Aportes del 25 SFT - Febrero 2010

Panel de experiencias de militancia

Presentación de los panelistas

Nicolás Ciano (Trelew) Vamos a continuar entonces en este camino de encontrarnos, de reflexionar. Llama la atención, recién vamos en el segundo día y cuántas preguntas ¿no? y lo peor es que no tenemos las respuestas, porque se trata justamente de ir buscándolas todos juntos, de ir recorriendo un camino compartido, de ir interrogándonos ¿no?, si, porque pareciera esto de que vamos llegando a unas conclusiones y de repente otra pregunta.
Charlando con un amigo, parecía que la militancia es como caminar con una piedra en el zapato, uno va firme y cada tanto siente esa piedrita y después, entre que se agacha a sacarse la piedrita y mira para adelante, le cambiaron las cosas y creo que es eso, ese caminar. Como ayer estuvimos todo el tiempo hablando de estos caminos, de estos procesos, de estas militancias, hoy nos proponemos como segundo Eje Temático, que también nos va a hacer surgir un montón de interrogantes y un montón de preguntas: «Pasar del sujeto al militante. ¿Cuáles son las mediaciones?», vaya palabrita.
Y bueno, la forma de trabajar o de motivarnos, de disparar el tema, pensamos hacerlo a través de un panel. Le hemos propuesto a unos compañeros que cuenten sus experiencias de vida, desde dónde ellos fueron construyendo su militancia, cada uno desde su lugar, desde donde está ahora –no de su meta– y charlando con ellos no sabemos para adónde se disparan esos caminos y creo que eso es lo lindo y lo que podemos rescatar de estas experiencias.

Ernesto Bruna (Tucumán) Decíamos que por ahí es un punto de llegada, al cual ellos llegaron, pero todas las experiencias que hemos compartido ayer valen y llevan a un camino. En vez de hablar y racionalizar, lo que hemos buscado en estas experiencias es ver algunos caminos posibles y también cuáles han sido sus dudas, sus certezas y cuáles las mediaciones que los han llevado al compromiso en el que están hoy, que es uno de los tantos caminos posibles.

Nicolás: Vamos a invitar a las compañeras y compañeros a que suban al escenario y les vamos a dar un fuerte aplauso. También va a estar en el panel la pastora Nelly Ritchie, que nos va a ayudar a sentir esos tironeos que están entre el compromiso político y social y lo que el Señor nos va pidiendo también.

Ernesto: Hay dos compañeras que están más en procesos sociocomunitarios y dos compañeros que están más en la gestión pública. Bueno, los vamos a ir presentando: Norma Galeano, Mauricio Minor, Elena Picasso y Gustavo Beltrán y la pastora Nelly Ritchie de la Iglesia Metodista Argentina. Y algo también para destacar es que tres de los cuatro compañeros han pasado, han sido asiduos participantes de este Seminario de Formación Teológica y dos de ellos han sido miembros de la Coordinación Nacional de los Seminarios.

Nicolás: Comenzamos con la compañera Norma Galeano, ella es educadora comunitaria de la ONG Jardines Comunitarios que trabaja en La Matanza, Buenos Aires, la República de La Matanza le llamamos por su tamaño. Pero es militante como decíamos, de Comunidad Eclesial de Base y ex integrante de la Coordinación de los Seminarios de Formación Teológica.

Norma Galeano (La Matanza – Pcia. Buenos Aires)
Buenos días. Realmente no sé bien por dónde empezar, me enteré ayer que me ofrecieron la posibilidad y tenía que hablar de mí, cosa a la que uno no está muy acostumbrado.
Se me ocurrió esta mañana, los chicos hablaban de ver y me pareció bueno arrancar con un cuentito de Eduardo Galeano, como educadora comunitaria y como expositora, arrancar con un cuento de Eduardo Galeano muy cortito que habla de un papá y un nene que tenían que viajar para conocer el mar porque el nene no lo conocía y un día el papá resuelve llevarlo. Llegan, están caminando hacia el mar, están detrás de los médanos, se escucha el ruido del mar, el chico está cada vez más ansioso, pasan el médano y se encuentra con el mar y se quedó mudo, entonces para él era algo espectacular, algo enorme, grandioso, que lo dejó mudo y entonces lo que hace es tomar la mano al papá y le dice: «Papá, ayúdame a ver». Y creo que de eso se trata: de ver. Y yo también me puse a mirar un poco mi vida porque me decían que contara cómo había empezado. Fue allá por la década del ‘70, mi familia tuvo que emigrar porque mi papá se había quedado sin trabajo y vinimos a La Matanza, compramos un terreno en el cual tuvimos que edificar la casa y como yo era la hija mayor tuve que dejar de estudiar para ayudar a mi familia, que estaba en muchos problemas económicos. Así que empezamos así a tomar conciencia de las responsabilidades y de hacernos cargo de la situación.
Después me casé, tuve mi hijo y en el barrio estaba todo por hacer porque no había agua ni luz ni gas ni colectivos, así que la militancia tuvo que empezar medio de prepo digamos, era encontrarse con la vida y salir a hacerse cargo, hacerle frente a la vida y buscar formas de organizar el barrio, de que tuviéramos las mínimas necesidades básicas: el agua, la luz, etcétera. Así que ya ahí empezamos a militar, sin saber bien lo que era la palabra, simplemente sabiendo que estábamos tratando de dar respuesta a las necesidades del barrio.
Y después fue como una segunda etapa de darme cuenta de que yo luchaba por el barrio, pero por mi familia, pero no tenía conciencia de lo mío, de mi persona. Creo que fue un tiempo después que se me cayó la ficha, de que yo también tenía que pelear por mí, de que tenía que buscar formas de hacer lo que me gustaba, de ser lo que yo quería ser, ser feliz en lo posible dentro del marco de situación en que tenía que vivir. Así que, digamos fueron procesos de crecimiento, en lo personal.
Si yo tuviera que decir hoy de qué cosas no me quiero hacer cargo, creo que son dos: el tema me subleva mucho cuando hablan de sacrificio y me sublevan mucho las culpas, es decir, yo no quiero cargar con culpas, me parece esos son cosas en la cual tuve que romperlo para poder ser, para poder ver la vida como un milagro maravilloso.
Después de toda esta etapa de construcción del barrio, de la casa, nos encontramos que teníamos una escuela superpoblada y yo como mamá participaba en la escuela que tenía aproximadamente 2500 chicos en tres turnos: se daban tres horas de clase, los chicos salían y entraba otro turno a las 11 y salían a las dos y después entraba otro turno y así. Entonces como padres nos organizamos para apoyar a los docentes, para que dieran otra escuela, para descentralizar la del barrio, para que los chicos pudieran tener las cuatro horas.
Después todo el tema de las mujeres trabajadoras del Centro de Salud, fuimos apoyando desde la comunidad, porque me olvidé del detalle de que participaba en la comunidad y en la comunidad estábamos leyendo la Biblia y hablábamos del ver, juzgar y obrar de Paulo Freire y todo eso nos fue llevando.
Después participamos del Seminario de Formación Teológica en el ‘89 en Neuquén, en el cual Luis Fernandes decía: no hay pobres por voluntad divina, sino que hay empobrecidos; hay pobres porque hay ricos, era el eje del tema: buscar alternativas y buscar la no resignación frente a esta concentración económica.
Y bueno, entonces empezamos a buscar el Centro de Salud alternativo, el Jardín alternativo, porque era imposible de pensar en Jardines para los chicos de La Matanza, que se cuentan de a cientos y las mujeres muchas veces van a trabajar a Capital con los nenes a cuestas y los dejan en las guarderías de Capital o a veces quedan solos en la casa y han pasado cosas terribles con chiquitos que se quemó la casa cuando la mamá no estaba o se ahogaron en el pozo que estaban cavando para hacer el baño. Es decir, hacía falta organizarse para resolver el tema de la infancia.
Y, empezamos a trabajar con otras mujeres por el Jardín y nos dimos cuenta de que en La Matanza había muchos grupos, iglesias. Cuando la gente toma las tierras, los asentamientos van dejando el lugar para hacer la guardería, es decir las mujeres ya se organizan, así que en La Matanza hay muchas mujeres que estamos trabajando en el tema de la infancia y no somos educadores oficiales, es decir, el tema específico mío pasa porque los Jardines sean reconocidos por el Estado, la sociedad ya lo hizo, es decir, las madres nos dejan sus hijos, tenemos el reconocimiento de la gente del barrio y de la comunidad, faltaría el reconocimiento del Estado para tener un encuadre legal y para que los educadores comunitarios seamos reconocidos, tenemos algunas dificultades con los sindicatos que no quieren aceptar que los educadores estamos haciendo un trabajo social que el Estado no hizo porque digamos que pareciera que los chicos menores de cinco no contaban para el sistema educativo formal.
Entonces es la comunidad la que sale a resolver el tema y estamos ahí apoyados por el municipio, con muy buena onda y por muchos sectores de la comunidad, estamos limando asperezas en nuestra relación con SUTEBA, con la cual teníamos algunos problemas con algunos sectores, no todos y esa sería nuestra búsqueda a futuro: el reconocimiento y el encuadre legal de estos Jardines Comunitarios.
En grandes rasgos esa sería la historia de mi vida.

Nicolás: Ahora voy a presentar al segundo compañero que va a hablar que es Mauricio Minor, Fue Director Provincial de Niñez y Familia de la provincia del Chubut; es actualmente miembro de Cáritas en Puerto Madryn; fue Concejal en la ciudad de Puerto Madryn por el partido Justicialista hasta junio y actualmente es Convencional Constituyente para la reforma de la Carta Orgánica del Municipio. Le damos la bienvenida.

Mauricio Minor (Puerto Madryn)
De ese Hogar de Adolescentes tengo que decir que, precisamente por leer El Principito, por tener algunos libros de Freire de Pedagogía del Oprimido, por contarles de Juan Salvador Gaviota, realmente nos dijeron tercermundistas, perdimos el trabajo y perdimos a tres compañeros, no trajimos las fotos: Horacio Russín, Néstor Junquera y Mary. Y nos quedamos con miedo, nos vinimos al sur, no entendíamos mucho, nos faltó conciencia política.
Tuve la experiencia de comprometerme en el área de frontera, de conocer las comunidades mapuches. Tuve la experiencia de ser Director de Niñez y Familia, de sintetizar después la experiencia, en último término la convención y las leyes no son verso cuando se aplican en la comunidad barrial, cuando la misma se organiza para asegurar los derechos de los niños y los adolescentes, cuando es como la comunidad cristiana en que todos comparten, ahí tenemos la mejor protección integral de los niños, ancianos, de los discapacitados.
Y para ir cerrando, aunque creo que no puedo dejar de decir la experiencia de Cáritas como valiosa y decir que si me siento bien por estar en esta comunidad de la misma forma me siento bien por estar acompañado de la comunidad de la Parroquia San Cayetano, que son testimonio, que estamos ante un desafío de luchar, de hacer algo por aquellos hermanos sin techo con problemas de alcohol.
Y estamos en búsqueda y a veces a tientas.
¿Por qué fui concejal? vamos a sintetizar, porque decía la Doctrina Social de la Iglesia que había que comprometerse, porque de alguna manera acepté la opción del Justicialismo con todo el respeto a los que han aceptado otras opciones políticas. Y aunque hoy siento que un partido político y una agrupación política no me alcanzan a contener porque me subordinan y rechacé a ser cuatro años más concejal, no quisiera dejar de decirle a los jóvenes –lo hablábamos hoy– que no tengan miedo al Evangelio, no se avergüencen del él, no nos avergoncemos del Evangelio y no nos avergoncemos de la política, de estar en un gremio, de estar en un partido, de estar en la UCR, en el ARI, en el Partido de los Trabajadores, en el Partido Socialista, en el Justicialismo, donde son espacios legítimos, en la medida en que las vivamos respaldados por la comunidad cristiana.
Una duda, un problema: la comunidad parroquial, la comunidad cristiana a veces nos habla de la Doctrina Social de la Iglesia, del rol de los laicos, pero cuando nos comprometimos y volvemos a la parroquia, nos miran como «los políticos».
No quiero dejar de decir por ser vocero del grupo de ayer, teníamos miedo de decir que algunos por ahí, nos entusiasmamos con la comunidad organizada de Perón, porque nos parecía que era similar, el libro, la doctrina, por lo menos conceptualmente, a una comunidad que comparte, que hay justicia, también algunos nos entusiasmamos con Evita porque en “La razón de mi vida” decía que era cristiana y sobre todo porque se indignaba contra la injusticia.
En Cáritas, no quiero dejar de decir, que muchas veces decimos que no sé si tiene futuro y creo que sí lo tiene porque es un espacio de militancia social y política, donde además del ropero, tenemos que comprender que el mínimo del amor, el mínimo de Cáritas, es la justicia. Y termino con una consigna de Cáritas, de los animadores nacionales que nos decían, como consigna para Cáritas y para todas las militancias: ve al barrio, andá al barrio, andá con la gente, querela, queré a los chicos, a los borrachos, a los sin techo, a los abandonados, a los encarcelados, respetá lo que tienen, partí de lo que tienen, planificá con ellos, que ellos sean protagonistas.
Cuando tu tarea, cuando nuestra tarea de militantes se termine en cualquiera de esos espacios, ellos tienen que decir: podemos seguir nosotros mismos, podemos nosotros mismos y nosotros simplemente acompañar, no empujar.

Ernesto: Tenemos que reconocer que hemos cometido un error: Mauricio también participó de los Seminarios de Formación Teológica, las cuatro experiencias que tenemos sentadas aquí, en un momento han estado sentados donde están todos ustedes. Han empezado también y han cruzado un camino por este colectivo teológico y han ido encontrando rutas, alternativas, militancias. También Nelly por supuesto. Nos referíamos a las experiencias, pero Nelly también.
Vamos a presentar entonces a la compañera Elena Picasso: es abogada; está acompañando desde su servicio profesional a distintas experiencias populares en Neuquén y ahora es miembro del Equipo Nacional de Pastoral Aborigen –ENDEPA.

Elena Picasso
Buen día a todos. A lo largo de estos años puedo decir que es la realización de un sueño, de una permanente búsqueda y de un impulso del espíritu de Jesús, donde pongo toda mi energía al servicio de los más pobres y empobrecidos. Desde mi profesión como abogada y desde este llamado a la vida que empieza en la fe.
Al terminar los estudios empecé a buscar donde ejercer mi profesión y lo hice allá por el pueblo de Laferrere, cerca de La Matanza, por eso tenemos algo en común. Y empecé también en la Parroquia Santa Cruz, con los Pasionistas, que fueron como también formadores de toda una vida. Ahí empezamos el primer servicio en el barrio.
En el ‘80 decido dar un paso hacia el interior, viajar a Reconquista, el norte de Santa Fe y es Villa Ana como un lugar especial, un espacio que me permite mirar, percibir, rumiar, en escucha a la situación en las necesidades, es como la cuna de mi formación con el pueblo, de mi cercanía con el pueblo. Y con temor, temblor y pasos inciertos y relaciones nuevas, fui recorriendo sus calles, visitando familias y escuchando a la gente
Monseñor Iriarte, que estaba allí, recibió mi ofrecimiento con alegría, él era Obispo y abogado y le gustaba que fuéramos como para encontrar un camino de respuesta a tantas necesidades que conocía.
Villa Ana había vivido experiencias fuertes, y en toda la zona fui descubriendo la necesidad del pueblo pobre y cosechero, quienes desconocían sus derechos. Así, reuniéndonos con otros profesionales, con otros amigos, con inquietud de personas en búsqueda de hacer algo en torno a estas necesidades: jubilaciones, pensiones, relaciones laborales, otras cuestiones, que se plantean en el rubro de lo legal y en el camino del acompañar a la gente que necesita, encontramos que fuimos uniéndonos a un proyecto solidario.
Así en las distintas parroquias de Reconquista y en distintos lugares fuimos compartiendo, se fue formando el Servicio Jurídico Solidario que hoy existe y cumple treinta años de vida y sigue a pesar de que ahora yo estoy en otro lugar, en el sur.
Luego de unos años, vimos el crecimiento del grupo y decidimos manejarnos con autonomía, se hizo una fundación, hubo como es normal muchos tropezones y con la ayuda de Dios pudimos superarlos también muchas posibilidades de crecimiento en los barrios, con la gente.
En Villa Guillermina, luego de un proceso de años, de más de diez, con las familias de Barrio Colombres se hizo la entrega de escritura y todas las familias que ocupaban provisoriamente pudieron tener su lugar, su asentamiento seguro, su posibilidad de casa y hogar. También se fue dando en otras localidades como Cañadón Rulos, Amores, Vera, Margarita. La línea más pobre tuvo así posibilidades de trabajar compartiendo procesos, procesos por la vivienda y por la tierra.
Y nosotros lo fuimos viviendo como algo multiplicador y concientizador en la divulgación de derechos y acciones. En el acceso a la tierra y a la justicia. Y fuimos viendo que con capacitaciones múltiples se fueron haciendo también otros barrios y los pueblos se animaron a empezar otros caminos en la promoción y crecimiento comunitario.
Asesoramiento, cuestiones penales, prescripciones adquisitivas, acuerdos con los gobiernos locales y provinciales sobre el mejoramiento dominial y territorial. Es como un servicio abierto y solidario que no excluye a nadie o procura y así con varios fuimos multiplicando acciones. Actualmente está formado por varios abogados y está en distintas zonas, parajes, con asistentes sociales, agrimensores, escribanos, psicopedagogas, es decir, vamos uniendo fuerzas profesionales y de comunidades de gente de base de los lugares que con mucho tiempo de dedicación vamos conformando un conjunto solidario.
Creemos que este servicio conjunto fue creando nuevas posibilidades de ser y de hacer justicia junto con otros. Se procura ir al fondo y atacar las causas, apuntalar los apoyos económicos externos también en esta relación de mutuos aportes solidarios y los temas claves: la tierra, la vivienda, regularización dominial realizada por comunidades y entre vecinos y acompañamiento a los pueblos originarios.
También allá en Santa Fe, en la organización de comunidades de Santa Fe.
Y ahora un salto, en 1998, un proyecto de capacitación de tres años con comunidades indígenas de Neuquén, acompañar al pueblo mapuche y allí se dio expectación, escucha,  fuertes aprendizajes, era todo muy especial, nuevo. Las comunidades mapuches del sur, el pueblo mapuche tiene características propias y está extendido en amplias zonas con familias y con sus animalitos como crianceros. En Neuquén existen más de 70 comunidades que van organizándose y mostrando su propio ser como colectivo orgánico, con identidad propia. Es notable que avance el protagonismo en su dirigencia y en la consolidación de las comunidades en sus territorios comunitarios.
Voy a destacar esto que me parece importante para lo que estamos acá cercanos a comunidades indígenas y abrirnos en este espacio del Seminario a lo que es el territorio comunitario indígena.
Es algo muy importante para la vida de la comunidad y del pueblo mapuche –en todos los lugares–, pero se va constituyendo una propiedad indígena distinta, a través de la ocupación ancestral como pueblo y es importante tenerlo en cuenta para ir abriendo espacios de compartir Argentina entre todos.
Existen varios requerimientos en ENDEPA, porque la tierra y el territorio es lo que pasa por la búsqueda de las comunidades, pasa por la tierra comunitaria que es invadida, despojada, desalojada, hoy como ayer, sin respeto, pero con una presencia muy firme actualmente de las comunidades.
Y ahora sólo preguntas, con eso terminamos.
¿Cómo recuperar las tierras perdidas por alambrados que se corren? Acá teníamos ejemplos
¿Cómo acompañar estas cuestiones desde su protagonismo y propias decisiones comunitarias?
¿Cómo colaborar desde instrumentos legales apropiados que signifiquen defensa a sus propios derechos?
Y otro serio problema actual es el avance de la minería, en condiciones actuales y desde lo que significa la destrucción de sus territorios, de esos territorios comunitarios, con minería a cielo abierto: cobre, plata, uranio.
Esto es fuerte para las comunidades, porque destruye lo propio.
Y como botón señalaba Campana Mahuida en la comunidad Mellao Morales, con vecinos de la localidad de Loncopue donde estamos trabajando.
Y otras preguntas: ¿cómo defender con amparos y con otras medidas legales esta situación cuando son los estados, el estado neuquino, el poderoso opresor que junto con la connivencia de empresas locales y transnacionales provocan las peores amenazas, presiones, atentados que aterrorizan?
Y aquí termino con lo personal.
¿Cómo digo esto?: con temor y temblor, muchas veces con miedo a represalias que se ejercen sobre las radios locales, sobre los autoconvocados y activistas militantes de esta lucha, en las marchas, en los medios. Interiormente con energía y confianza, con entusiasmo, con especial entrega de mi parte puesta en esto, con auténticos deseos de corazón, con empuje, aliento y espera.
Con fuerte expectativa de lucha y de seguir andando nomás.
Hay fe y vida, fuerza en este Dios Liberador que pone desde el corazón y en el andar lo que va surgiendo.

Nicolás: Vamos a terminar con nuestro compañero Gustavo Beltrán, a él le gusta presentarse como militante de la vida. Es compañero nuestro como miembro de la Coordinación Nacional de los Seminarios de Formación Teológica y actualmente es Director de Economía Social del Municipio de Neuquén.

Gustavo Beltrán (Neuquén)
Buenos días a todos. Cuando nosotros a veces vemos a alguien que milita activamente valoramos esa actitud o ponemos expectativa también en lo que hace ese compañero, siempre viendo para adelante, pero muchas veces no nos preguntamos los motivos o el origen de ese compromiso militante, por eso y por lo que me han pedido los compañeros que haga un aporte, yo decidí buscar los motivos de mi militancia o por qué llegué hasta donde llegué o adonde estoy.
Lo primero que recordé haciendo memoria fueron mis primeros pasos en mi infancia las cosas que vi que me empezaron a hacer resonar internamente.
Durante la dictadura yo era niño, estaba en la primaria, veía y vivía de cerca, no muy claramente, mi papá con sus compañeros sostenían el sindicato judicial en el contexto de la dictadura, contenían a los compañeros y a veces hacían actividades solidarias, yo valoré mucho cómo colaboraban con un mimeógrafo que tenían, para hacer el boletín escolar. Para nosotros era importantísimo eso y ese desprendimiento de los compañeros. Desde nuestra perspectiva de niños, para muchos eso no tiene nada de combativo, pero sí era importantísimo para nosotros.
Por otro lado, también me enteraba y escuchaba las cosas que se comentaban: mi viejo que tenía aprietes de la SIDE (Servicio de Inteligencia del Estado) para que no se reúnan, para que no se movilicen, todas esas cosas. Y también escuché otra campana: yo tengo dos tíos militares, suboficiales que protestaban, hablaban contra Don Jaime, metían miedo, mencionaban a los subversivos, yo escuchaba esas cosas y antes que el miedo lo que en mí primaba era una sensación de que había injusticia, quería averiguar y tenía la necesidad de saber qué era lo que realmente pasaba.
Entonces el primer impulso fue empezar a enterarme, a tratar de comprender que era lo que estaba sucediendo en ese proceso y esto acompañado por esas actitudes solidarias de compañeros que estaban en un sindicato, militaban en algún sector.
Después ya en democracia en los ‘80 y ya siendo un adolescente, empezamos a partir de todo esto que venía a encontrarnos con vecinos, amigos, compañeros del barrio, viendo las problemáticas del mismo, interesándonos por resolver algunas de orden social o del medio ambiente y ahí conformamos un grupo juvenil en el barrio que se llamaba grupo Rehue que en mapuche es el territorio sagrado.
Así que bueno desde ahí empezamos a hacer algunas cosas con los niños del barrio: organizamos un taller de sexualidad con docentes, en esa época también había como un dejar de lado muchos tabúes. Juntábamos firmas, hacíamos un montón de cosas. Ahora se me hace patente esa frase del Obispo Cámara que dice: «Cuando uno sueña solo, es sólo un sueño y cuando muchos sueñan juntos, es el comienzo de una nueva realidad», y en ese momento lo hicimos.
Así fue que otro aprendizaje que saco de esto, de mi adolescencia, es que descubríamos que había otros que tenían los mismos intereses o que queríamos hacer cosas y que éramos capaces de organizar acciones y llevarlas adelantes bien, eficazmente.
Lo que siempre hice fue participar de mi comunidad, de la Parroquia Don Bosco, salesiana. También fui formado en un ámbito o sea en una iglesia local defensora de los derechos humanos, a lo que estoy muy agradecido y reconozco la enorme tarea que realizó don Jaime De Nevares en este sentido. Pero sin duda, mi relación con la fe y el compromiso militante se afianzó en el primer Seminario en que participé, que fue en el año 1992, en El Dorado, Misiones. Allí lo que me dejó impactado fue la diversidad, el diálogo de culturas, la opción por los pobres que atravesaba como un eje todos los ámbitos y los espacios. A partir de los Seminarios aprendí la importancia de la relación entre la fe y la política, métodos como el de Ver, Juzgar, Actuar y Celebrar; el trabajo grupal, la técnica de construcción de acuerdos, de participación popular, de manifestarse. En síntesis descubrí un potencial de sabiduría que está albergado en nuestro pueblo pobre y creyente.
Y mi fe en el Dios de la vida y en el hombre nuevo es lo que me impulsó primero a participar en una mutual, después empecé a militar en el campo sindical, a partir de reivindicaciones salariales y por mejores condiciones de trabajo y después fui incorporándome a la conducción del sindicato judicial como Secretario de Derechos Humanos en Neuquén.
Empezamos a ver con nuestros compañeros que había cuestiones más de largo plazo, estratégicas, que había que trabajar, aparte de las reivindicativas, entonces empezamos a preocuparnos por el tema del Consejo de la Magistratura, a denunciar hechos de corrupción o represión que excedían lo reivindicativo y que ya entraban en el plano de la política.
Bueno en esta etapa del aprendizaje me parece que fue importante ver que algunos hablan de lo social y lo político como que son dos cosas distintas, como que hay que pasar de lo social a lo político, como si lo social tuviera un techo y a mi me parece que son dos cosas que tienen que estar muy entramadas en la militancia de uno. Que lo político sin lo social no tiene un enraizamiento, no tiene sustento popular, como que no tiene sentido lo político sino tiene un trasfondo y un sustento social. Y lo social es un esfuerzo que cae en el vacío sino tiene un punto de acumulación y de concreción de sueños. Entonces es algo que tiene que ir íntimamente unido y eso lo aprendí ahí.
Después con toda esta visión empecé a participar en movimientos sociales y políticos en el ‘99 en el Frente a la Resistencia, fui candidato a intendente por la ciudad, una fuerza chica, pero fue una experiencia importante.
A partir del 2003 empiezo a militar en el Movimiento Evita y en un par de elecciones, por ahí he estado como candidato a Concejal, siempre en alianzas o frentes amplios con otros sectores; esto también es empezar a ver cómo debatíamos y consensuábamos ideas con sectores que eran distintos pero no eran antagónicos. O sea, podíamos a pesar de las diferencias, construir un marco de acuerdo.
Y ahí es donde me vino esto que decía Jorge Huergo en el 2002, que era construir el arco del sueño social, donde todos podíamos armar un proyecto diverso.
En el 2008 llegamos con un frente político encabezado por Martín Farizano al municipio y bueno, no entré como Concejal, porque no me daba el cuero, pero bueno, me ofrecieron hacerme cargo de la Dirección de Economía Social.
Y lo vi como un desafío, porque siempre estaba acostumbrado a estar del otro lado, del reclamo, de la resistencia y ahora tenía que estar del otro lado que era el del Estado y era todo un desafío, pero nos entusiasmamos y con nuestros compañeros empezamos a planificar, a armar proyectos, era un espacio chico pero importante, lo que fuimos descubriendo es que había un Estado burocrático, había un sector del estado burocrático que viene de arrastre, empezamos a descubrir esas cosas.
Así que bueno, para resumir, lo que quiero decir es que la militancia es una forma fundamental de mi vida y que la militancia es una opción de vida para mí, porque en eso descubrí y siento que me impulsan muchos compañeros que ya no están con nosotros, como Carlos Mugica, Enrique Angelelli, Jaime De Nevares, compañeros de Neuquén, Susana Goyochea y tantos otros.
Gracias.

 

 

 

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