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Aportes del 23 SFT - febrero 2008
Desde los pueblos crucificados,
vamos por más humanidad
[En Word]
Hay como dos grandes “puertas” por donde entrar en el Lema: los pueblos crucificados y la cuestión de la humanidad. Ezequiel Silva, uno de los teólogos animadores del Seminario, que estará en el espacio Culturas Juveniles, intenta desgranarlo un poco, acentuando fundamentalmente estos dos tópicos que proponemos para el próximo Seminario.
Por Ezequiel Silva

Desde...
En sintonía con la teología de la liberación, el “desde” viene, más bien, a comunicar algo sustantivo, algo que es determinante para nuestro quehacer teológico como sujeto colectivo. En este sentido, afirmamos que el “desde”, antes que ser un lugar geográfico, es un lugar teológico (locus theologicus). Desde el lema seguimos afirmando que los contenidos propios de la revelación son mejor comprendidos desde un lugar. Y también que ese lugar nos da luz nueva para releer los contenidos de la revelación. Ese lugar son los pobres.
La historia de Dios con su pueblo y su progresiva revelación nos manifiesta con claridad que la vida de los pobres es donde Él escoge revelarse y actuar. Dios opta por los pobres y el SFT quiere ser fiel a la opción de Dios. El “desde” nos evoca esta memoria del Dios de los pobres y su parcialidad hacia el sufrimiento de las mayorías excluidas de nuestra historia. Una opción a favor de la liberación de los pobres y contra la inhumana pobreza.
Estamos frente a una teología de la historia que la caracteriza centralmente en su dimensión sacramental. La historia, la realidad, tiene la capacidad de manifestar –u ocultar, reprimir, negar- a Dios. Tanto en su dimensión histórico-pastoral –como signo de identidad de una época histórica- como en su dimensión histórico-teologal –en tanto manifestación de Dios en la historia- “el” signo de los tiempos por antonomasia son hoy en día los pueblos crucificados.
La vida es lo que se le arrebata a los pueblos crucificados. La muerte, en forma rápida o lenta, es lo que se les impone. Por eso, en tantos Seminarios anteriores hemos puesto la Vida en el centro de nuestra construcción teológica. Tomar el “desde” como algo sustantivo para el quehacer teológico debe ser opción y compromiso del SFT.
La historia de Dios con su pueblo y su progresiva revelación nos manifiesta con claridad que la vida de los pobres es donde Él escoge revelarse y actuar.
Dios opta por los pobres y el SFT quiere ser fiel a la opción de Dios.
Los pueblos crucificados
Sin embargo, que el “desde” sea este año un “desde los pueblos crucificados” es distinto. Al decir pueblos crucificados ya estamos haciendo teología. Estamos elevando a categoría teológica la realidad.
La crueldad y la muerte que ha desatado el capitalismo en esta etapa de su historia –neoliberalismo- no tiene precedentes en la historia de nuestra civilización. Afirma Pedro Casaldáliga: “Esta situación que sume a los pueblos en un calvario histórico es fruto de la civilización del capital, que Ellacuría llamó también civilización de la riqueza. Ésta hace de ‘la acumulación del capital el motor de la historia y de su posesión y disfrute el principio de humanización’ ”. Jon Sobrino ha comprendido esta realidad masiva, cruel, injusta y estructural como “pueblos crucificados”. Se trata de la inmensa cantidad de pobres, víctimas e injusticiados de hoy que cargan con el pecado del mundo. Como dice el teólogo jesuita, un mundo que es cruel por el “sufrimiento que produce en los oprimidos”.
El pueblo crucificado tiene una dimensión negativa. Se trata de las inmensas mayorías sumidas en la pobreza y miseria inhumana cuyas vidas están permanentemente amenazadas por la muerte. No por una muerte natural, sino más bien histórica, que toma la forma de crucifixión, asesinato, activa privación histórica de la vida, lenta o rápidamente. A esa muerte, producto de la injusticia, acompaña la crueldad, el desprecio y, por otra parte, el encubrimiento.
Pero el pueblo crucificado también tiene una dimensión de positividad. Pero ¿cómo trae salvación? Por dos cosas fundamentalmente: Primero, el pueblo crucificado ofrece “luz” (cf. Is 42, 6; 49,6). En nuestros días, afirma Ellacuría, el Tercer Mundo ofrece luz al Primer Mundo para que éste se vea en su verdad, lo cual es elemento importante de salvación. El segundo elemento es la “esperanza”, que pasa por crisis y épocas de desencanto. Hay una fe que crece en la oscuridad y una esperanza que triunfa sobre el desencanto, como lo muestra su lucha histórica y su determinación por vivir.
Al decir pueblos crucificados ya estamos haciendo teología.
Estamos elevando a categoría teológica la realidad.
Más humanidad...
La pregunta por lo humano es una pregunta fundamental, que moviliza las fibras más íntimas de nuestro sentir y pensar. ¿Qué “más humanidad” estamos buscando?
Decía I. Ellacuría: “El estado del subdesarrollo es en sí mismo y en relación con estados de desarrollo una flagrante violación de la solidaridad humana, esto es, de la naturaleza misma del fundamento de los derechos humanos, y lleva consigo la permanente violación de esos derechos.”
La ruptura fundamental de la solidaridad humana que se verifica en la coexistencia de impúdica riqueza y pueblos crucificados es lisa y llanamente negación de humanidad. Desde el SFT buscamos otra humanidad. Estamos en contra del mercado neoliberal que se sostiene en base a relaciones “humanas” que deshumanizan. Cosificación, prescindencia, manipulación y sometimiento del otro son parte de esta lógica deshumanizante del mercado.
Ha llegado definitivamente la hora y la urgencia de ir por “más” humanidad. El supuesto “más” tan atractivo y seductor que nos ofrece el neoliberalismo homicida es un espejismo que encubre un “menos” cada vez más pronunciado: el “más” de unos pocos es consecuencia del “menos” de muchos.
Debemos ir por más humanidad, pero distinta a la se que nos quiere imponer. Queremos construir “otra humanidad posible”. ¿Cómo es esa “humanidad” por la que queremos ir? Jesús y el evangelio pueden orientarnos en ello
Ese plus o “más” de humanidad que esperamos es definitivamente algo “nuevo”.
La misericordia es fundamental para “definir” lo humano. Por ello uno de los textos inspiradores del lema que nos convocará este año es: “misericordia quiero, no sacrificios” (Mt 9, 9-13; Mt 12, 1-8; Os 6, 6). La misericordia “es una actitud fundamental ante el sufrimiento ajeno, en virtud de la cual se reacciona para erradicarlo, por la única razón de que existe tal sufrimiento”. Por eso la misericordia evangélica es interpelante, cuestionante y conflictiva. Sin embargo a Jesús no lo crucificaron por ser simplemente “bueno”. Lo crucificaron porque con su praxis de misericordia cuestionó las estructuras opresoras al servicio de la religión y del estado.
En la persona de Jesús la misericordia alcanza una dimensión contundentemente práxica, política y profética. Al mismo tiempo la misericordia, junto con la entrega, la fidelidad y la solidaridad son las notas características que sirven para determinar la humanidad de Jesús. ¿Cómo se revela lo humano en Jesús? Contrasta ciertamente con nuestra tradición cultural greco-romana el hecho de que la humanidad de Jesús no se revele en la racionalidad, sino en la misericordia, la entrega, la fidelidad y la solidaridad. La humanidad verdadera pasa por ahí. Son características de lo humano que hay que recuperar, por las que debemos ir: “vamos por más humanidad”, dice nuestro próximo lema.
Hoy día bien podemos decir que la praxis de misericordia debe traducirse en proyectos políticos, estructuras humanizadoras, y acciones a favor de la justicia y la liberación. En definitiva en diversas praxis resucitadoras que bajen de la cruz a los pueblos crucificados. Esa tarea y compromiso humanizante debe concentrar nuestras energías y lo mejor de nuestra creatividad. ¡Ojalá el próximo SFT nos anime en ello!
La misericordia debe traducirse en proyectos políticos, estructuras humanizadoras y acciones a favor de la justicia y la liberación. En definitiva en diversas praxis resucitadoras que bajen de la cruz a los pueblos crucificados
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