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Aportes
para leer, pensar y discutir
Espacio
Tierra, Justicia y Libertad - Martes 7
Algunas
consideraciones sobre
el sector agropecuario y la población rural
(Síntesis)
Javier
Goldín
A
pesar de su enorme territorio, la abundancia de agua dulce y la
fertilidad de sus suelos , nuestro país tiene un muy bajo
porcentaje de población rural. Históricamente la propiedad
de la tierra se concentró en pocas manos, adoptándose
un sistema productivo extensivo, con bajo nivel de ocupación
de mano de obra, con excepción de algunas economías
regionales. En la actualidad, sobre un total de 38 millones de habitantes
la población rural la podemos estimar en no más de
3,8 millones de habitantes, o alrededor de 1 millón de familias.
La región pampeana donde se dio la mayor concentración.
En esta región se expandió notablemente la producción
de granos. Debido al desplazamiento del ganado a otras áreas,
se redujo la superficie destinada a pastoreo y cosecha, y la producción
de granos se especializó en soja, trigo, maíz y girasol,
perdiendo diversidad.
El número de productores cayó más que el número
de explotaciones, ya que muchos de ellos no pudieron seguir trabajando
la tierra y la arrendaron, o fueron expulsados de los mercados de
productos y se dedican al autoconsumo. Se estima que entre el 75%
y el 50% de la superficie cultivada con granos no estaría
siendo trabajada por sus propios dueños.
Según Horacio Giberti, "el reemplazo de pequeños
y medianos productores por la gran empresa afectó la estructura
social porque reemplaza a las familias rurales -clase media local-
por unos pocos directivos y algunos peones, perjudicando la economía
local por que participa poco de ella, efectúa sus principales
compras y ventas a través de su casa matriz, ubicada fuera
del área, hacia donde también transfiere sus ganancias.
El cuadro se agrava con los fondos de siembra, empresas orientadas
hacia beneficios circunstanciales, que eluden inversiones, arriendan
por una cosecha, utilizan contratistas, prescinden de personal y
carecen de capital fijo, de arraigo (son golondrinas), y no preservan
los recursos naturales".
La
Política Agropecuaria en los ´90
La
intensificación del uso del suelo con fines agrícolas,
se produjo en el marco de la apertura económica con dólar
barato, que facilitó la introducción de tecnologías
insumo - intensivas (fertilizantes, agroquímicos y semillas).
Paralelamente, el desarrollo de la Siembra Directa (SD) , permitió
compensar en parte el abandono de la rotación agrícola
- ganadera. Por otra parte, la asociación entre la (SD) y
del Gen RR en la soja, aceleró, por una cuestión de
costos, al simplificar las labores del cultivo, la implantación
de esta oleaginosa que hoy presenta el 50% del total de la producción
de granos.
El modelo centrado en la producción agrícola se especializó
en pocos granos, elevó la productividad, duplicó la
cosecha y aumentó las exportaciones pero, al mismo tiempo,
contribuyó a concentrar la producción en menos manos,
reducir el empleo y a expulsar a familias productoras. Además,
el avance de la agricultura sobre tierras frágiles, o la
falta de rotación en las zonas más aptas, aumenta
los riesgos de deterioro de los suelos.
La
devaluación y las políticas agrícolas
La devaluación y la aplicación de retenciones diferenciales
a las exportaciones se constituyeron en las principales políticas
agropecuarias después de la caída del régimen
de convertibilidad, aunque estas medidas derivan de las políticas
cambiarias y fiscales. Como consecuencia de estos cambios se generaron
algunos beneficios u oportunidades para el sector.
- Aumento de los precios relativos de los productos agropecuarios
- Saneamiento de parte de la deuda del sector
- Sustitución de alimentos importados por producción
local
- Oportunidades de recuperación y expansión del sector
carnes y lácteos
La
Profecía Autocumplida: "100 millones de toneladas de
granos para el 2011"
Los cambios demográficos y económicos mundiales impulsan
a las grandes empresas transnacionales a posicionarse para atender
la creciente demanda de alimentos. Como hay pocos países
con disponibilidad de tierra y agua para abastecer dicha demanda,
están desarrollando e impulsando un fuerte plan de inversiones
en nuestro país.
En los últimos años, las principales empresas exportadoras
de granos y subproductos, que también son proveedoras de
insumos, junto con grandes empresas agropecuarias, vienen promoviendo
como meta para el país la producción de 100 millones
de toneladas de granos para principios de la próxima década.
Para alcanzar este objetivo, estiman que deberán ampliar
la frontera agrícola, principalmente en zonas hoy ocupadas
por la ganadería, o incorporar nuevas tierras, principalmente
en el NEA y en el NOA y, al mismo tiempo, aumentar la productividad,
con mayor incorporación de insumos y tecnología, básicamente
semillas, agroquímicos y fertilizantes.
Para alcanzar esas metas se vienen impulsando distintas iniciativas
para facilitar la ampliación de la frontera agropecuaria,
para contar con los insumos necesarios para el aumento de la productividad
y el desarrollo de la infraestructura física.
Las
Políticas Agrícolas y el Desarrollo Rural
Más
allá de lo puramente sectorial la política agropecuaria
tiene una importancia sustantiva en la política económica
y social del país por las siguientes razones:
· La producción agropecuaria es la base de la alimentación
de nuestra población, y es un elemento estratégico
para la Nación.
· El ámbito rural comprende casi la totalidad del
espacio territorial nacional, por lo tanto, se vincula con su ocupación
y desarrollo en la medida que seamos capaces de promover una producción
social y ambientalmente sustentable.
· La tierra, insumo básico para la producción
del sector, es uno de los escasos patrimonios que no fueron enajenados
y extranjerizados en forma masiva en el proceso de apertura económica
de los ´90, por lo cual se puede constituir en uno de los
elementos básicos para desarrollar un nuevo proceso de acumulación
basado en el capital y en el interés nacional.
· La producción agropecuaria es la principal ventaja
comparativa que tiene el país para alcanzar una mejor inserción
en el mercado mundial y transformarse en dinamizadora del empleo.
Para ello debemos considerar no sólo las industrias y servicios
ligados directamente al proceso productivo, sino además los
procesos de valor agregado que se generan a partir de las cadenas
agroindustriales.
· La producción agropecuaria sigue siendo la principal
fuente de ingreso de divisas que posee el país.
· El vínculo del hombre con la tierra en un país
históricamente agropecuario, conforma uno de los núcleos
principales de la cultura argentina, no sólo en las zonas
rurales sino también en las regiones urbanas que vienen recibiendo
en forma continua migraciones internas.
Lamentablemente, la especialización productiva promovida
por las grandes exportadoras de granos y sus derivados crea poco
empleo y directo e indirecto y genera externalidades ambientales
y sociales negativas sobre las cuales el Estado debiera intervenir
regulando el uso del suelo y el agua, planificando el uso del territorio
y protegiendo a las poblaciones que son expulsadas por el avance
de los cultivos extensivos.
La falta de políticas de desarrollo rural, más allá
de los paliativos que se crearon a través de los programas
sociales agropecuarios, ha provocado el éxodo de la población
rural y la desaparición de cientos de miles de productores
familiares, agravando la pobreza rural y urbana, las desigualdades
sociales y los desequilibrios territoriales y ambientales.
Si queremos modificar esta situación debemos pensar en otro
paradigma productivo que, sin caer en voluntarismos utópicos,
ponga el énfasis en la rentabilidad social, donde el eje
de las políticas agrícolas y agro-industriales se
vinculen principalmente con lo interno, garantizando la seguridad
alimentaría de toda la población, promoviendo producciones
que impulsen el trabajo, el desarrollo local y la reinversión
del excedente en las zonas en que éstas se localizan. Para
ello, el impulso al Desarrollo Rural y la agricultura familiar debe
ser asumido como una parte sustantiva de las políticas macro-económicas
de desarrollo. Hay que reclamar programas a nivel nacional y provincial
que impulsen el desarrollo local y regional, concertados con los
municipios, que incluyan la posibilidad del acceso a la tierra y/o
la regularización dominial de sus ocupantes, estímulos
de orden económico, particularmente para desarrollar las
cadenas agroindustriales que generen más valor agregado y
empleo. Paralelamente hay que crear infraestructura social y económica
para que la vida en las zonas rurales merezca ser vivida y la producción
tenga viabilidad económica. Se debe impulsar también
el asociativismo entre los pequeños y medianos productores
y su integración horizontal y vertical para producir y comercializar
y apoyarlos con programas de extensión rural que incorporen
tecnologías apropiadas a sus factores de producción.
Por el contrario hay que desincentivar la apropiación de
la renta por parte de las grandes empresas que producen extensivamente
si no reinvierten y gastan en la zona donde están produciendo,
al igual que el proceso de extranjerización de nuestros principales
recursos naturales.
La sustentabilidad ambiental de nuestros principales recursos debe
ser un principio básico, para cuidar la salud de nuestra
población y de solidaridad intergeneracional. Para ello,
hay que establecer mecanismos de regulación que incluyan
premios y castigos a las buenas o a las malas práctica agrícolas.
Una producción social y ambientalmente sustentable, junto
a un desarrollo regional equilibrado, deben constituirse en los
principales ejes de una política de desarrollo rural.
La Argentina dispone de suficiente tierra, recursos naturales y
humanos como para que el conjunto de la población rural y
los productores familiares aspiren a una vida digna y hagan un aporte
sustancial al desarrollo del país. Se trata que el Estado
asuma su responsabilidad, apoyando a los sectores más débiles
y no derivando los subsidios a las grandes empresas que no lo necesitan.
Se trata de instalar en la conciencia colectiva y en el sentido
común que el desarrollo rural es posible e imprescindible,
si aspiramos a un desarrollo armónico y a un país
integrado. Queda por delante crear las condiciones organizativas
y políticas que lo hagan posible.
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