Aportes del 25 SFT - Febrero 2010

Enhebrando militancias como pueblo

por Néstor Míguez


Bueno ahora sí los saludo oficialmente. La paz del Señor con todos. Y es así: viene la gente laica y dice «compañero y compañera» y nosotros decimos «la paz del Señor», bueno, ya como que uno va marcando de dónde viene, aunque sea inconscientemente.
El primer día Marcelo Trejo nos ayudó a pensar en lo que significan las militancias y por qué hablamos de militancias; si ustedes recuerdan mencionaba el origen en la palabra latina «miles» que quiere decir soldado, el que milita y después también estuvimos viendo a través del panel, de Nelly (Ritchie) y a través de lo que nos acaba de decir Claudia, cuáles son los desafíos que enfrentamos, desafíos para transformar y transformarnos.
Yo quisiera centrarme un poco más en la última palabra entonces, que es la palabra pueblo porque justamente el día de hoy lo que vemos es cómo construimos proyectos para el pueblo y entonces trabajar un poquito esta idea de pueblo, Voy a partir no de la Biblia cristiana, a la cual después voy a volver, sino de lo que nos dicen que es la Biblia o la oración de la Patria, de la Nación que es la Constitución Argentina y así como todos recordamos el Génesis 1 «En el principio creo Dios los cielos y la tierra…», a todos nos enseñaron a recordar el Génesis 1 de la Constitución Argentina «Nos los representantes del pueblo de la Nación Argentina etc.», siempre en virtud de pactos preexistentes, eso no hay que olvidarlo.
Es interesante porque justamente comienza invocando la palabra pueblo «Nos los representantes del pueblo de la Nación Argentina», pero cuando avanzamos en la lectura de la Constitución y buscamos cuando figura de nuevo, nos encontramos con un artículo que dice: «El pueblo no gobierna ni delibera en su lugar lo hacen los representantes». Cuando juntamos estas dos cosas es interesante porque los representantes del pueblo decimos que el pueblo no gobierna ni delibera sino que nosotros lo hacemos y llama la atención ver cómo hoy en día, que es tan frecuente citar a los constitucionalistas, ninguno de ellos nos dice que la Constitución  aclara que el pueblo no tiene lugar, que en lugar del pueblo están quienes se dicen sus representantes Y si me permiten ir un poquitito más allá, cuando estos representantes dicen «Nosotros los representantes del pueblo» ¿con qué legalidad son ellos los representantes del pueblo si justamente la Constitución todavía no existía?, ¿por qué mecanismo legal se constituyen en representantes del pueblo? en virtud de pactos preexistentes, que ellos mismos impusieron ignorando otros pactos.

De manera que el pueblo, por un lado invocado como fuente del poder, es eliminado desde el principio en la propia Constitución como fuente del poder. Curioso o nada curioso.
La democracia –ayer lo trabajamos en el Espacio «Democracia participativa»– se forma vaciando al pueblo, desconociéndolo y erigiendo en su lugar a un grupo que se llama los representantes, autodesignado los representantes y que en nombre del pueblo dicen que el pueblo no gobierna ni delibera. Interesante forma de empezar a hablar de lo que es el pueblo.
Los griegos –que más allá de muchos defectos en algunas cosas eran bastante astutos– se dieron cuenta de esto ya de entrada, cuando inventaron la llamada democracia. Y por eso tenían dos palabras para pueblo, una era «demos», la otra «laos». El demos quiere decir pueblo, por eso democracia es el gobierno del pueblo, lo más probable es que la inmensa mayoría de los que estamos acá, sino todos, no podríamos ser parte de ese pueblo, porque el demos se definía muy estrictamente: varones, padres de familia, propietarios de tierras agrícolas. De manera que si uno no era varón, mayor, padre de familia y propietario de tierras, no era parte del pueblo, no era considerado dentro del demos, no tenía derecho a participar de la asamblea, por lo tanto, es muy probable que ninguno de nosotros podría ser demos.
Tenían otra palabra: «laos». De donde viene nuestra palabra laico, que estrictamente quiere decir: los de afuera o sea que estaban los propietarios que habitaban en la ciudad y el resto de la población que no tenía propiedad: las mujeres, los esclavos –que ni siquiera eran laos, porque no eran considerados seres humanos–, los campesinos libres no propietarios –la inmensa mayoría de la gente era el laos–, los expulsados, los excluidos, los que vivían afuera. Miren de dónde viene la palabra laico a diferencia de clero y lo digo yo que soy clero que quiere decir: elegido. Así es.
Entonces algunos son los elegidos, los representantes, para colmo en el caso de la iglesia ni siquiera los representantes del pueblo, los representantes de Dios  ni más ni menos y los expulsados, el laos, los que están afuera, los que no tienen derecho a decidir. El demos entonces expulsa al laos.
Y no quiero ser agresivo, pero cuando uno entra en la raíz de la palabra laos, más en el fondo, allá antes que significara esto, no se lo digan a nadie, quiere decir vómito: lo expulsado, lo que uno echa afuera porque le cayó mal.
Entonces, este pueblo, que no tiene, que es parte del pueblo pero que no es reconocido cuando se habla del pueblo, en el sentido del demos, de los que tienen la capacidad de decidir. Y Jesús ni una sola vez habla del demos, siempre habla del laos; Jesús no es democrático, es laocrático.
Un pensador y filósofo francés, que me ha ayudado en estas reflexiones –Jacques Rancière–, tiene una cita donde dice «Hay política cuando hay una parte de los que no tienen parte, una parte o partido de los pobres». Hay política cuando no está solamente el demos, sino cuando alguien empieza a gritar en nombre del laos, cuando el laos se mete dentro de la tranquilidad y de los consensos que elaboran los padres de familia, varones y propietarios y empieza a decir: no, nosotros también somos ese pueblo no representado, ese laos, esos pobres. Hay política sólo cuando realmente empieza a haber una parte de los que se quedaron sin parte, cuando los propietarios se repartieron todo, los que se quedaron sin su parte empiezan a decir: esto no es así. El bien, es bien común y común significa de todos, no sólo de los propietarios, no sólo del demos, también de nosotros, de los que formamos parte del laos.

Mirar a la vida de Jesús, es mirarla como militante del laos. Como aquel que toma parte junto a los que no tienen parte. Se hace parte de los que no tienen parte y de esa manera es un militante del pueblo y así aparecen múltiples militancias de Jesús. Jesús por ejemplo va al desierto e inaugura un comedor popular donde fue la gente que tenía hambre y no tenía pan y empezó a repartir pan y pescado y más de una vez si nos atenemos a los evangelios. De manera que el militante popular Jesús es el militante de comedores populares.
El militante popular Jesús, abrió varias salitas de salud, donde iban rengos, mancos, ciegos, sordos y recibían a través de medicina alternativa, sus curaciones incluso untándole los ojos con barro y otras chanchadas por el estilo.
El militante Jesús es aquel que, cuando los discípulos le dicen a las mujeres que venían con sus hijos a recibir la bendición que no lo molesten, dice: no, no los dejen sin su parte, también los niños tienen parte, es más, el que no es como un niño se queda sin parte. De manera que el militante Jesús es un militante del pueblo de los niños, del pueblo de los jóvenes.
Es un militante que les dice  a los que se aferran a la constitución, a los escribas, a los abogados de su tiempo, les contesta no con leyes sino con parábolas, reivindicando la sabiduría popular, la experiencia del pueblo rural en esas parábolas. Es un militante de la sabiduría popular, de la experiencia de los pueblos rurales.
Es el militante que reivindica la voz de las mujeres, incluso de aquella mujer a la que querían apedrear porque la habían tomado en acto de adulterio. Siempre me he preguntado cómo una mujer puede hacer un acto de adulterio sola, ¿por qué al varón no lo trajeron para apedrearlo?
Es un militante de la integridad de la creación, que hasta los vientos y las olas le obedecen, tan integrado estaba en la creación que podía dialogar con el viento y con las olas.
Es el militante de los pobres, lo que hemos leído hoy en la escritura: he venido porque el Espíritu del Señor, el soplo, el viento patagónico de Dios así me lo manda, a traer buenas nuevas a los pobres.

Es decir, en la vida de Jesús se resumen tantas militancias, de estas militancias que nosotros partimos: militante feminista, de los pobres, militante de los barrios. Jesús es todas esas militancias; en la persona de Jesús se reúnen, se complementan, se encuentran esa pluralidad de militancias y El las anuncia con una palabra: es el Reino.
No como algo que tenemos que esperar, porque además dice: el Reino ya está entre nosotros, el Reino es una manera de vivir, anticipadamente, la plenitud de lo que significa ser pueblo en serio, no pueblo de excluidos, no pueblo separado, no pueblo solamente de los poderosos, de los propietarios y de los varones, pueblo de vida plena, de vida en cada momento, pueblo del Reino, manera de ser íntegro, como ser humano junto con los demás.
Por eso el Reino tiene una dimensión política y cito nuevamente a Don Rancière, siguiendo ese pensamiento que yo les había dicho antes: «La política existe cuando el orden natural de la dominación –es decir, la dominación aparece como algo natural, como que ya está establecido incluso por la Constitución, como vimos–, es interrumpido, porque aparece una parte de los que no tienen parte. Entonces –dice– hay política».
Por eso el Reino de Dios es político, porque interrumpe el orden natural o naturalizado de la dominación, para decir que el Reino es justamente de los pobres, de los hambrientos, de los niños, de las mujeres condenadas, de los que se han quedado sin parte. Y miren las Bienaventuranzas sino es justamente eso, es interrumpir el orden de la dominación, trayendo la presencia de los que no tienen parte. Mirar la vida de Jesús es mirar ese militante popular, en ese sentido se hace parte de los que no tienen parte.
El pueblo, el laos, lo reconoce entonces y empieza a seguirlo, a escucharlo, a reconocerle autoridad porque tiene la autoridad no de los escribas y de los fariseos, lo dice así el Evangelio: no tiene la autoridad que le da la constitución y las leyes, tiene la autoridad que le da su compromiso popular, tiene la autoridad de vivir junto con ese pueblo cada día, en sus desgracias y en sus luchas, en sus sueños y en sus frustraciones, en sus esperanzas y en su confianza en Dios. Y por eso lo reconoce Mesías, no dejen que los engañen los teólogos de que el pueblo no lo reconoció a Jesús como Mesías, sí, obviamente, el pueblo laos si no fíjense qué pasa en el que nosotros llamamos el Domingo de Ramos, la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, ¿qué le grita el pueblo?: Bendito el que viene en el nombre del Señor, Hijo de David, Príncipe de Paz. Miren en el libro del Profeta Isaías y esos son los títulos del Mesías.
Y será su nombre Admirable Consejero, Dios fuerte, Príncipe de Paz, yo les prometo un Mesías Hijo de David, cuando la gente dice «Hosanna, sálvanos ya» lo está reconociendo como Mesías, el pueblo, el laos, los de afuera, los que venían del campo en las peregrinaciones dicen: «Este es el Mesías que esperamos», no como lo tenían definido en sus artículos precisos los fariseos, los escribas, los sacerdotes, que por lo tanto no lo pueden reconocer como Mesías.

Pero ese pueblo humilde sí lo reconoce y lo aclama, y esa es una aclamación política, perdonen que lo diga así, Jesús no solamente se metió en política, inventó la política del Reino, cortó la dominación naturalizada porque introdujo esta idea del Reino, de la parte de los que no tienen parte. Por eso se asustan los políticos de la policía y no me puedo extender demasiado porque ya se me fue el tiempo. Pero justamente este mismo filósofo Rancière es el que señala que la diferencia entre dos palabras que tienen el mismo origen: policía y política, y dice: algunos confunden la política con el poder de policía, de poder mantener el orden establecido por ese demos de los representantes contra la política que es empezar a proclamar, desde los que no tienen parte.
Escuchar la voz de los que hemos negado la voz.

¿Y se acuerdan lo que nos dijo Marcelo de dónde viene la palabra miles y cuáles son las dos instituciones que de alguna manera plasmaron esa antigua idea de militante, del militante encuadrado, de la estructura militante? ¿se acuerdan de cuáles eran las dos instituciones? el ejército y la iglesia. ¿Quiénes se unen para crucificar a Jesús?: el ejército romano y el poder religioso del templo. Pilatos: que era un general romano y Anás y Caifás: los sumos sacerdotes del templo.
Los de la vieja militancia, la militancia definida como orden jerárquico, como encuadramiento, crucifican la nueva militancia. Y Dios decide no quedarse de brazos cruzados y da su veredicto: se llama Resurrección.
En la Resurrección Dios dice de qué lado está, qué militancia aprueba, cuál es el verdadero pueblo de Dios, el laos de Dios. Nunca van a encontrar en la Biblia la expresión demos de Dios, siempre van a encontrar la expresión el laos de Dios, el pueblo humilde, sencillo, excluido, los vomitados del sistema son los que Dios ha elegido.
Pablo lo dice con otras palabras: los que no son, aquellos que ni siquiera nombre les damos, eligió Dios para avergonzar a los que son porque los poderosos de este mundo no pudieron reconocer al Señor de la Gloria y por eso lo crucificaron.
Es este laos de Dios.
Y yo quisiera terminar tomando esta imagen de la contraposición entre la militancia del militar y el modo de mostrar, usamos una palabra difícil: la estética militar, que se muestra en el desfile o la estética de la iglesia institucionalizada que se muestra en la procesión, donde todos van vestidos de la misma manera, en el orden establecido, encuadrados en fila, marchando con un determinado paso, a un determinado ritmo marcado, hay una estética del orden, que se ve en las instituciones militar y eclesiástica, en el desfile y en la procesión –me refiero a la procesión litúrgica.

Yo estaba mirando –los años le juegan malas pasadas a uno–, nunca fui un buen bailarín, debo confesarlo, pero ahora además tengo un problema en la cadera, de manera que directamente no puedo bailar y cualquier movimiento un poco sacado ya me hace doler.
Pero yo miraba cómo cada vez que suena un chamamé, cada vez que suena una chacarera, –la zamba no los entusiasma tanto– se ponen a bailar e incluso recién cuando cantamos la chacarera al empezar, aquí en el medio no, pero allá en un costado, aquí, en otro, ya había parejas bailando. Esa es otra estética, otra manera de expresar la belleza, distinta de la estética del desfile y de la procesión.
También hay una cierta disciplina en el baile, uno tiene que seguir el ritmo, hay ciertas figuras que hay que hacer, pero además no se puede bailar solo, no son esos bailes de los boliches donde cada uno baila solo, ensimismado, en el baile popular uno tiene que mirar su pareja y a las otras parejas; en la chacarera, en la zamba, incluso en el chamamé, uno tiene que ir mirando el espacio que ocupa, de tal manera de poder darle una patadita al enemigo… Entonces, por un lado hay un ritmo, una cierta disciplina que me hace tener en cuenta al otro, pero además hay creatividad porque cada bailarín toma una postura del cuerpo, hace una figura. Luego, cada varón trata de lucir su pasito distinto en el zapateo o la mirada seductora de la dama en el zarandeo o la forma en que se encuentran en la coronación.
Me parece que va a ser difícil que un soldado en el desfile le de una mirada seductora a su sargento, no la va a pasar bien. Tampoco un monaguillo que intente demostrar sus capacidades en el zapateo durante el procesional.

La militancia popular es esa que por un lado es disciplinada, toma en cuenta al otro, sabe de un lugar y se mueve con el ritmo del pueblo, pero que a la vez es creativa, seductora, capaz de inventar bajo el ritmo de la obra de Dios, en ese silbo del soplo del Espíritu

Y anunciar así la esperanza del verdadero militante del pueblo, de aquel que sigue el camino del militante popular que nos hace Reino, que nos hace laos de Dios, que nos ayuda a crear la laocracia.
Aquel que dijo: «si son mis discípulos conocerán la verdad y la verdad los hará libres».
Amén.

 

 

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