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Espacio Culturas juveniles
Desarrollo General
El lunes se presentó el objetivo del espacio, que consistió en poder apropiarse del lema desde la realidad juvenil, e imaginar caminos de proyección. Se hizo un mural común y un trabajo en grupo a partir de plantear qué malestares viven los jóvenes hoy y cómo se expresan. También se conversó y se armaron producciones simbólicas a partir de los signos de vida abundante que fluye en las culturas juveniles.
El martes, luego de una celebración animada por el grupo de liturgia, hubo un juego de integración por el grupo de animación. Ambos grupos, junto con un tercero de música se armaron el primer día entre los mismos participantes del espacio a partir de la propuesta de crear estructuras internas democráticas que permitan hacer “práctica de ciudadanía” durante el tiempo que dura el Seminario. Con una guía de lectura previa y unas preguntas para el trabajo en grupo posterior, se vio la película “La aldea”.
A la tarde, se presentó un panel con tres ejes, con breves aportes de los animadores: Ernesto Bruna en comunicación, Susana Goyochea en corporeidad y Nicolás García y Ramiro Gaggiotti trataron sobre espacios formativos y trabajo. Cada participante eligió luego un eje para el trabajo en grupo, y luego de unos plenarios por eje se confluyó en un plenario general.
El miércoles el acento estuvo puesto en lo teológico, con un aporte de Ezequiel Silva y un trabajo posterior. Con el objetivo de hacer un poco la “resonancia” y recoger algunos “ecos” de la charla, se propuso un trabajo personal que luego fue compartido en grupos por aproximación de edades. Se planteó sobre la construcción del propio proyecto de vida, su ubicación en el marco de algún proyecto político y su vinculación con el proyecto de Jesús. También se trabajó un rato en grupos por los mismos ejes del día anterior, incorporando la dimensión teológica, se elaboraron signos a modo de síntesis y expresión de lo trabajado y se concluyó con un plenario general.
El de arriba, desde abajo
La ciudadanía implica la inserción activa en un proyecto político. La ciudadanía plena tiene dos patas: el don y la tarea. Intuyo que una persona no es plenamente ciudadano si se queda en el plano de los derechos y deberes y no pasa al plano de la inserción en un proyecto político. Por eso es fundamentar ciudadanizarnos todos en este último sentido; en especial a los pobres. Son ellos los que tienen que ser sujetos gestadores de historia, quienes se inserten en un proyecto político como protagonistas.
Hay diversas perspectivas desde donde se puede construir la ciudadanía. Por poner una, tomemos una imagen espacial: arriba/abajo. La ciudadanía se puede construir desde “el poder de los poderoso” desde esa “fortaleza que se manifiesta en la debilidad” (Cf. Cor).
Desde la encarnación hasta la cruz, Dios nos responde que su opción es contundentemente “desde abajo”. Por eso debió encarnarse, “anonadarse” (cf. Fil 2, 6-11) “abajarse” a nuestra carne e historia para regalarnos la profundidad insondable de su amor y ternura. ¡Qué paradojas las del Dios de la Vida! Resulta que para “el de arriba”, el modo de hacer las cosas es “desde abajo” (cf. Magníficat en Lc 2, 46ss). La forma de construir ciudadanía es desde abajo, desde los pobres. De hecho, la primera bienaventuranza es ¡felices los pobres! (cf. Lc 6,20). Dios pone en primer lugar a aquellos que los hombres ponemos en el último lugar.
Ezequiel Silva
Proyecto político
Un proyecto político implica la comunicación, el encuentro con los otros. Allí se discuten los relatos, las representaciones del mundo distintas, las diversidades culturales, los intereses personales. Y cuando más grande y ambicioso es nuestro proyecto político más dificultosa es la comunicación y la construcción de esa alternativa.
Nuestro proyecto político va a entrar en juego con el de muchos otros. Estamos habituados ahora a las frases: “otro mundo es posible” y “un mundo donde quepan todos los mundos”.
Hay que reconocer que el sistema de opresión, que identificamos con ese nombre de Modelo Neoliberal, que encumbró al dios Mercado es una construcción de poder hegemónico.
Nuestro proyecto político no puede apuntar a un mundo en total armonía. Sino a un proyecto que dispute la hegemonía e instaure una nueva. Por eso nuestras prácticas son contrahegemónicas. Y tanto para construir la alternativa política, como para generar las condiciones de su triunfo hay que entrar en contacto, en comunicación y sobre todo, mancharse con el barro de la historia.
Ernesto Bruna
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