y esto a veces nos asusta porque pensamos en un Dios inmutable, inmodificable, algo a lo cual aferrarse, seguro, sí es seguro pero también es esa santa inseguridad de la cual nosotros cantamos.
Dios, como un Dios compasivo, un Dios que ya nos ha dicho lo que quiere de nosotros y aquí me voy a referir a un texto –mi preferido– del Profeta Miqueas: “Ya se te ha dicho hombre lo que se necesita: que practiques justicia, que ames la fidelidad y que camines humildemente delante de Dios”. “… practique justicia”, eso para el militante es no a las injusticias, no a cualquier tipo de injusticias; “… que ames la fidelidad”, eso significa no a la mentira, –en el Antiguo Testamento la palabra mentira no aparece, lo contrario de verdad es infidelidad– o sea, que ames la fidelidad es no a la mentira y “… que camines humildemente delante de Dios” y agregaríamos delante del pueblo, ¿esto que significa para el militante individual y también para el colectivo militante? no a la soberbia, es decir, esta es la verdad y la única verdad y las cosas son así como yo digo porque lo dictamina y vos no sos militante porque no estás haciendo las cosas que yo hago, no estás comprometido realmente con el pueblo porque tus intereses pasan por acá y realmente por acá va la historia de Dios con su pueblo… caminar humildemente sin soberbia…

Hay otro soplo del Espíritu que realmente hoy me llegó: cuando la compañera habló de la mujer sirofenicia, dije: ¡Ay!, me sacó el texto bíblico, pero no fue así, lo anticipó porque en realidad este es el texto que nos muestra, a aquellos que nos decimos cristianas y cristianos que en el proceso de dar a conocer la Buena Noticia, la Buena Noticia que es recordar para qué vino Jesús, para liberar a los cautivos, para desatar las cadenas, para quitar los yugos, para estar juntos a los pobres, para abrir los ojos de los ciegos, para anunciar este año de la gracia; cuando Jesús se encuentra con una realidad totalmente distinta, mujer, pagana, El es evangelizado, Jesús recibe la buena noticia, Jesús se modifica, Jesús dice: por tú fe, no por la que yo estaba anunciando, por la tuya.
¿Y esto que nos muestra para el Militante? que la práctica de Jesús es la práctica transformadora, pero por ser una práctica transformadora es la práctica que puede ir modificándose históricamente, frente a los nuevos desafíos que se presentan.
Ah, esa realidad yo no la había visto, o yo no la había pensado.
La teología es el hacer del pueblo, el quehacer del pueblo continuamente descubriendo los sueños de Dios, la historia que Dios quiere que recorramos, la misericordia, la gracia de Dios que son mucho más grandes que nuestros dogmas, que nuestras doctrinas, que nuestras instituciones, que nuestras certezas y que nuestra seguridad de que estamos en ese único camino que nosotros decimos es el mío o es el nuestro, de pequeño grupo.
Había otra palabra que apareció ayer cuando se hablaba del militante, yo pensé en una palabra que se une a la palabra militante y es la palabra subordinación. No me gusta.
Subordinación y valor tienen para el pueblo - por lo menos aquí de este lado - muchas connotaciones negativas, pero es real que en la militancia desde la práctica de Jesús se supeditan cosas, se supedita la ley a la persona, se supedita el juicio a la misericordia, la misericordia está por sobre el juicio, se supedita el poder dominador, el que se ejerce desde la fuerza al poder del amor, que transforma, qué ejemplo más grande de esa supeditación del poder que se impone al que se ofrece que el pesebre. Se supedita la institución a la organización, el aparato a la comunidad, se supedita el pensamiento único, cerrado, seguro a la santa inseguridad de la múltiple gracia de Dios, lo múltiple, lo diverso.
Y cuando hacemos este ejercicio, porque es un ida y vuelta ¿no?, este ida y vuelta: la Palabra nos ilumina, nos envía en ese ejercicio de lo que comprendimos de la Palabra y la voluntad de Dios y vamos descubriendo otra palabra y otra voluntad de Dios que es mucho mejor que la que nosotros conocíamos seguramente, toda esta práctica que va siendo ese ejercicio y que acá los compañeros lo ejemplificaron con sus propias vidas, con la persona, porque es nuestra propia historia, nuestra propia vida y le ponemos mucha pasión a esto, pero creo que lo que más nos emociona es que la historia no terminó ni termina en nosotros y con nosotros y nosotras sino que este Dios sigue obrando y multiplicando su acción.
Por eso me parece que este seminario tiene el gran desafío, de seguir buscando estas pistas de la práctica de Jesús, en la supeditación de todas estas cosas que son secundarias a lo primero: busquen el Reino de Dios y su justicia, lo demás va a ser dado por añadidura.
Pero también que no olvidemos esa actitud dialogal en la práctica de Jesús, esa capacidad de sorprenderse frente a la sagacidad de la mujer que le dice, «pero también los perritos merecen comer las migajas», que es muy sutil, muy sagaz y muy militante. No la confrontación con aquello que creemos poderoso, sino la sutileza de saber cómo modificar la actitud de quien aparece con el poder de darnos la comida.

Esta capacidad también de la transformación, ayer Néstor terminaba diciendo –cuando hablaba de los deseos–, que el deseo si queda en uno solo es un deseo propio, único ¿no?, que el deseo tenemos que hacerlo deseo proyecto de otros, con otros, junto a otros, modificándonos en ese camino, pero proyecto.
Y aquí Gustavo también nos recordaba esa frase hermosa de Dom Helder Cámara: “Si uno sueña solo es sólo un sueño, es el soñar con otros y en especial distintos, porque soñar con los que piensan igual es mirarse al espejo y el Evangelio no es un mirarse al espejo, es sí mirarse al espejo pero para abrir ventanas, para abrir ventanas para nuevas realidades y nuevos proyectos”.
La capacidad de transformar el sueño en realidad, la capacidad de transformar lo pequeño que puede ser levadura, que puede ser granito de mostaza, en algo grande, no grandioso de poder, sino grande porque es inclusivo, grande porque es solidario, grande porque es generoso.
La capacidad de entender que Dios cumple con sus promesas, pero que también nos anima a todas nosotras y todos nosotros a hacer realidad, cumplimiento estos proyectos, estos sueños que tenemos entre todos.
Dice Juan 13:17, –los evangélicos sino ponen un texto bíblico no fue teológico, pero este es un texto bellísimo–. «Ustedes serán felices» –y hemos hablado de la felicidad– «si sabiendo estas cosas, las ponen en práctica», el testimonio, los ejemplos, el panel de hoy nos ha dicho cómo esa felicidad personal, ese encuentro personal, ese redescubrir el sentido de sus vidas, se convirtió en felicidad compartida.
Seremos felices cuando pongamos lo que sabemos en práctica.
Lo más importante es que tenemos un Dios que nos acompaña en esta caminata.
Gracias.

 

 

Explicación del Lema

Ejes de Reflexión

Presentación

El logo

Más materiales

 

Inicio | Nosotros | Seminarios | Documentos | Recursos | Boletines | Blog | Contacto

Coordinación de los Seminarios de Formación Teológica
Piedras 575 PB | CP1070 Buenos Aires - Argentina
Tel/Fax +54 11 4342-0869 | 4345-4774

www.sft.org.ar

Web Master: Lucas Spigariol